Pedro Páramo, fue un hombre real


Entrevista de Carlos Valdez Ramírez.-

Juan Rulfo perteneció a una familia de hacendados; los Rulfo fueron dueños de las haciendas de Tapalpa y sus cercanías. El escritor universal a pesar de haber nacido en San Gabriel, pasó gran parte de su vida en la Hacienda de la Media Luna, a 18 kilómetros del poblado de Tapalpa.

La hacienda se distinguía, porque al entrar estaba una piedra en forma de media luna, ahora los habitantes de esa comunidad, llamada Lagunilla, la quitaron para colocarla a la entrada de la capilla.

Aunque los municipios de Sayula y San Gabriel, Jalisco se habían disputado el nacimiento del escritor, en sus respectivas localidades, su origen fue revelado por uno de sus hijos, de nombre Juan Carlos Rulfo, quien refirió que su padre había nacido en Apulco, localidad de San Gabriel, con esta declaración, se derrumbaron las teorías vertidas sobre su origen.

Relata Jesús Ruiz Morales, cronista de la ciudad de Tapalpa, que en ese lugar vivía una viejecita de nombre “Chayito”, que conoció a Juan Rulfo en sus años mozos y se refería a él como una persona que todas las noches escribía, tomaba, fumaba y en el día dormía. El escritor nunca salió de la hacienda –destacó-, todo lo que escribía lo hacía de oído, porque lo que plasmaba en el papel era lo que escuchaba que hablaban los carretoneros, que provenían de todas las haciendas de la región.

Aclaró que cuando la Hacienda de la Media Luna se encontraba en pleno auge, era la más grande de la región en cuanto extensión e importancia, dice Chayito que llegó a contar más de 400 carretas tiradas por bueyes, que provenían de las demás haciendas y todo el grano que traían que era de calabaza, frijol, trigo y maíz, era almacenado en sus trojes.

“Chayito”, tenía 104 años de edad, no sabía leer ni escribir, pero era una biblioteca andando. Platicaba de Juan Rulfo. Relata el cronista que se le ocurrió preguntarle cómo era el amo y señor, dueño de esta hacienda, Don Pedro Páramo, ella se enojó mucho y le respondió: “No me quiero ni acordar de ese hombre y no se llamaba Pedro Páramo, era una persona muy mala, mi papá se llamaba Benjamín, era de los de confianza aquí en la hacienda, el amo le dijo un día: Benjamín ve a decirle a Macario que su hija próxima a casarse, tiene que venir a la hacienda para enseñarle los dotes del matrimonio¨ y mi papá le dijo: discúlpeme mi señor, deje que vivan su matrimonio los muchachos, ellos ya tienen su jacal en la cañada. Pero el hacendado le contestó, ´no retobes, ve y dale mi recado”.

Agregó que cuando Juan Rulfo hizo la novela de Pedro Páramo utilizó nombres ficticios, pero los hechos que relata fueron reales, porque los había escuchado de los carretoneros que llegaban a la Hacienda. Dijo que cada 3 meses, los hombres de confianza  eran puestos en pleno rayo del sol y con puro taparrabo para limpiar las monedas de oro y plata que circulaban en la región, actividad que se hacía porque ahí había una tienda de raya.

Visiblemente emocionado, Ruiz Morales destacó que esas tierras no sólo fueron la fuente de inspiración de Pedro Páramo, también allí surgió la famosa canción de El Barzón, de una tienda de raya ubicada en la Hacienda Rincón; al igual que famosos sones y canciones como el Camino Real de Colima.

“Nosotros somos parte del Camino Real de Colima, a la hacienda llegaba el grano que los arrieros de ese lugar traían, bajaban hasta el Salto del Nogal, ahí estaban los molinos que aprovechaban las turbulencias del agua para moler el grano, los arrieros esperaban la molienda para luego llevársela, nosotros los entroncábamos en Sayula, eso lo aprendí de mi abuelo”; destacó el cronista.

Recordó que doña Chayito, quien tenía gran lucidez a pesar de su edad, le comentó que sones como El Carretero, se escribieron en estos caminos que conducían a la Hacienda de la Media Luna, ella gustaba de escuchar anécdotas de la revolución, de cómo eran los patrones y la gran influencia que la hacienda tenía con todos esos señores que eran españoles.

Continuó relatando que una vez que la hacienda perdió su importancia, Juan Rulfo se trasladó a la ciudad de México, su permanencia en el lugar obedecía a que el tío del escritor era el dueño de la Hacienda Gálvez, al igual que la fábrica de papel, que era de otro español llamado David Pérez Rulfo; pero el novelista, aunque era nacido en tierras jaliscienses pertenecía a la dinastía española.

Juan Rulfo nunca trabajó, se dedicaba a escribir, era su pasión –reveló-, “tengo entendido que mencionaba mucho a un pueblo llamado Comala, porque era lo que escuchaba de los carretoneros que venían de recorrer ese lugar, sus relatos despertaron mi curiosidad y hace como 10 años fui a conocer el pueblo, porque me interesaba saber qué influencia tenía Juan Rulfo allí y pude ver que realmente no tenía nada, solo vi una escultura en el jardín comalteco, donde está sentado y un niño escucha la lectura de sus novelas, pero no existe nada más”; dijo para cerrar su comentario sobre la historia de Juan Rulfo, de quien se refirió como un hombre que dio a conocer historias que jamás vivió.

Antes de ser cronista y director de la Casa de la Cultura de Tapalpa, Jesús Ruiz Morales fue guía de turistas, un sacerdote lo preparó para eso, lo llevó a una biblioteca para que aprendiera de historia, cultura, leyendas y todo lo que existe en Tapalpa, “el sacerdote me dijo que por último tendría que leer un novela, me dio ´El Llano en Llamas´, y yo le respondí, a mi no me gusta leer, pero me insistió, después me dio ´Murmullos de Pedro Páramo´, ´Mataron a la Perra, pero quedaron los chuchitos´ y ´Nuestra Señora de Talpa´, fue así como nació mi gusto por la lectura”; destacó.

Para finalizar, Ruiz Morales refirió “yo quiero vivir y morir en mi pueblo, me gusta viajar, organizo excursiones a diferentes partes de México, también he conocido otros países como Estados Unidos, Perú, Cuba y otros de Centroamérica, porque me gusta conocer lugares distintos, pero no cambiaría a mi pueblo por nada”. Concluyó.