Outdoor Adventures


Alex Casarrubias García*

PESCA CON CHALIO

ERA mayo de 2008 cuando acepté la invitación para ir a pescar, que muy amablemente me hicieron Oscar Juárez y Caros Lizárraga, de la Asociación de Guías de Turistas de Mazatlán.

Luis Maciel, también guía de turistas y excelente compañero de caza y tiro, pasó por mí como a las 5:30 horas toda vez que del compromiso para estar en los muelles de Marina Mazatlán, a más tardar a las 6:00.

Llegamos muy puntuales y nos encontramos con otros dos guías de turistas: Jorge Tiznado Peraza “El Borrego” y Alberto Noriega “El Pistolas”. La salida de pesca sería en una lancha cuyo patrón es un personaje en la Marina Mazatlán, conocido como Chalío.

La embarcación muy bien equipada con vivero, consola central, potente motor fuera de borda (con motor auxiliar), muchas cañas de pescar y los infaltables chalecos salvadidas.

Fuera de temporada de caza, la pesca resulta excelente complemento para disfrutar de la naturaleza. Serían cuando mucho las 6:15 horas cuando estábamos pasando por el canal de ingreso a Marina Mazatlán y tan sólo pasando escolleras, se sintió la fuerza del Mar con olas que nos hicieron permanecer en nuestros lugares.

“Chalío” llevaba todo un magnífico plan de pesca. En cuanto pasamos la marejada de la entrada a la Marina Mazatlán, el auxiliar de “Chalío” ya tenía preparadas tres cañas con “lures” mientras que “Chalío” al mando de la embarcación se enfilaba a muy buena velocidad rumbo a un bajo, muy frecuentado por pescadores de la región. En ese bajo, en la segunda vuelta, “Chalío” ordenó que quitáramos las cañas con lures y que en su lugar, soltáramos dos cañas con anzuelo y gamba de barrilete, que ya estaban preparadas.

“El Pistolas” se aprontó para tomar una caña ligera con carrete Penn. Escogí, igualmente otra caña y carrete pequeño, también Penn. Primero pescó “El Pistolas”, un dorado como de unos 4.5 kilos que le dio buena batalla. Mis amigos, acostumbrados a verme en la oficina o que sólo platicaba de caza, como que no creían que sabía pescar, pero lo que de niño bien se aprende, nunca se olvida y aún están esas lecciones de pesca en mi natal Manzanillo.

En cuanto le puse la “chicharra” al Penn, un pez empezó a llevarse la carnada, sacando línea. Deje tiempo prudente (aquí es cuando se tiene la sensibilidad para enganchar: si se adelanta uno, se pierde el pez porque le quitas el señuelo y si te tardas, el pez puede sentir el anzuelo y devolver el señuelo) y entonces le quité el “clip” para que entrara en acción el carrete y levanté la caña para enganchar el anzuelo. Empezó una pelea muy emocionante y a los minutos tenía un dorado como de unos 4 kilos, mismo que al igual al que sacó “El Pistolas”, “Chalío” ordenó que lo regresáramos al mar. Con sumo cuidado, el auxiliar de “Chalío” se mojó las manos y procedió a maniobrar el pescado para extraer el pequeño anzuelo. Ese fue el inicio.

Pero como donde hay chicos hay grandes, le pedimos a “Chalío” que diéramos otras vueltas al bajo, en busca de un picudo, por lo que se volvió a las cañas especiales con carnada de “ojotones”. No hubo suerte con los picudos.

Con los “ojotones” de carnada, nos fuimos hacia un sitio que “Chalío” mantiene como sagrado para la pesca. Aún recuerdo cuando con GPS en mano ubicó el sitio donde tirar el grampín, pero antes de ello, el auxiliar de “Chalío” procedió a arrojar al Mar una gran cantidad de cabezas de camarón. Debo decir que cuando abordé la embarcación me llamó la atención una hielera grande que abrieron hasta llegar al sitio de pesca. Estaba repleta de cabeza de camarón, que “Chalío” consigue en las congeladoras-empacadoras de Mazatlán.

Me apresté a tomar una caña Silstar, pero “Chalío” me sugirió que tomara una que ya tenía preparada. Era una caña marca G-Loomis con carrete Shimano. De momento pensé que me estaba exagerando las prestaciones de la caña, pero muy pronto comprobé que tenía razón, porque como a los cinco minutos de estar pescando, el equipo entró en acción y cuando tenía el pez cerca de la lancha, la caña prácticamente formó una “U” invertida clavándose en el agua. Excelente acción y a los pocos minutos tenía en la embarcación una preciosa “palometa” que en nuestra opinión rondaba los 9 kilos.

Todos pescamos, menos “Chalío” que se mantenía al mando en su puesto frente a la consola de control, con la vista en el “fishfinder” y de vez en cuando nos decía a cuanta profundidad estaba el cardumen.

Dos puntos muy importantes: Al llegar al sitio, “Chalío” revisó detenidamente la cantidad de peces y entonces nos dijo que pescaríamos  durante una hora. De igual forma, pescado que subíamos a la lancha, “Chalío” lo revisaba y dictaminaba si se quedaba o se regresaba al mar. A la hora exacta, la orden fue clara y tajante para levantar cañas. Antes de dejar el sitio de pesca, el auxiliar de “Chalío” arrojó al mar una gran cantidad de cabeza de camarón.

Fue una buena pesca y al final conservamos unos pescados para el consumo en la familia, pero en la memoria está la grata experiencia de la pesca en Mazatlán, con inolvidable amigos y un excelente pescador que nos compartió unos sitios que celosamente mantiene.

*casarrubias.alex@gmail.com Socio del Club Cinegético Reno (Mazatlán). Socio del Club Cinegético del Sector Popular (Puerto Vallarta).