Palmeras, regeneración y Platón


Blanca Calzada

 

En una de esas tardes lluviosas que invitan a leer, busqué en el librero algo que acompañara al tintineo de las gotas que golpean rítmicamente las tejas que reposan sobre el techo de duela y vigas de madera. Después de mi elección y de ponerme cómoda en un sofá mullido, deslizo de vez en cuando la mirada al jardín, que se siente mimado al ser abrazado por las hojas y los suaves sonidos que las palmeras coco plumosa le brindan en este día, en que Tláloc quiso derramar sus demasías y de paso refrescar la canícula de verano.

Me distraigo con el vaivén de las hojas de las palmeras, que en complicidad con el viento danzan con delicadeza bajo la lluvia, como queriendo alcanzar y tocar el cielo para saber el escondite de los dioses. Y lo hacen sin miedo a ser derribadas, porque su belleza las motiva a sentirse también divinas.

Traté de concentrarme en la lectura y olvidarme del jardín y su coreografía. El libro elegido es una obra que fue escrita hace más de 2 mil años… 380 a C. El autor es conocido por su apodo y no por su nombre. Ya desde entonces los apodos de las personas han “pesado” más que el propio nombre. Su maestro de gimnasia, inspirado por sus espaldas anchas lo “bautizó” como Platón, pero su nombre real es Aristocles, su maestro fue Sócrates y su discípulo Aristóteles. ¡La crema y nata de la sabiduría! ¿Por qué tanto conocimiento en tan pocas personas?… ¡y todos griegos!… ¿Sería porque fueron “tocados por la cercanía” con los dioses del Olimpo? o… ¿porque la desigualdad también se da en la repartición del intelecto?

“La República”, obra de Platón, es según los críticos, uno de los principales tratados de moral y política. La tarde lluviosa de Guadalajara no me alcanzó para leer las casi 400 páginas de este diálogo entre Sócrates y otros personajes, como algunos discípulos y parientes del propio filósofo.

Esta relatoría viene a cuento por las declaraciones del nuevo presidente nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza, quien a través de un sorpresivo mensaje a sus compañeros de partido les propone que con su conducta construyan un país honesto y justo. El nuevo dirigente está retomando lo que hace más de dos mil años el filósofo Platón consideraba a través de su obra “La República”, la construcción de una comunidad basada en la regeneración de la sociedad, enseñando a los hombres a vivir sin cometer injusticias, o lo menos de injusticia posible. Para los griegos no había división entre política y moral, sino que necesariamente tenían que estar unidas.

Si efectivamente en un acto de “contrición”, decide seguir esta teoría moral de conductas éticas que ayudarán a equilibrar y a armonizar a una sociedad dañada por la corrupción y la impunidad, entonces se podrá decir que… la utopía está muy cerca de fusionarse con lo real, y que “lo imposible es posible” cuando se busca con sabiduría y con una visión universal.

En “La República”, Sócrates le dice a uno de sus discípulos: La virtud no tiene dueño, sigue a quien la honra, y huye de quien la desdeña. Cada cual es responsable de su elección.

Retomo la lectura de Platón en la ciudad de Colima, donde Tláloc, sin dar ninguna explicación, no se sincera y amaga con escasas lluvias, sólo para que no olvidemos que estamos en el “temporal de lluvias”. Por alguna extraña razón las palmeras me siguen atrayendo irremediablemente.