Más vale prevenir que lamentar


Alberto Medina Urgell*

Como ya se ha venido haciendo costumbre, en el mes de mayo de cada año, se inicia el ciclo lluvioso en este municipio y gran parte de la República, con ello llega la temporada de tormentas tropicales, ciclones y huracanes.

También, como producto infalible de estos tiempos, aparecer por doquier grandes enjambres de palomillas, moscas y mosquitos, mismos que al ser detectados nos salta la exclamación: “Con las lluvias llegaron las plagas que tanto nos molestan… ojalá nomás lloviera”

Pero como Dios no endereza jorobados, pareciera que lo uno con lo otro se complementan entre sí, por lo que cuenta a las palomillas, éstas se toman en cuenta como precursoras de las lluvias, al igual que a las chicharras, que quizás ambas sean molestas, pero se les puede considerar inicuas, no así a los mosquitos, pues éstos son trasmisores de enfermedades como el “Aedes aegypti”, que trasmite dos tipos de dengue: Clásico y/o hemorrágico, ambos inutilizantes, aunque uno más grave que el otro, y son tales los focos de infestación, que generan verdaderas pandemias en la población.

Por lo que ello implica, nos habremos de referir a esta amenaza latente que viene con la cíclica temporada de lluvias; como de todos es sabido, las instituciones de salud tienen y desarrollan programas para combatir el mal, mismos que van de intensivos a extensivos, así como permanentes o de temporalidad cíclica; todos funcionan y bien; sin embargo, muchas veces, cuando el problema se hace superlativo, se emprenden otros programas aleatorios, con la finalidad de coadyuvar en el combate al mosquito causante del mal que aqueja a grandes sectores de la población.

No obstante lo anterior, mucho podríamos coadyuvar los ciudadanos, en nuestro beneficio, y aún la comunidad en lo colectivo, para que el “Aedes aegypti” no encuentre, por nuestro propio descuido, nichos de reproducción, evitando los lugares de concentración de agua limpia, que son lugares idóneos para ello.

Una de las acciones aleatorias que más ha funcionado es la descacharización, misma que se ha institucionalizado por los gobiernos estatal y municipal, coadyuvantes con los intentos que hace el Gobierno Federal para combatir el dengue; como digo, este tipo de acciones también han funcionado, cuando se cuenta con la concientización ciudadana y que así es efectiva, como responsable, su participación.

Por lo que implica, creo, amables lectores, que mucho podemos cooperar para que el combate al dengue sea más efectivo y no tratar de hacerlo sólo cuando aparezca un caso en casa. ¡No!, el combate al dengue no tiene descanso y no concede treguas, por ello, y para nuestro propio bien, no debemos dejarle sólo a las autoridades de salud y a los gobiernos constituidos que solamente ellos hagan su tarea, sino que debemos participar motivando a nuestra propia familia, como principio, y al entorno comunitario donde vivimos, para que hagamos sendos programas de descacharización permanentes y no se apliquen cuando ya se tiene el gran mal encima.

Estoy seguro que si actuamos concientizados del mal que estamos combatiendo, y que el bien es común, lograremos que el dengue no sea una pandemia; para lograrlo, no esperemos a tener la oportunidad de lamentarnos, mejor aprovechémosla previniéndolo.

Es cuanto.

Regidor del PRI en el Cabildo de Manzanillo*