Mi madre fue estricta, pero justa: Hijo de Griselda Alvarez


Mi madre, Griselda Alvarez Ponce de León, manejó siempre tres fases, el de mujer, política y poeta, sin que ninguna dominara sobre las otras, expresó tajante el Dr. Miguel Delgado, hijo único de la ex gobernadora colimense, durante su visita de cortesía a EL NOTICIERO, tras diferir con los puntos de vista de otros integrantes del Comité para la Conmemoración del Centenario del Natalicio de tan ilustre dama.

“Sin polemizar, difiero de todos ustedes, ese 80-20 que citan, lo puede tomar cualquiera de las dos partes, la política o la poética, pero hay otra fase que manejó desde siempre, el de la mujer, pues Griselda Alvarez, además de política y poeta, fue un ser humano con virtudes y defectos, y sería 33.33 por ciento para que todos quedemos contentos”.

Son innumerables las anécdotas con Griselda Alvarez en su actuación política, pero también las hay de su vida personal y familiar, por lo que la conversación se enfoca ahora hacia su hijo, el doctor Miguel Delgado Alvarez.

Fue Don Carlos Valdez Ramírez, director de EL NOTICIERO, quien lo incita a hablar de su vida familiar: – De niño, ¿cómo era tu madre?, ¿te regañaba, te pegaba, te llamaba la atención, eras obediente o no?, ¿cuál fue tu vida con tu mamá?…

Es así como Miguel Delgado Alvarez, abre su corazón y los recuerdos, y entre suspiros, en ocasiones con voz entrecortada, comienza a narrar varios aspectos personales de la ex gobernadora, a la que incluso se refiere en momentos como si la tuviese a su lado.

Y por considerarlo de interés, y muchas de sus partes inéditas, se transcribe íntegra la larga respuesta del hijo de esta gran mujer:
“De parte de mi padre, mi madre nunca recibió un golpe, nunca la tocó (calla por algunos segundos, luego suspira, y continúa)…

“Mi padre era una gente dura, fue alumno del Colegio Militar un tiempo largo, se hizo médico, estuvo en proceso de guerra en la Revolución, una gente difícil de expresar sus afectos, pero nunca me tocó, mi madre tampoco… Era enérgica, relativamente recia, en el sentido de que yo tuve una amplia libertad”.

Y prosigue:
“Cuando ellos se separan, esa libertad se incrementa, porque mi madre tiene temor lógico a que yo me fuera a vivir con mi papá, así es que el manejo y la conducción fue a través del cerebro y la inteligencia…”

“Ella tiene antecedentes muy importantes de trabajo social, es directora de Trabajo Social de la República, y eso la marca de manera muy importante”.

“Inclusive, una de las cosas significativas es que asistía a las reuniones de trabajo social un licenciado, José López Portillo, posteriormente presidente de México, hay fotografías de ella presidiendo y don José tomando nota”.

“Algo fundamental en su vida fue su capacidad de entablar relaciones humanas muy intensas, muy fuertes, fue amiga de muchísimas personas y muy amiga, a la fecha, te estoy hablando, la gente se desvive y quiere venir, eso hizo que consiguiera muchas cosas para Colima”.

“Otra cosa muy importante para ella, fue su instinto de perdurar en la historia. Sabía que entraba ya a la historia de México, lo hiciera como lo hiciera, al ser la primera mujer en tomar posesión como gobernadora…Utilizaba mucho esa situación, y le interesaba mucho más allá del poder”.

“Prueba de ello, es que ella termina y se desaparece, y entra, porque hay necesidad, a trabajar a la Dirección del Museo Nacional de Arte, pero no le interesaba persistir, le gustaba el poder porque era una forma de ayudar y de apoyar, y eso fue lo que manejó, eso le hizo amistades y le ganó reconocimientos”.

Coincide con los otros entrevistados, al señalar que Griselda Alvarez “era estricta, muy recta, pero era justa, y ella decía que el pueblo de Colima y el de México es un pueblo muy noble, que acepta el castigo, el regaño, pero cuando lo considera que realmente hizo alguna cosa negativa”.

Recuerda que su mamá “era tan dura, que a un sobrino lo metió a la cárcel por mucho tiempo, porque había abusado del parentesco y había estado griseldeando por todos lados, y no metió las manos, entró a la cárcel y ahí estuvo largo tiempo”.

