Los pescadores revoltosos


René Macías Zamora.-

En días recientes recibí una invitación de los pescadores ribereños para acompañarlos a una manifestación que realizaron en las oficinas de la Sagarpa en la ciudad de Colima, acudieron aproximadamente 160 personas, entre pescadores y comerciantes, a manifestar su inconformidad ante el endurecimiento de los operativos de inspección y vigilancia desarrollados por inspectores de la subdelegación de pesca recién llegados a este estado. Operativos donde se les multa, se les decomisa el producto de su trabajo, sus equipos y hasta sus embarcaciones.

Es necesario mencionar que en Manzanillo existen aproximadamente 150 embarcaciones palangreras ribereñas que capturan tiburón, dorado y pez vela, principalmente. Flota conocida como “pezvelera”, de la que dependen económicamente casi 600 familias. Sin embargo, la actual legislación reserva, inconstitucionalmente, al dorado, marlín, pez vela y algunas otras especies, exclusivamente para pesca deportiva, haciendo ilegal la operación de la mencionada flota palangrera.

En sus demandas, estos pescadores no están pidiendo apoyos ni dinero ni piden despensas, tampoco desean perjudicar a la pesca deportiva, lo único que piden es que los dejen trabajar y se les otorguen permisos de pesca porque las especies que capturan están reservadas para la actividad deportiva.

Pensará usted, amable lector, que eso no es posible, que desde hace muchos años (1992) las reservas de especies para grupos sociales están prohibidas, en particular desde que se quitó la reserva del camarón para los grupos cooperativados y así es; sin embargo, con una estrategia legaloide mantienen esta reserva en la ley usando la palabra “destinar” en lugar de “reservar”, de manera que una serie de especies se “destinan de forma exclusiva” para la pesca deportiva. Incluido el pez espada, una especie que no se captura de forma deportiva.

Bueno, podría argumentar, es que esas especies están sobreexplotadas, se están acabando. No, no existe ningún estudio que indique que estas especies (marlín, pez vela, pez espada, dorado y pez gallo) se encuentren siquiera sobreexplotadas. Al contrario, los estudios que existen indican que son especies de rápido crecimiento y de alta fecundidad, características que los dotan de gran potencial pesquero, resistentes a los efectos de la explotación y les permiten en caso de sobreexplotación una gran capacidad de recuperación poblacional en un corto tiempo.

Son especies altamente migratorias que compartimos con otros países y con aguas internacionales, regiones donde son capturados de manera comercial y deportiva por las flotas extranjeras, por lo que la prohibición de su captura en México sólo estamos haciendo “el caldo gordo” (como diría mi abuelo) a esas flotas extranjeras.

Los argumentos utilizados por los prestadores de servicios turísticos (no por los pescadores deportivos) asociados a la pesca deportiva para cabildear a favor de mantener la reserva, es que un pez, capturado de forma deportiva, deja más dinero que capturado de forma comercial. Argumento válido, pero que depende de la existencia de pescadores deportivos en número suficiente para que represente una fracción considerable de la economía regional, como sucede en Los Cabos, BCS.

Desafortunadamente, sólo en ese punto de toda la costa del Pacífico mexicano sucede eso. Aquí en Manzanillo, sólo el 1.5 por ciento (cifras del Inegi) de los turistas que nos visitan, vienen a pescar deportivamente, esto es, de cada 200 turistas, tres salen a pescar de forma deportiva. Además, la gran mayoría de la derrama económica producida por la pesca deportiva se distribuye entre las agencias de viajes, líneas aéreas, grandes hoteles y elegantes restaurantes. Mientras la derrama económica generada por los pescadores comerciales ribereños va directo a las clases económicas más desprotegidas y produce alimento de excelente calidad a precios accesibles.

Esta situación se parece a los tiempos de los señores feudales, cuando el señor feudal declaraba que el bosque era suyo, y que todos los venados que había ahí también eran de él para cuando quisiera ir de cacería por diversión. De forma que si algún ciudadano hambriento cazaba un venado para comer y llevar sustento a su familia, era perseguido y castigado como delincuente.

Es exactamente lo que ocurre con estas especies, están ahí sólo para que una clase privilegiada vaya a capturarlos para su diversión, y si un pescador hambriento captura algún dorado o pez vela es perseguido y castigado quitándole el producto, sus artes de pesca, su lancha y hasta la bicicleta donde se traslada.

Curiosamente, la ley que regula esta actividad se llama “Ley General de Pesca y Acuacultura Sustentable”, y yo les pregunto a los legisladores y servidores públicos, ¿dónde está lo “sustentable” de la ley en esta pesquería? Si la sustentabilidad se define por la equidad (equidad intrageneracional y equidad intergeneracional que implica la conservación) en el uso de los recursos y, de manera explícita, el combate a la pobreza, ¿dónde está la equidad de una ley que excluye completamente al sector pesquero ribereño de la captura de una especie?, ¿dónde está el combate a la pobreza de una ley que reserva un recurso para el beneficio y la diversión de una clase social económicamente privilegiada?

También les pregunto a los gobernantes: ¿Qué opción tienen para los pescadores? ¿Qué forma de ganarse la vida les ofrecen a ellos y sus familias? ¿El señor que compró la presidencia ya les tiene opciones? ¿Con la Reforma Laboral ya se crearon más empleos? ¿O la única opción es que se integren a las filas de la delincuencia? ¿Necesitamos más asaltantes, más sicarios, más secuestradores?

Alto a la persecución de los compañeros pescadores ribereños. Apoyo para la obtención de permisos para la captura comercial del pez vela y dorado.

Regidor por el PRD en el Cabildo.*