Mujeres por Manzanillo


Ma. Esther H. De Razo

¡Hola, amiguitas!

Con el gusto de siempre, agradezco sobremanera el valor de su atención, sobre todo a las amiguitas de los diferentes barrios y colonias que suelo visitar cuando andamos llevando un programa que les aporte algún beneficio.

En esta ocasión, es el destinado a levantar un censo que nos dé parámetros precisos sobre si realmente en el puerto existen cadenas de pobreza extrema o en su caso, aplicar el que nos permita que a ese núcleo se le atienda debidamente, hasta lograr el objetivo, un México sin hambre.

Manzanillo es un puerto con un gran potencial, que genera divisas suficientes para apuntalar en gran medida la economía nacional, un lugar de tierras tan fértiles que son una bendición, donde sólo el dinero no se da, pero sí se cosechan minerales de muchas clases, hermosas bahías que son un atractivo turístico internacional que genera dividendos para hoteleros, bares, restaurantes, etc., empresas en las cuales se supone se da empleo a mucha de la gente del puerto, del que muchos ambicionan que logre la categoría de puerto de primer nivel.

En un lugar como el descrito, es de suponerse que posiblemente existan familias de escasos recursos, por diversas circunstancias, pero extrema, imposible. De cualquier forma, como miembro de la real academia de pago porque me alquilen, estoy más que dispuesta para esta nueva encomienda.

El fin de semana pasado tuve el gusto de asistir al evento que la familia Lupercio Anguiano, de la Colonia del Rocío, llevó a cabo para festejar como Dios manda el cumpleaños del patriarca, quien estaba feliz, rodeado de su esposa Olivia, líder muy apreciada del PRI y además de sus hijos Francisco, Alejandro, Mayka y Alma, muchos amigos quienes brindaron por el festejado, en lo personal muy satisfecha porque me hicieron saber que me leen siempre.