Más de 40 años viviendo en la calle, en el desamparo total


Ana Laura Arreola  Hernández

Muy pocos conocen su verdadero nombre, la mayoría le llama “El Loco de la Mora”, Javier de la Mora Castañeda, realiza su vida desde hace más de 40 años en la calle, sin un hogar que lo cobije en los días de lluvia, dormido en las aceras del jardín Núñez o paseando en los alrededores del céntrico edificio Gaytán.

“Cuando regresé a Colima lo vi que andaba sin rumbo en este sector de la ciudad. Yo lo conocí así, a veces se aloca un poco. Pertenece a una familia reconocida. Creo que tenía como unos 18 ó 20 años cuando andaba deambulando.

Se va aquí a la vuelta, ahí le dan de comer, luego se va a un baldío que está adelantito, no hace nada, de repente se pone agresivo, se quiere pelear, pero no pasa de allí”, comentó Doña Bertha, vecina de la colonia.

La cocina de Doña Felipa, ubicada a unos metros del jardín Núñez, es el lugar donde nuestro personaje va casi todos los días para que le den de comer, “amá ya vine”, es la frase que pregona cuando se encuentra de buen humor y llega con la cocinera de la fonda, quien lo conoce desde que era niño.

Fue muy listo, él estuvo en la Escuela General “Tipo” República Argentina, estamos hablando en los años sesentas, es de la edad de mis hijos, en la actualidad él tendrá 55 años aproximadamente.

Dicen que era muy inteligente, amigo de todos, su mamá trabajaba por la zona donde Doña Felipa tiene su fonda, él y sus hermanos la buscaban para que les diera dinero para comer.

Pero creció y se juntó con muchachos peleoneros, buscaba novias y agarraba a las muchachas. Tiempo después fue empeorando cada día más, las mamás les decían a sus hijos: “Ya no te juntes con él porque ese muchacho es muy peleonero”, yo pienso que de tanto golpe fue que se volvió así, agrega Doña Felipa.

Durante su juventud Javier fue bien parecido, de buenas facciones, ahora luce acabado, sucio y con el rostro chamagoso. Mientras camina sin rumbo fijo en el barrio de su infancia carga bolsas con ropa sucia y maloliente, parece que el agua y el jabón no han tocado su cuerpo en varios años.

El olor fétido que emana confirma su situación. A pesar de que sus familiares fueron gente acomodada, Javier duerme en las banquetas, se moja y anda todo “destilangado” con el pantalón roto.

El quisiera agradar, pero las personas huyen por el olor. La mayoría de sus parientes al parecer fallecieron, su mamá murió y sólo queda uno de sus hermanos. Lamentablemente ningún familiar se acerca a ofrecerle comida y hospedaje.

Javier fue encarcelado durante mucho tiempo. Felipa lo llegó a buscar en el panteón porque desconocía su paradero. Al salir de la correccional, Javier era otro, bañado y con un aspecto diferente, aunque este cambio no duró mucho.

La vecina de la colonia centro siempre ha vendido comida en su hogar y vio cómo Javier, gradualmente se fue “descomponiendo” hasta el grado como está ahora.

Le gusta mucho leer, actualmente está bajo tratamiento médico para controlar sus arranques agresivos. A veces es difícil para esta señora tenerlo en su negocio, pues Javier ahuyenta sus comensales por el olor que despide.

Felipa ha intentado darle apoyo, sugerirle que se asee para que tenga buen aspecto y las personas se acerquen a darle unos cuantos pesos, le regala ropa y zapatos, pero él se resiste a usarlos y tampoco sigue los consejos que le dan. Si quieres frecuentarlo necesitas taparte la nariz. Es atento, así como lo vez loco, platica y muchas veces es agradable. Concluyó la informante.