Manzanillo primero


COLUMNA: Desde el malecón

Un grupo de guías de turistas local se ha estado capacitando para conocer las bondades y bellezas que tiene nuestra ciudad para a su vez darlas a conocer a los visitantes. Esperemos que esto sirva para que se promueva de una manera más adecuada nuestro municipio toda vez que ante la falta de una identificación bastante arraigada con nuestros intereses, los guías frecuentemente se los llevan a otras partes del estado, a otros municipios, donde se queda una gran parte de la derrama económica que nos debería corresponder de forma directa.

A pesar de que somos el municipio con mayor vocación turística en nuestra entidad, muchos visitantes son llevados de forma habitual a recorrer Comala, Villa de Álvarez, la ciudad de Colima, Cuyutlán y Tecomán. Parece mentira, pero son muchas las veces que Manzanillo se ha quedado dormido en sus laureles —como si  fueran muchos—, y no hemos aprovechado todo el potencial turístico que tenemos. Por esta razón hemos sido rebasados por la Costa Alegre de Jalisco, donde la infraestructura y la inversión aumentan cada día, a pesar que nuestras playas son mejores y más seguras que las de aquellos lugares. Incluso hay manzanillenses trabajando por allá en el sector turístico.

Al parecer no se ha entendido el privilegio e importancia que tiene el que podamos armonizar varias vocaciones, a diferencia de otros municipios del país y la región. El hecho que lo portuario-comercial sea importante, y mucho, no quita que explotemos el sector de la industria sin chimeneas, que también es una actividad con gran tradición y raigambre en nuestro suelo. Manzanillo está en el mapa turístico de forma destacada desde los años treinta del siglo pasado, y de una manera aún más fuerte a partir de la década del setenta, en que se hicieran nuevas inversiones de gran importancia. A partir de ahí se vino el boom portuario comercial, que ha avasallado a las otras vocaciones que tiene Manzanillo, y no debiera ser así.

La gran mayoría de ciudades mexicanas, únicamente tienen una vocación, una principal muy por encima de cualquier otra actividad y ya; nosotros en cambio, somos poli-vocacionales, y eso es algo que debemos valorar, aquilatar y aprovechar; pero no lo estamos haciendo. Lo digo con tiempo, antes que suceda, y espero nunca pase, pero, al paso que vamos, dentro de no mucho tiempo Manzanillo ya no será un puerto turístico. Sí habrá uno que otro visitante perdido por ahí, por la inercia que queda por tantos años, habrá algunos hoteles y quedarán nuestras hermosas playas, desde luego, pero tendremos un descenso brusco y muy lamentable en cuanto a los recursos que nos genere el turismo, y el índice de visitantes nacionales y extranjeros será intrascendente, insignificante.

Esa es la tendencia, un sector turístico a la baja en Manzanillo, y que no nos engañe el que en la temporada alta tengamos una buena ocupación, porque esto no es suficiente; no podemos ser temporaleros, pues la gran mayoría de destinos nacionales, tienen buena ocupación y derrama económica todo el año. Estamos a tiempo de revertir la caída en picada y empezar a trabajar para recuperar lo perdido. Pero para ello se debe asumir que tenemos la vocación turística, que nos es algo natural e intrínseco, pues tenemos las bellezas naturales y la ubicación geográfica adecuadas. Pero, repito, eso no basta.

Y ahí sí, hay que ser individualistas, y nada de hacerle el caldo gordo a la Costa Alegre, que a Barra de Navidad, Melaque o La Manzanilla; a Cuyutlán; a Boca de Pascuales; o a Comala. No, Manzanillo primero. Aquí tenemos bellezas suficientes para retener al visitante, dándole la mejor atención posible.