Outdoor Adventures


Alex Casarrubias García.-

He tenido la fortuna de estar en muchos campamentos de pesca y caza. A mediados de la década de los 80, con formidables amigos inicié la práctica de pesca de lobinas. Integrado el grupo de amigos pescadores, en una ocasión fuimos a pescar a Boca de Pascuales (Colima) con miras a lograr robalos. En esa oportunidad, desempolvamos los viejos curricanes MirrOLure que guardaba mi padre, más como recuerdo de una época en la que pescaba con sus grandes amigos en la costa de Jalisco, precisamente buscando robalos.

La camaradería del Sr. Marín, en su ramada en Boca de Pascuales nos hizo coincidir con otros pescadores deportivos amigos de mi padre que con gusto nos compartían algunas técnicas sobre nudos, curricanes, líneas y lanzado, tomando en consideración que los de su generación pescan con carrete de mano o “yoyo” y de forma por demás disimulada pero con sus características sonrisas, se reservaban comentarios sobre la efectividad de nuestras cañas y carretes.

En otra oportunidad, en La Ticla, Michoacán coincidimos con otro grupo de amigos de mi padre que ya acampaban en la playa y que al vernos inmediatamente nos invitaron a integrarnos a su campamento. Poco antes del amanecer, tomé mi caña y uno de los guerreros MirrOLure clase 65M-11, blanco con cabeza roja y por cierto, muy mordido por los peces. Para mi sorpresa, al primer lanzamiento se pegó un bonito robalo y en cuanto “los viejos” vieron con que curricán lo pegué, corrieron la voz y para ser honesto me causó sorpresa cuando uno de ellos regresó rápidamente con varios curricanes iguales al que estaba usando, para repartirlos entre los amigos y al poco rato, ellos ya estaban pescando, pero para mí se acabó la suerte en toda la mañana, por más que insistí. Bueno, es el precio de la camaradería y sé que si hubiera sido a la inversa, me hubieran avisado que era tiempo de cambiar curricán.

Por su parte, los campamentos de caza han sido por lo regular en terrenos de amigos que ahora tienen el respaldo de una UMA. Los cazadores del norte del país están mejor organizados en este sentido. Con gran satisfacción puedo comentar que en el Club Reno de Mazatlán, en terrenos que son pequeña propiedad de algunos socios y que inician precisamente a un costado del polígono de tiro, en el municipio de Concordia, Sinaloa, se gestionan los cintillos bajo la autorización de una UMA para la caza legal.

Compartir campamento en terrenos de caza con mis compañeros, es motivo de fiesta. Haya o no haya éxito en la caza, la convivencia es formidable y simplemente estar compartiendo bromas y esperanzas para la actividad durante la mañana, es algo que difícilmente mis palabras pueden describir.

En pláticas con mi padre y maestro de vida –incluidas la pesca y la caza- siendo muy joven le pregunté quien a su juicio es mentiroso si el cazador o el pescador. Su respuesta fue directa y sin vacilación: “Los políticos son los mentirosos, porque los cazadores y los pescadores somos honorables”.

Posiblemente, bajo algunas circunstancias, pescadores y cazadores exageramos la narrativa, pero definitivamente, somos personas honorables y nos guiamos por vínculos de fraternidad y por tanto, con agrado nos solidarizamos en momentos complicados durante la práctica de estos deportes de aventura y ante la vida misma.

¿Pesca o caza? En mi modesta opinión, son maravilloso complemento, más cuando por ética se respeta la veda cinegética, siendo la pesca una formidable actividad, porque coincidiremos en que la montaña, el mar y el lago junto con la fauna, son parte de nuestros recursos naturales que habrá de preservar pensando en futuras generaciones.

 

*Socio del Club Cinegético del Sector Popular (Puerto Vallarta) y del Club Cinegético Reno (Mazatlán).