Mujeres por Manzanillo


Ma. Esther H. de Razo.-

¡Hola, amiguitas!

Hoy sólo quiero relatar lo grande y excepcional que como ser humano era el Lic. Humberto Silva Ochoa.

Me siento obligada por el aprecio y respeto que durante muchos años nos profesamos. Pude considerarlo mi amigo porque en muchas ocasiones él así me lo hizo saber, además de asegurarme que en lo que me pudiera auxiliar con gusto lo haría.

Fue por eso que cuando tuve la idea de fundar “20 mujeres y 1 hombre”, aquí en Manzanillo, le pedí su consejo, ya que en base a su gran experiencia, que era enorme, sobre todo en la política, sabía que era la persona indicada para sugerirme con quien el creía que pudiera funcionar; fue él mismo quien me hizo saber que de acuerdo a mi perfil y mi proyecto de que fuese un grupo plural, era muy probable que la contadora Martha Sosa fuese la indicada. Lo hice como él dijo, busqué a la contadora, le externé mi idea y sin ningún titubeo aceptó.

Todo nuestro trabajo, con la ayuda de 18 mujeres más, de todos los colores y diferentes ideologías, inteligentísimas y brillantes profesionistas; logramos un éxito rotundo con un experimento político que jamás se ha vuelto a repetir.

Fue la ayuda y el ímpetu del Lic. Silva lo que me hicieron que yo misma me creyera capaz de tal encomienda, ya que en esos tiempos las mujeres no nos atrevíamos a tomar riesgos que nos significaran salir de nuestras zonas de confort.

Segura estoy también de que fueron sus consejos e ideas fundamentales para el éxito que en política ha obtenido Martha Sosa. Para nadie y mucho menos para mí, es un secreto que él la apreciaba mucho debido a que la contadora, al igual que yo, teníamos el apoyo y la recomendación de quien era su brazo derecho aquí en Manzanillo, nuestro siempre bien ponderado amigo Raúl Suazo, ya que nos conocía, a cada una en su época, desde niñas y, además, vecinos del mismo barrio.

Fue Zenaydita, la abuelita de Martha, quien nos preparó a Pedrito Figueroa Fuentes, a mi hermano Luis Arturo y a mí para hacer nuestra primera comunión. Don Pedro era casi un bebé, mi hermano dos años mayor que él y yo tres; nuestros, Padrinos Aquileo Díaz Virgen y “La Güera”, que era su novia y después su esposa. ¡Tiempos aquéllos!

Cuando el Lic. Humberto, a petición de muchas personas del estado, le solicitaron que considerara lanzarse para competir en la elección interna para candidato a gobernador, Horacio Archundia le organizó una reunión con personas de todos los estratos del puerto, mujeres y jóvenes éramos la mayoría, fue en un hotel de la Audiencia.

Recuerdo que junto al Lic. Silva estaba Martha Sosa, como era de los presentes el personaje de más importancia, yo comenté que estar ahí, acompañando a quien sería el candidato del PRI, de alguna manera retribuía el favor porque ella había llegado a ser presidenta municipal con el voto de muchos priístas.

Alguno de los presentes me hizo saber que yo estaba equivocada, que ella había triunfado con el voto de los panistas; refuté tal afirmación porque en esos tiempos, antes de su elección, el sólo voto de los panistas jamás la hubiese hecho ganar, eran muy pocos. Fue durante su gestión que la membrecía aumentó. Hizo un buen trabajo.

Como quiera, el Lic. Silva se comprometió conmigo que de lograr sus objetivos, su apoyo para las mujeres sería memorable. Fue así como llegué a ser nombrada coordinadora de su precampaña junto con Héctor Pineda Lugo, Pedro Figueroa Fuentes, Pedro Estrada Cárdenas y algunos otros a los que él mucho apreciaba.

Desafortunadamente, fue el propio “fuego amigo” el que nos derrotó. Fue una lástima. Pocos tan conscientes de lo mucho que había que hacer, sobre todo en lo educativo y lo laboral. Pudo haber hecho tanto por su estado, era un señorón, muy humano y muy creativo.

Descanse en paz quien vivirá en la mente y el corazón de los que lo recordaremos siempre con respeto y admiración.