Piel con sabor a sal


Cuquita de Anda.-

Segunda parte

 

Un día llegó al hotel de Ernesto un gran pintor famoso en Europa y admiró la pintura de Alejandra, le propuso una exposición en Francia, a lo que Ale le contestó: No puedo, Ernesto, no puedo dejar de ir a la palma, que tal si llega Pierre. Ernesto se sintió pequeño a pesar de tener una magnifica estatura, comprendió que Ale nunca sería suya en amores, que sólo aspiraría a su amistad, ella continuaba enamorada de Pierre.

Una tarde en que Ernesto no llegaba todavía, y que llovía suavemente, una totalmente ligera, cual parecía que el cielo también llorara, Alejandra se encontró en la misma palma mirando el mar, suspirando en el infinito, de golpe soltó la pañoleta, que sostenía su mano, se quedó estática, sin decir palabra, frente a ella estaba el amor de su vida, le sonreía levemente con cierto recato, a lo cual Alejandra contestó en la misma forma, se alejó como llegó, Alejandra estaba totalmente desconcertada, qué pasaba, ¡Dios mío! Cuantos años tenia que no miraba a Pierre, ¿15? ¿10?

Se dice fácil, pero para Ale aquello era toda una eternidad, lentamente emprendió el regreso parecía que los pies cargarán cemento, los arrastraba lento muy lento, la imagen de Pierre la tenía grabada, y se decía a ella misma que la edad le había hecho el favor, las canas se le veían como rayos de luna robados, en la noche, luz de plata en las sienes del amado, realmente estaba más guapo que 15 años antes, las canas le dan ese aire de experiencia de los años vividos, esa madurez que tanto gusta a las mujeres, sobre todo a Alejandra.

Se recostó en las afueras de la casa, en el porche en una mecedora, con la mente en el amado, poco a poco se quedo dormida, confundida en el sueño con la realidad, al despertar por los besos del pulgoso de su perro, se dio cuenta que no había soñado, que era real.

¿Qué pasó? Por qué razón Pierre fue tan lacónico, se bañó, se vistió lo que consideraba le quedaba mejor y corriendo llegó a su palmera, donde le había dicho adiós al amor de su vida 15 años antes.

Volteaba a cada momento, la esperanza de volver a verlo no le cabía en el pecho, el sudor de su cuerpo se confundía con el agua, del reciente baño, sabía que no podía olvidarla tan fácil, es más, se preguntó cómo fue posible que no recordara sus ardientes besos, la comunión de cuerpos, los proyectos para la boda, las cosas compradas, los planes hechos, en la víspera de la ceremonia, Pierre tuvo un accidente de trabajo y lo conveniente era el traslado de puerto, al principio, pensó se marchaba de ella. Le entregó todos los ahorros que tenían para la boda, importaba él. El amor podía esperar.

Jamás volvió a saber de él, Alejandra no volvió a querer a nadie más, su belleza hizo que varios hombres se acercaran a ella con la esperanza, de poder conquistarla, pero para Ale sólo existía un hombre: Pierre. Pasaron los años, tiempo que no puedes detener, tiempo suave amortiguador de penas, el tiempo cruel que veces te vuelve fea, vieja, ¡claro! Este no era el caso de Alejandra, que se conserva guapa e inteligente, pero sobre todo fiel.

Volvió a la palma del amor, donde todas las tardes se reunían; Pierre y Ale levantaba levemente la cabeza y quedaba sin respiración. Viene al sitio de su amor con los brazos en cruz, abiertos como su corazón; Alejandra no lo pensó dos veces, corre tan fuerte que en un instante queda prisionera en los brazos de su amado, levanta la cabeza; Pierre, con sus besos, secó las lágrimas de su rostro, Alejandra hizo el intento de hablar, pero le fueron sellados sus labios con un apasionado beso, beso por 15 años de separación, quedaron fundidos en un largo abrazo; cayó la noche, las estrellas parecían cómplices del encuentro, la luna sonreía, contenta, a ella le gustaba el amor, pasó la noche y Ale y Pierre estaban fundidos en un solo ser, tenía el amor en los poros. No hablaron lo pasado, el presente es el que importa.