Y agrega: “Yo creo que, a todos nos conducía a través del temor a sus acciones, no necesitaba otra cosa; por ejemplo en los primeros actos oficiales a los que acudió, la primera ocasión esperó 10 minutos a que llegaran los presidentes municipales; en la segunda, inició a la hora que ella anunció y fueron llegando los presidentes municipales preguntándose qué pasó, y en algunas ocasiones la respuesta era: La maestra ya terminó el acto y ya se fue”.

“Ellos entonces se cuestionaban ¿qué va a ser de mí, o qué me va a hacer la gobernadora?, y con ello no repitieron la acción que generaría algo punitivo, y así fue estructurando un orden como era ella, desde el punto de vista de su puntualidad, y la gente empezó a llegar temprano, porque sabía que tal era la hora de la cita y a esa hora se empezaba, estuviera ella sola o no”.

Afirma que la maestra Griselda era “una gente difícil en el sentido del manejo de sus emociones, es clara”.

Y narra: “El día que se da el proceso de fin de campaña, ese día en la mañana muere su única hermana, y Griselda decía que no podía llorar, una de las cosas que yo le combatía mucho, le decía que las sensaciones son humanas y no deben dejarse, pero ella no lloraba, mucho menos en público, mucho menos en aquella época, realmente yo no la vi llorar”.

“Inclusive, el día que nos encontrábamos en una sala enorme de espera, en un cuarto piso del hospital cuando murió mi hijo, por reforzarme, por apoyarme, tampoco la vi llorar, yo tampoco sabía llorar, pero lo mío era falta de conocimiento, aprendí a llorar por mi hijo, que me enseñó a querer, que también quiere decir sufrir”.

“Y mi madre en ese sentido, era dura para consigo misma también, era difícil…”.
Don Carlos Valdez, hace una interrogante al hijo Griselda ¿Es cierto que su madre lo regañaba por medio de sonetos?
A lo que contesta sorprendido, “si en efecto, los sonetos eran para ella una especie de refugio a donde enviaba sus sentimientos que no se permitía expresar, era la forma en que ella nos los comunicaba. En mi caso en particular puedo citar uno en especial en el que pregunta ¿por qué me diste un hijo rompe-nidos?; con ello expresó que no estuvo de acuerdo en que me divorciara, lo que me convertía en un rompe hogar”.
“En fin, sus sentimientos los convertía en sonetos, como su soledad; a través de ellos transmitía su sentir, ya fuera enojos, discrepancia, regocijo, pero sí en algunas ocasiones para regañarnos”.

“En otro, reclama la fuga del nieto a temprana edad, y en otros sonetos, no traje el libro, en Sonetos Terminales, demanda de su soledad; hay uno muy interesante que se llama Desayuno, donde dice que está sola, que nadie la va a ver, y ella misma se hace una entrevista en un espejo, para sentirse acompañada”.
“Es decir, pelea mucho su soledad, esa es una de las cosas importantes”.

Miguel reconoce y explica el porqué ese sentimiento de soledad: “Desgraciadamente la vida en la ciudad de México es muy difícil, y el trabajo muy agotador en el sentido de estancias y espacios, la visitábamos, nos veíamos, pero ella hubiera querido estar menos sola, porque su soledad fue muy importante, tan importante que se queja de cosas tan fuertes, como que en la vejez ya en un momento dado no puede abrir una lata, se queda sin cenar… Inclusive aquí en Casa de Gobierno, su gente le ponía un sándwich en la noche y se iba, ella se quedaba absolutamente sola en Casa de Gobierno, entonces eso le pesa mucho, la soledad en los últimos tiempos, y me reclama y demanda a todo mundo”.

A pregunta de Don Carlos Valdez admite que le pide particularmente a él, “pero también a Mónica mi hija, porque somos los dos manejos, sus dos afectos más fuertes, más importantes”.

Refiere que a Mónica le dedica un libro que dice “A mi nieta única”:
“Mónica se sintió muy celosa porque yo me volví a casar y junto con el acta heredé dos niñas de 5 y 7 años, ella se sentía que no podían ocupar un lugar, una imagen de nieta, entonces le dedica un libro a la nieta única y hace una dedicatoria muy bonita que tampoco recuerdo, en la Glosa de la Constitución en Sonetos, y esa me la dedica a mí, son los dos únicos libros que tienen dedicatoria”.

Carlos Valdez Ramírez
-Primera de dos partes-