Muchas personas acostumbran ‘tirar’ a sus mascotas


Quintanarroense vino a Manzanillo a crear conciencia en pro de los animales

Víctor Manuel Martínez

Desde hace cinco años, una huerta de mangos ubicada en el Barrio del Valle de las Garzas se ha convertido en un refugio para muchos animales desvalidos, enfermos o abandonados, a cargo de la activista pro derechos de los animales y Ciudadana Manzanillense Distinguida del 2017, Wendy Yadira Gallegos Olvera.

“Me motivó que, cuando llegué a Manzanillo, procedente de Isla Mujeres, Quintana Roo, me di cuenta que en Manzanillo muchas personas acostumbraban tirar a sus mascotas, por motivos triviales, lo cual se me hizo muy injusto e inhumano.”, explicó.

Ella empezó su trabajo rescatando animales de diferentes especies hace diez años, pero fundó de manera oficial y legal su refugio el 30 de agosto del 2012, como asociación civil, bajo el nombre Refugio y Adopciones Huellas, A.C.

“Yo siempre trato de concientizar a las personas, que es mejor esterilizar a los perros y gatos, que echarlos a la calle por tener crías, y junto con ellos, a los indefensos cachorritos, condenándolos a una muerte segura, a menos que alguien se apiade de ellos, y los lleve a su casa”, dijo.

“Lo peor es que, muchas de las veces el único criterio para deshacerse de un animal de compañía, es que no es de alguna de las llamadas razas finas; aplicando el racismo y discriminación a los animales, que es algo horrible y retrógrado”, señaló.

“A las puertas de mi albergue muchas veces llegan personas para buscar dejar a un perro o un gato, con pretextos que no son válidos, como: Ya creció, me mudé a una casa sin patio, un integrante de mi familia resultó alérgico, me voy a mudar de ciudad, va a tener crías y no puedo cuidarlas y otras razones que son pretextos falsos, y esto es algo muy triste, aunque, desde luego, es mejor que dejarlos abandonados en una esquina o en un basurero”

“Las personas que adoptan en Manzanillo son muy pocas, no hay esa cultura; siendo al mes uno nada más, o dos, si son perros adultos de talla chica; y en el caso de los cachorros, se dan unas cinco adopciones mensuales nada más”, detalló.

“Recibimos apoyos ocasionales de algunas escuelas que vienen a limpiar o traen alimento y de algunos padrinos a título personal, pero debo decir que, mucho apoyo, no tenemos”, precisó.

“Las personas que quieren adoptar, tienen que hacer una donación en alimento o especie, y nosotros ponemos la esterilización, que cuesta $350.00 por animalito, y normalmente los entregamos esterilizados, vacunados y desparasitados.

“Damos seguimiento a todas las adopciones, y para eso les pedimos a las personas copias de la credencial de elector, del comprobante de domicilio, se les hace una visita al hogar y les pedimos que cada mes suban fotografías de la mascota adoptada a nuestra página o que nos la manden por mensaje”, remarcó.

Gallegos Olvera mencionó que actualmente, aparte de perros y gatos, tienen una cabra, dos puerquitos y una zarigüeya; y que uno de los animales más famosos del albergue fue Mapi, un mapache que vivió mucho tiempo en el refugio y se hizo muy conocido, hasta que, por ineptitud de empleados de una dependencia de gobierno, fue atrapado y muerto, a pesar de ser un animal domesticado, cariñoso y tranquilo.

Comentó por último que, todo aquel que quiera visitar el albergue, es bienvenido, encontrándose éste en el Barrio 2, en el último predio por arriba del canal a mano derecha, en una huerta de mangos con un portón negro al frente, y que los pueden contactar al teléfono del refugio 314-147-41-37.

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