Niños Héroes murieron en una batalla-ritual


Entrevista de Carlos Valdez Ramírez

“La forma en que nos han enseñado la historia de México no siempre mencionan aspectos fundamentales de carácter sacro que han marcado nuestra identidad nacional e incrementado la espiritualidad mexicana”, expresó el reconocido historiador guerrerense Antonio Velasco Piña, autor de 15 obras literarias transformadoras de la visión de muchos amantes del estudio del pasado de nuestro país.

El fundador de la corriente ideológica “La Nueva Mexicanidad” (basada en la religión Azteca), explicó que fueron 800 mexicanos los que con valentía y honor, defendieron la construcción palaciega de Chapultepec el lunes 13 de septiembre de 1847. Las posibilidades de ganar ante el ventajoso enemigo eran nulas: Cerca de 13 mil soldados norteamericanos atacaban el castillo. ¿Qué impulsó a que los Niños Héroes se sacrificaran con ese fervor patriótico y convicción mexicanista? “La naturaleza espiritual del verdadero sentido de su ser: Guerreros Sagrados”.

Aseguró que para poder entender esto, se necesita recuperar el arquetipo de lo que significa este término. “Al Guerrero Sagrado no le importa ganar físicamente alguna batalla; le interesa entregar su vida en lo que para ellos fue una batalla-ritual, con el único y especial objetivo de transmitir un mensaje al inconsciente colectivo del pueblo mexicano, y así dejar una lección que perdurase en el corazón de la nación”. Así la aparente derrota fue en realidad una victoria idealista, donde lucharon para defender a la Patria aún a costa de la propia vida, sentenció Antonio Velasco.

“¡La conciencia de México estaba totalmente dormida! En esa época muy pocos se animaban a participar en la defensa de la nación. Fue la muerte de estos niños en honor a su Patria la que logró resurgir la vergüenza colectiva”.

Francisco Márquez de 13 años, apodado “El Bebé” por sus compañeros colegiales, en cuanto inició la batalla armado de gran valor bajó a la base del Castillo de Chapultepec para enfrentar sólo a los norteamericanos. “Cuando el último de los cadetes se envolvió en la bandera y se arrojó, culminó el ritual con el que fortalecieron la identidad nacional, ejemplificando cada Niño Héroe una maravillosa virtud”.

 

PERVERSA

CAMPAÑA DE

DESPRESTIGIO

 “Hace algunos años, grupos enfermos de poder, controladores de la economía mundial, emprendieron una campaña de desprestigio en contra de los Niños Héroes a fin de engañar al pueblo mexicano y  desvincularlo de uno de sus grandes recuerdos históricos, dejándolo sin identidad y manipulable a fin de explotar los recursos naturales en su provecho, como el petróleo”, expresó el autor.

En especial los Niños Héroes tienen un profundo significado para los connacionales, modelo de heroísmo con el que más fácilmente nos identificamos. La primer figura en materia de ídolos que nos enseñan en la infancia, son estos cadetes mexicanos. “Un niño que entra a primaria y le hablan de los héroes de la independencia, dice: “bueno, pero si eran unos viejitos”; pero cuando se le da a conocer sobre estos pequeños personajes, inmediatamente siente que sí están a su alcance y él quiere ser niño héroe”.

NOS SALVARON DE

DICTADURAS MILITARES

Los mexicanos no estamos conscientes de que el modelo de los Niños Héroes nos salvó de la dictadura militar, aseguró el escritor. En la década de los 70’s, los Estados Unidos de América determinó que para evitar el comunismo en América Latina, era indispensable que todas las naciones se convirtieran en dictaduras militares. Chile y Uruguay, países muchísimo más democráticos que México, vivieron esa transformación. Aquí no la hubo porque no se puede tener una autocracia militar si los militares no la quieren instituir.

La herencia de estos cadetes al Heroico Colegio Militar es mayúscula, siendo su lema “por el honor de México”. Si fuéramos a sus instalaciones a cualquier hora de la madrugada, en la sala de banderas encontraríamos un grupo de militares haciendo guardia a nuestro emblema nacional, donde están grabados los nombres de cada joven cadete caído en el Cerro del Chapulín, aquel septiembre trágico de 1847.

Otro gran ejemplo del sello que los Niños Héroes dejaron en el Colegio Militar fue la muestra de lealtad que el Gral. Felipe Angeles director del HCM, expresó al presidente Madero, cuando fue informado de que tropas enemigas se dirigían a Palacio Nacional para dar un golpe de estado, “hay una institución en la que usted puede confiar señor presidente, pues nunca le dará traición: el Colegio Militar”.

“No es ninguna coincidencia que el mejor estratega que tiene México en la actualidad sea el sobrino-nieto de ese militar; el Gral. Tomás Angeles quien recientemente elaboró un plan para combatir la delincuencia organizada a nivel nacional y quiso presentar a los tres candidatos iniciando con Peña Nieto. Desgraciadamente a los días, lo encarcelaron acusado de vínculos con el narcotráfico, lo que causó gran disgusto a los militares, quienes presionaron a la procuradora para que lo liberaran. Aun así, está incomunicado con sus abogados porque se dice que las cúpulas de poder le tienen pánico a ese plan estratégico de combate”. Muy convencido, Antonio Velasco afirmó haber tenido el honor de conocer este plan, que forma parte de este libro que presentó: “El retorno de las águilas y los jaguares””.

LA VIRGEN DE GUADALUPE:

ESPIRITUALIDAD MEXICANA

El misticismo y la historia, han sido los ingredientes de una singular mezcla equilibrada que Velasco Piña ha manejado con mucho talento a lo largo de su vida literaria. Entre las obras que más destacan, se encuentran “El círculo negro”, “El retorno de lo sagrado” y “Regina: 2 de octubre no se olvida”. Desde los títulos es apreciable una marcada tendencia hacia aspectos metafísicos y divinos, lo que le ha permitido descubrir detalles del desarrollo de la espiritualidad mexicana.

“En 1810, no sólo se vivió una guerra de independencia, pues esa fecha marcó una importante evolución del poder sagrado que tiene el espíritu nacional”. Siendo Hidalgo y Morelos sacerdotes, su visión religiosa les otorgó una ventaja social increíble: el estandarte de la Virgen de Guadalupe, símbolo que unificó a todos los habitantes de la Nueva España. “Creció un sentimiento de unidad nacional. La gente no se sentía novohispana; se sentían criollos, mestizos, indígenas, negros o españoles”.