Qué difícil es exponer la verdad actualmente


Antonio Flores Galicia.-

Por haber escrito la palabra “verdad” en el título, muchos no leerán mi artículo. Actualmente, verdad es lo que conviene y da dinero; lo demás que se diga, es mentira, maldad, conveniencia, ignorancia del escritor o hablante. Qué bajo hemos caído, no tan sólo por como actuamos, sino porque no se acepta lo que puede ayudar. Yo digo como han dicho en momentos difíciles grandes hombres: “Pero, es”.

El hombre ha arrancado de la naturaleza secretos ocultos desde los tiempos primitivos. El telégrafo, la radio, la televisión, los aviones supersónicos, las computadoras, los celulares, y todo lo ha puesto a los hombres de todas las razas y continentes. Tenemos la posibilidad del uso pacífico de la energía atómica, las fantásticas transformaciones de los campos, medicina, industria y muchas actividades.

Sabemos que las profundidades de los mares tienen reservadas energías ilimitadas y riquezas depositadas allí por el Creador, apenas tocadas por la mano del hombre. Si los científicos fisionan en cadena el átomo por el empleo del “deuterium” (especie de hidrógeno) proveniente del mar, bastarán menos de cuatro toneladas métricas de agua salada para substituir toda la energía contenida en el carbón y en el petróleo de la tierra y el género humano podrá disponer de energía para más de dos mil millones de años. Allí tenemos la urgencia de pensar bien las cosas.

Cuánto tiempo y oportunidades de progreso perdemos por dedicarnos solamente a lamentar problemas y anhelar éxitos. Hasta, me consta, cantidad de personas se lamentan cuando se le hace un bien a una persona: “¿Por qué a él y a mí no?”. Quien despertó sano esta mañana, está mejor que millones de personas que amanecieron enfermas. Cuántos tienen comida en el refri, están vestidos, tienen lugar para vivir y dormir, son más ricos que el 75 por ciento de habitantes de la Tierra, ¿por qué llorar?

Los que tengan dinero en el banco, en su cartera y bolsillo, no olviden que están en la misma Tierra de tantos que sufren. Todos podemos dar algo para el otro. Es un error social el no pensar en el otro e imaginarnos que “cada quien su vida”. Abundan las teorías, hasta de Cristo, para disculparse.

Vamos quitando maldades que tenemos actualmente, al hablar decimos: “Haiga, diferiencia, pior, pecsi, álbitro, chocomil, alevántate, nadien, rejúntalo, confleis, muncho, rempújalo, saludes, hacer del baño, estar guars, compré piczas (pizzas), manita (amiga)”. Cuanto se lee en público, entonces sí aparecen grandes errores. Por decir tantito de nuestro actual lenguaje, nos va mal.

No olvidemos, somos responsables de nuestro destino; somos lo que queremos ser. Por eso urge que seamos perseverantes y diligentes, esto se ocupa para perseverar en la vida. Perseverancia es persistir, mantenerse firmes en una actitud, no cambiar fácilmente de opinión, como “veletas” que el viento mueve fácilmente. Diligencia es el cuidado, esfuerzo y eficacia de nuestra actuación. El diligente es pronto, ágil y actúa con prisa; es fuerte en sus negocios, realiza gestiones necesarias antes de comprometerse a algo, realiza los encargos que recibe de sus superiores; es serio en el desempeño de sus funciones, en la ejecución de sus actos, en sus relaciones con otras personas y cumple cuanto debe.

Allí está nuestro actual problema personal y social. Se desequilibró nuestra personalidad. No hacemos lo que debemos. Pongo este ejemplo: Un caracol y una liebre hicieron un trato para ver quién ganaba una carrera. La meta sería donde terminaba el bosque en el que estaban. El caracol inició su caminar con gentil afrenta; sudaba caminando tenaz y esforzado. En cambio, la liebre, con ilimitada confianza, se acostó en el suelo bajo los rayos esplendorosos del sol, y pensaba: “¿Para qué tantas fatigas y a qué sudar tanto? En dos saltos dejo al pobre caracol, tan atrás, que no me verá la punta de la cola”. Pero, el caracol seguía su lento avanzar, arrastrándose, sudando, trabajando, y, cuando la liebre se dio cuenta que al caracol no le faltaba más que un paso para llegar a la orilla del bosque: “¡Debo correr!”. Dio un salto y otro salto, pero, antes de dar el tercero, el caracol ya estaba en la orilla del bosque.