Presentación del libro La voz del viento. Centenario de José Trinidad Lepe Preciado

Presentación del libro | foto: especial

José T. Lepe Preciado el Juan Rulfo de Colima 

Hace casi 3 décadas, el gran maestro de las letras, la oratoria y la pedagogía colimense Gabriel de la Mora, el historiador, periodista y político Juan Oseguera Velázquez y el que ahora lee ante ustedes, nos dirigimos en peregrinación hacia Tonaya porque nos dijeron que allá había nacido nuestro gran amigo, Lipo Lepe.

Nuestro viaje tuvo como objetivo acudir a un merecido homenaje que su pueblo natal le brindaba por haber puesto muy en alto el nombre de ese terruño enclavado entre dos sierras y famoso por su elixir de maguey, el siempre bien ponderado mezcal.

En aquel tiempo no existían las comodidades de transporte que actualmente se tienen, así que para nosotros el viaje representaba una pequeña odisea en la que habría que vadear a los titanes montañosos volcánicos y trepar por el entresijo de sus faldas, al grado que algunas veces casi parecía que habríamos de besar a las mismísimas nubes.

Todo aquello valió mucho la pena haber vivido. Todavía guardo el momento impresionante de la oratoria del maestro Gabriel de la Mora, cuando se puso de pie para rematar su discurso loatorio levantando también la voz y sentenciar que José Trinidad Lepe Preciado era el Juan Rulfo de Colima.

Tendría yo que poseer memoria de elefante y lengua de acero para narrar a detalle todas la vivencias que tuve oportunidad de compartir con nuestro escritor. Todas esas cotidianidades se han llenado en mis celdillas cerebrales donde nuevas vivencias más próximas a los años actuales ocupan el espacio de mi mente.

Pero en cambio, las sensaciones no desaparecen como los recuerdos. Por ello puedo decir con perfecta seguridad que Lipo Lepe era un tipo con aspecto de galán de cine. Muy alto y de buen porte, que imponía respeto y admiración, en especial por el fino trato que dispensaba, con una cordialidad a flor de piel que terminaba por contagiarse.

Hablar con él implicaba poner en práctica todas las modalidades de la cortesía y echar mano de todo el bagaje cultural que se poseyera, lo sé de cierto porque tuve el gusto de compartir su conversación muchas veces sentados ambos a pierna cruzada en toda clase de temas por demás interesantes.

Cabe mencionar que Lipo Lepe cumplió con creces el dicho: “Escribe un libro, siembra un árbol y ten un hijo”. Escribió muchos libros, tuvo una gran familia, sembró árboles y también sembró esculturas porque, como debe saberse, fue el autor intelectual de la colocación de la escultura a la Madre que ahora puede admirarse en el jardín de Guadalajarita. Una escultura estilizada con la técnica más avanzada de la célebre Escuela Mexicana de Arte de la época y que es referente obligado de las buenas prácticas sobre el espacio público.

Dejó un gran legado como ser humano y como gobernador del Club Rotario supo encauzar sus ideales humanistas ayudando a las personas más necesitadas promoviendo acciones también para atender a los grupos más vulnerables.

En las letras no podría estar ajeno a la más importante organización cultural y periodística como es el caso de la Asociación Colimense de Periodistas y Escritores de la que fue presidente en 2 ocasiones y que en gran parte se debe a él la construcción de la sede de sus instalaciones.

 

El camino a la montaña azul

 Los vientos soplan de la mar a la montaña y de la zona volcánica a la mar; una sola plataforma sin fronteras capaz de inspirar a cuatro  escritores de la región noroccidental de México que conjugan las voces de una realidad rural casi al unísono. Por un lado está un Juan Rulfo alimentado por las imágenes de San Gabriel; Juan José Arreola, por lo vientos de Zapotlán el grande, José T. Lepe Preciado por las sierras de Tonaya y Blanca Calzada por los cerros reverdecidos cada temporada de lluvia en Colima. Ellos son el póker de ases de la literatura regional de este país.

Por su parte, Lepe Preciado entendió que el trabajo enfocado a conseguir mejores condiciones para nuestros semejantes es la máxima aspiración en la vida. Es por ello que de todos los personajes creados por su imaginación su favorito es Camelo, el cual se inmoló para evitar el sufrimiento de los demás.

Por el conjunto de sus labores será recordado a través de milenios. Un ser tan espiritual como él no se perderá en los años, al contrario, su recuerdo se habrá de robustecer con el paso del tiempo y como prueba de ello estamos aquí presentando un libro que conmemora el centenario de su natalicio.

Tengo para mí, que no es casualidad la amistad que surgió entre Lipo Lepe y este servidor, nuestro lazo espiritual fue el periodismo y la cultura, el amor por las letras,  el conocimiento y la búsqueda de la verdad.

Les comparto que este es un concepto liberador. Como dijo Jesús de Nazaret: “La verdad los hará libres”. Pues bien, para encontrar la verdad la clave está en nuestros semejantes. Los periodistas nos dedicamos a eso.

José T. Lepe Preciado, como indica el libro que hoy presentamos, aprendió esta primera lección de la vida mediante la intervención de su abuelita, quien lo inició en el camino espiritual.

