Mujeres por Manzanillo


Ma. Esther H. de Razo

¡Hola, amiguitas!

Me entero por medio de mi informativo preferido de los habituales acontecimientos en tiempo de torrenciales tormentas que suelen azotar y nunca mejor utilizada esta expresión, al puerto. Lo único que me entristeció fue cuando leí el relato de mi vecino y heredero de gran amistad que mi esposo y yo tuvimos con sus padres, el periodista y su esposa, Víctor Manuel Martínez. Afortunadamente la que esto escribe disfrutaba de sus vacaciones en la ciudad de Guadalajara, regresé el lunes y al igual que él, soy de las que en estos tiempos mi casa se convierte en piscina.

Acabo de regresar y no con sorpresa, porque ya me lo imaginaba y volví dos días antes de los programado, todo lo que pensé se quedó corto, mucho más cuando mi Superman, que realmente debe de ser mi Salvador (mi hijo “El Chavo Razo”), también disfrutaba de su descanso, así que dos días hemos estado sacando agua de tres recamaras que todavía no se han secado totalmente. Bueno, qué podemos hacer, más de 50 años hemos padecido este problemón.

Sugerir y no hacer, en nada ayuda, pero creo que todo aquel que programa acciones de prevención también debe hacer equipos que recorran las zonas más afectadas para cerciorarse de la magnitud de las afectaciones provocadas por fenómenos naturales como el que acaba de ocurrir; nuestro compañero, según su dicho, pidió auxilio y nadie, absolutamente nadie acudió.

Que este suceso nos sirva de experiencia y todos, incluido los acimanes, hagamos realidad lo que pregonamos, “el servicio de la comunidad”, máxime cuando su presidente trabajó por años en el Imss y conoce de qué forma la colonia Padre Hidalgo se convierte en islote en temporada de lluvias y lo vulnerable que llega a ser.

Bueno, como dice el dicho popular: “Ahí pa’ la otra”.