Manifestaciones estudiantiles


Ramón González Pérez

Desde hace casi medio siglo, en México se ha vuelto costumbre que los estudiantes de niveles superior y medio superior, hasta por “quítame estas pulgas”, deciden tomar las calles y en supuestas manifestaciones estudiantiles desquiciar el tráfico de la capital del país, sin que haya autoridad alguna capaz de hacerlos entrar en razón o, cuando menos, obligarlos a respetar el derecho de libre tránsito de los millones de habitantes de aquella urbe.

Es algo común enterarnos que algunos cuantos estudiantes, pues está comprobando que el resto no son sino alborotadores de segunda, que se suman a las manifestaciones, con la aviesa intención de hacer sus logros, seguros de que al amparo del montón, nadie les molestará, si no por qué se van encapuchados, con palos, piedras y toda clase de objetos contundentes, con los cuales dañan todo lo que se pone a su paso; en tanto, los verdaderos estudiantes, esos que suponemos tienen alguna razón para manifestar su descontento, se preocupan más por calmar las ansias de esos “porros” o verdaderos vándalos que aprovechan la ocasión.

Claro que nunca se va a borrar de la mente de los mexicanos lo sucedido en 1968, en que murieron miles de jóvenes estudiantes, muchos sin deberla ni temerla, nada más porque estuvieron en el lugar equivocado, el día equivocado. Pero de ello a que hubiera dejado algo de provecho, aun lo dudo, a pesar de me que tocó estar en la capital durante ese tiempo, formando parte de un grupo de miembros de la Fuerza Aérea Mexicana, pero afortunadamente sin intervenir directamente en los hechos.

Ya se discutió mucho si fue positivo o negativo el movimiento estudiantil de esa época; pero lo que sí causa enojo es en la actualidad, en que los jóvenes estudiantes, en este caso del IPN, se lanzaron a las calles nada más a protestar por la puesta en vigor del Reglamento de Estudios, los nuevos Planes y Programas de Estudio y varios temas más que a ellos no les parecieron, cuando lo cierto es que éstos deben dedicarse a estudiar, acatando las disposiciones de las autoridades educativas, que en ningún momento pretenden lesionar su integridad, sino que buscan mejorar las condiciones en que ellos reciben su preparación profesional. Aunado a ello, incluyeron la salida de la directora del plantel, con toda seguridad porque no accedió a algunas de sus pretensiones.

El hecho de que el secretario de Gobernación, dando muestras de valor civil, aun sabiendo que se exponía a que algunos de los vándalos incrustados en el movimientos, ocultos en la impunidad, procedieran en su contra, fue algo que en realidad demostró que sí tienen interés de resolver todos los problemas que enfrenten los estudiantes, pero lo recomendable es que cualquier funcionario de ese nivel se prevenga y no le haga al valiente, menos con los antecedentes que se tienen de los estudiantes en México.

Este tipo de actitudes lo único que generan es que se envalentonen los dizque estudiantes, como los normalistas de Guerrero, que no hay poder que los ponga en cintura y verdaderamente se pongan a estudiar, que para eso los mantiene el erario y bastante bien, pues de lo contrario basta con alguna simple marcha en su escuela Normal para que les aumenten las raciones y las becas, que para todo las utilizan, menos para estudiar.

Es pues necesario que Enrique Peña Nieto y sus colaboradores analicen detenidamente antes de actuar en casos como el que señalo, y lejos de exponerse a un desaguisado, exijan respeto a las normas, leyes y reglamentos de los centros de estudio superiores, pues según noticias de última hora, ya empiezan a alborotarse algunas de las escuelas de la Unam, dizque en apoyo a los IPN.

Es cuanto.