Ella lo encaminó en el arte de la contemplación, porque como buena católica que era, le enseñó que en todo sitio se encuentra Dios. Ver un árbol, su sombra, el movimiento tembloroso de sus ramas, las lentas gotas de rocío que lloran las hojas, las nervaduras transparentes iluminadas por los lampos de las nubes, el súbito salto de las ranas, la parvada de libélulas cruzando el río y todos los aspectos que la naturaleza ofrece se resumen, a final de cuentas, en una expresión de la grandeza de Dios.

La constante presencia de las montañas a lo largo de sus obras literarias revela de manera simbólica esta característica particularmente espiritual de José T. Lepe Preciado. Como se sabe, las montañas figuran en gran variedad de culturas alrededor del mundo. Es el sitio donde a través de la zarza ardiente el Dios del antiguo testamento dictó a Moisés las leyes morales básicas universales. Es también el sitio donde se encuentra la puerta de tannhäuser, donde mora la diosa Venus y, en los misterios esotéricos, la montaña es la zona residencial de los castillos de la hermandad blanca que mantiene en equilibrio el universo.

No obstante, Lepe Preciado también señaló en sus obras cierto aspecto negativo relacionado con ellas. La montaña de oro en su obra es un factor de atracción fatal y la montaña azul puede ser un anhelo sin fin al que solo puede llegarse a través de los sueños.

La montaña azul es, pues, un ideal al que se aspira llegar pero muchas veces la realidad se impone frustrando esa búsqueda. Igual que cuando a lo lejos se divisa una montaña azulada y sea antoja alcanzarla, a medida que uno se acerca y sube queriendo en ella acariciar el azul, desaparece y vuelve a aparecer en la lejanía. Por eso alcanzar la cúspide equivale a perseguir un sueño.

 

Lepe Preciado, el escritor jalisciense más colimote

Puede decirse que nuestro escritor colimote más jalisciense, o el escritor jalisciense más colimote, o jaliscolimote, para terminar de abreviar, supo descifrar el código de la naturaleza. Su literatura está llena de imágenes que solo un largo catador de la luz puede desarrollar.

Este aspecto, que los críticos de la literatura acuñan bajo el nombre técnico de “costumbrismo”, consiste en la habilidad de hacer hablar a las piedras para sacar como por arte de magia la foto exacta de un instante pero hecha toda de palabras.

El ramillete de sus  libros son como piedras angulares para el desarrollo del estudio de la lexicografía regional. Escarbando en sus creaciones literarias es posible recolectar vocablos que distinguen la zona centro-norte occidental.

En buena medida el parecido de la prosa de Juan Rulfo y de Lipo Lepe tiene sustento en los modos de hablar de las personas de la región.

Los colimenses, los del sur de Jalisco, los de la región nahua de Michoacán, tenemos ese modo de hablar pausado y sentencioso. Nosotros paladeamos las palabras, alargamos las vocales y construimos frases cortas que hilvanamos como proverbios venidos de tiempos antiquísimos.

Estamos llenos de oraciones que recolectaron nuestros ancestros en la diversidad de la tierra. Palabras que son yermas o frescas, de los llanos o de  las cordilleras de esta parte de la tierra.

Quiero decir con esto que Lepe Preciado reunió en su obra literaria los coloquialismos que fueron transformando al idioma español ibérico en el español mexicano.

Fue un autor que supo reconocer el sentido de una variedad dialectal única, que identificó la fisonomía gramatical y léxica que vuelve especiales y diferencia a los habitantes de la parte noroccidental con los de otras regiones que poseen también sus propios vocablos.

En cuanto a técnicas literarias, los cuentos titulados “El canto de las ranas” y “Las voces sobre el muerto”, ensayan una técnica magistral. Con gran intuición y capacidad de síntesis Lipo Lepe extrae tanto de la poesía coral como de las interacciones teatrales un texto tejido a voces.

En ambos relatos la muerte funciona como el imán que, con intencionada paradoja, aviva el diálogo de un pueblo que así mismo se platica y se responde.

Para las futuras generaciones los libros de Lipo Lepe dejan la posibilidad de asomarse a un modo de vida rural que ya se ha ido al menos en la formas, porque de fondo las problemáticas que plantea su literatura, el aspecto humano de sus personajes, sus emociones, continúan.

Finalmente, agradezco la oportunidad de compartir este momento de celebración con reconocidas figuras de la cultura colimense. Es un honor y un privilegio estar codo a codo con el maestro Víctor Gil, un caballo de mil batallas de la Universidad de Colima, y con el célebre pionero de la radiodifusión Roberto Levy.

Vaya una felicitación también a la excelente decisión editorial de Enrique Ceballos Ramos para imprimir en coedición de su Tierra de Letras y Puerta Abierta este maravilloso libro y al joven poeta Miguel Govea por su impecable trabajo en la selección y compilación de los textos.

Nuestro reconocimiento a su distinguida familia y nuestro agradecimiento a todos ustedes que nos acompañan en esta concelebración y que disfruten este nuevo libro de Lipo Lepe, quien a sus cien años de su nacimiento su riqueza literaria brilla más que nunca.

Muchas gracias