Polos de desarrollo turístico


Ramón González Pérez

Hace algunos años, creo en tiempos de la maestra Griselda Alvarez como gobernadora del estado, se pretendió, tanto en la capital del estado como en los municipios con vocación turística, la creación de “Polos de desarrollo turístico”, que sirvieran de eje para que la economía municipal tuviera ingreso por concepto de divisas que se suponía generarían dichos sitios.

En Colima capital se pensó que los portales del Centro Histórico serían sitios idóneos que atraerían la visita, tanto de turistas locales y nacionales como extranjeros, para lo cual había necesidad de que la iniciativa privada e instancias gubernamentales hicieran cuantiosas inversiones para remodelar los mencionados portales y así hacerlos dignos de las visitas de los turistas señalados.

Sucedió que en el portal Medellín, en donde se encuentra un hotel de renombre, se establecieron sombrillas para el goce y deleite del consumo de café regional, antojitos, aguas frescas y alimentos frutales, lo que de entrada dio empleo a buen número de trabajadores, además de que logró uno de los objetivos trazados, pues es común que noche a noche se observe un lleno de las mesas instaladas, tanto por el hotel de marras como por otros negocios similares, lo que sirve de atractivo para los turistas que, llegados a Manzanillo, las empresas turísticas incluyen recorridos por la capital del estado y sitios que se deben visitar.

Lo que no sucedió en el portal de enfrente y el otro, pues lejos de mejorar el servicio, se instalaron restaurantes que nada han hecho por mejorar la imagen, al contrario, parecen sitios de algún pueblo del vecino estado de Michoacán, sin limpieza ni atractivos, que por el contrario, tienen servicios sanitarios peor que los de cualquier central camionera de pueblo, sucios, malolientes y casi sin servicio de agua, lo que da al traste con el propósito de que sean polos de desarrollo.

En el Medellín ya empiezan a no cantar tan mal las rancheras, pues hace algunos días, un asiduo asistente al café y a jugar ajedrez, notó que en una mesa cercana a la que él ocupaba, había papeles en el suelo y otra clase de basuras, por lo que llamó a un mesero, el que se hizo el disimulado y cuando se le ocurrió decírselo a la cajera, ésta nada más frunció el ceño y gritó el nombre del capitán de meseros, que le cuestionó al cliente qué se le ofrecía y al señalarle lo sucio del lugar, sólo se concretó a aceptarlos, sin hacer nada para solucionarlo.

Esto demuestra que los empresarios sólo cubren la imagen y contratan a empleados sin vocación de servicio ni capacidad para tomar decisiones que mejoren la imagen y que en última instancia, carecen de preparación para laborar en un supuesto “Polo de desarrollo turístico”.

Si a todo ello le agregamos el hecho de que, desde el Jardín Núñez, por toda la avenida Madero hasta el Jardín de la Libertad, pululan limosneros de toda clase, desde minusválidos, ancianos desamparados y uno que otro vival que dan al traste con la imagen que se pretende dar del Centro Histórico, sin que haya autoridad alguna, entiéndase DIF Estatal o Municipal, que haga algo por resolver esta problemática de por sí vergonzosa para una ciudad capital.

Los asiduos concurrentes al centro los tienen identificados y cuál es la forma en que demandan la ayuda económica, pues uno al que denominan “El Changoleón”, que todo indica que está bien de sus facultades mentales, pero su aspecto greñudo, sucio y desaliñado lo hacen aparecer realmente como el mote que le adjudicaron; una señora que está recargada en la pared nada más con la mano estirada, pero cuando aparece el diputado local por ese distrito se alegra, sabedora que le dará una buena limosna, otro señor que se pasa el día en la esquina de Catedral y a la hora dormir cruza la Madero para acomodarse en la pared de la prestigiada Casa Ceballos, donde deja un nada agradable olor a orines; otra dama demente que a la voz de “centavitos” recorre el portal, con la desagradable costumbre que en donde los esfínteres le avisan que debe desalojar, sin pudor alguno se sube el jolotón que diario trae y sin más le suelta, así sea del uno o del dos, sin importarle el sitio en el que lo hace.

Recientemente hizo su aparición una jovencita medio vestida, morena, que sin decir nada más pide un peso; así podría seguir citando a tanto pordiosero que deambula por el centro de la capital sin que haya quién se preocupe por recogerlos y evitar el espectáculo nada agradable que le dan a nuestra hermosa ciudad capital.

Es cuanto.