Mujeres por Manzanillo


Ma. Esther H. de Razo.-

 

¡Hola, amiguitas!

Sé que a ustedes, igual que a mí, se les llenó el alma de angustia y tristeza cuando se enteraron de la migración que se está generando y que aumenta a medida que avanza, aun cuando son muchos los que mueren en el intento.

Qué terrible que más de 40 mil menores sin esperanza se lancen buscando no el paraíso prometido, sino la dicha de volver a reunirse con sus padres; la mayoría lo hace porque en sus lugares de origen no tienen nada, ni siquiera la esperanza de contar con la protección de los que prometieron velar por ellos y que si huyen lo hacen porque de donde viven no tienen ni pan ni abrigo, mucho menos esperanzas de que sus vidas cambien, son valientes que deciden enfrentarse a lo peor buscando lo que ya no tienen y que no se explican por qué lo perdieron.

Se repiten capítulos de la historia de la humanidad tan crueles y sangrientos que a los que les corresponde hacer algo prefieren hacerse los que no ven, los que no escuchan, pero que tampoco hablan, sólo que en esa terrible migración van todos esos pequeños seres incluidos en todas las constituciones de todos los países en donde las leyes son garantes de los derechos de los niños que proclaman proveerles, cuidarles y guiarles.

Qué infamia, qué pena, porque en este peregrinar se tendrán que instrumentar mecanismos, no sólo albergues en los lugares por donde crucen, para registrar antecedentes que a futuro serán valiosos, ya que esos menores no sólo cambiarán de arraigo e identidad, culturalmente adoptarán las del país donde los acepten, si es que lo hacen, porque en nuestro continente hay muchos menores desprotegidos, no somos Europa, haya hasta privilegian a las parejas que tengan bebés. Les aterra el llegar a ser un país de mayores.

Hace como tres años, en esta misma columna, expuse mi idea de que, hablando de migraciones, el Centro Histórico, por el cambio de ruta de transporte público, había disminuido el alumbrado de las escuelas Padre Hidalgo y Benito Juárez, ubicadas en la colonia conocida como El Seguro, agravada la ausencia de menores por el gran número de personas que cambiaron su residencia al Valle de las Garzas y zonas aledañas.

Hoy son menos los alumnos que asisten, por esta razón sería bueno que tanto los niños y adolescentes de la secundaria de Campos sean reubicados en estas áreas, ya que la que se encuentra justo frente a la Termoeléctrica, circunstancia que por sí sola sería más que suficiente para que no existiera ahí, la contaminación que generaba (dicen que ya no), los ruidos y demás ameritaba el cambio.

La situación de los centros de estudio que existen en esa área se torna cada día más difícil por la cantidad de empresas que pueden generar riesgos a los estudiantes. Facilitará las cosas el que ya la regidora Armida Núñez hizo patente su preocupación y que le esté pidiendo al gobierno municipal y estatal que sometan a estudio la posible reubicación de la comunidad de Campos.