Las crónicas de Martha Guiérrez tienen esencia, vigor y aroma del puerto de Manzanillo


Víctor Gil Castañeda

 

“Los textos de Martita tienen; aroma, esencia, presencia, sabor y olor del mar. El maravilloso mar que todo lo inunda, porque venimos del mar y más allá del mar, como también dijo el poeta Efraín Bartolomé: negro y espumoso mar. Un mar tierno y a veces indescriptible. Otras veces impredecible, a veces lleno de calma, vigoroso, como la escritura de martita. Al mar y la poesía los respeto mucho porque me enseñaron el secreto del ritmo y la cadencia. Cualidades inherentes e implícitas en este libro que ahora comentamos para todos ustedes”.

Estas fueron algunas palabras del escritor y académico, Alberto Llanes Castillo, en el transcurso de la presentación del libro titulado: “Bitácora del puerto”. Otra de las comentaristas del volumen fue la maestra Flavia Vergara. El evento se registró el jueves anterior, a las ocho y media de la noche, en el Centro Cultural Adolfo Mexiac, ubicado en el Jardín de La Corregidora del municipio de Colima. La obra es de Martha Gutiérrez Núñez. Está conformada de 54 páginas, con un total de 24 crónicas literarias, entre las que se mencionan; Instantánea de otoño, Secreto del mundo, Faro de Campos, Vagones de un último tren, Rincón de los ocasos, Diagonal Corregidora, Piedra de mar y sal. El texto fue impreso por el Instituto Municipal de la Cultura del Ayuntamiento de Manzanillo, en abril del 2014, en la empresa Puerta Abierta Editores. El diseño fue de Pablo César Oliva Brizuela. La portada está tomada de la obra plástica “Nocturna navidad”, un óleo sobre tela de la pintora Tity Bayardo Moreno.

Maestro en la Facultad de Letras y Comunicación de la UdeC, Alberto Llanes aclaró que le decía “Martita” por todo el cariño que guarda hacia ella: “Conocí a Martita hace muchos  años y antes de ser compañeros en el oficio de escritor, que es una verdadera pasión para quien lo ejerce, fuimos buenos amigos, grandes y voraces lectores. Después fuimos colegas de esta vocación. Escribimos a diario porque es lo que nos gusta y es la forma en que nos comunicamos, porque escribir es como dejar la vida en una hoja en blanco,  es plasmar nuestra percepción del mundo y su entorno. Escribir implica poner todos nuestros sentidos en los personajes que construimos, como lo hace ella; con humor y calor a flor de piel. Antes guardábamos nuestros escritos o borradores en los cajones del escritorio, hechos en una máquina manual y mecánica. Ahora lo hacemos en versión digital, pero el oficio es esencialmente el mismo. Un oficio que ella lo representa muy bien.

Como ella, somos los cronistas y testigos de este tiempo y espacio. Conocemos el Colima de ayer gracias a los cuentos  de Gregorio Torres Quintero y ahora nosotros nos ponemos a contar esta historia moderna desde nuestra propia perspectiva, como la hace con pulcritud Martita en su libro de crónicas. Los lectores que aparezcan en el futuro, dirán de qué manera describimos a los personajes del Colima reciente, como lo hace Martita con sus personajes populares y emblemáticos de Manzanillo. Tal vez con sus mismos problemas, sus mismas causas o afanes. Reflexiones maravillosas que solamente encontraremos en los buenos libros de literatura, como el que Martita nos entrega esta noche. Donde nos habla de la vida que se está gestando en el Puerto de Manzanillo, en forma rápida, a veces lenta, asombrosa, como el movimiento del mar, del que hablamos antes. Ella habla de encuentros, desencuentros, con sus aromas, su propio mar, más la intensa vida del Puerto de Manzanillo y las comunidades de sus alrededores. Todas estas reflexiones vinieron a mí a partir de la lectura de la crónica número tres titulada “Me gusta la vida” que nos hace cronistas del tiempo y el momento exacto.

Fuimos compañeros en el Diplomado de Creación Literaria ofrecido hace tiempo por; la  Sociedad General de Escritores Mexicanos (Sogem), la Secretaría de Cultura y el Conaculta.  Tuvimos grandes maestros escritores, que se transformaron en nuestros guías y luego abandonaron este mundo, pero que dejaron huella en nuestra forma de escribir y de ser. Fuimos colegas de oficio por varios años. Tuve que renunciar a un trabajo de magra paga para no perderme sus clases y ella tenía que venir todos esos días desde las profundidades del puerto. Allí conocí gente maravillosa como Martita. Unidos en este tiempo y espacio que cubren los ambientes de sus propias crónicas. Vidas y realidades contenidas en este libro de Martita, camufleadas como historias de la ficción, pero que están bien amarradas  en la existencia de las personas”.

La maestra Flavia Vergara, también egresada de la Falcom y el Diplomado de Creación Literaria, indicó que Martha Gutiérrez nos lleva de la mano por las nostalgias del paisaje, con una mirada sugestiva que nos habla de cómo ha cambiado nuestro entorno. Ella habla del puerto, de su puerto, de sus calles de los innumerables medios de transporte que los llevan por su interior y sus recuerdos, los tiempos idos de la infancia y la juventud, pero donde nos vemos totalmente transformados, con los colores y sabores que se cimbran al abrirse a otros paisajes que nos llevan a los tiernos momentos de la niñez.

Habla del Manzanillo que tenía maravillosos rosales, palmeras robustas y fuertes, así como grandes árboles llamados de “pan”, de frutos con sabor a papa. Aspectos que vemos en su crónica titulada “Postal en sepia”, donde también narra las caminatas que muchos porteños realizaban desde la colonia de San Pedrito hasta Las Brisas. En donde había un puente que unía dos mundos: el que sería años más adelante el Puerto Interior y el camino que llevaba hasta la comunidad de Miramar, pasando por el camino de Tapeixltes que cruzaba por medio de la laguna, que ahora parece montaña rusa por las interminables construcciones del famosos túnel del ferrocarril.

Todo se reflejaba en las quietas aguas ocupadas por blancas garzas, patos buzos y pelícanos. Donde las estrellas se reflejaban en el fondo de la bahía. Cuando aparecía la luna llena, el corazón parecía tambor y la mirada se humedecía. Porque había un agua salada que brotaba, pero directamente del alma.

La autora también nos habla de numerosos personajes populares manzanillenses, entre los que se encuentra; Don Ernesto Berra, que abrió el Bar Social, donde ocurrían cosas fantásticas, como aquella escena que se llevaron los clientes al ver a Don Ernesto haciendo malabares, montado en su bicicleta sobre la berra de la cantina. Este hombre era una persona muy amigable y el bar sigue en pie, pues lo que bien empieza es probable que sea duradero. También está el personaje llamado Celia, descrito en la crónica “Milagros en venta”. Es una mujer que instala su puesto ambulante afuera del Templo del Carmen, donde vende; inciensos, veladoras, remedios caseros, sueños y otras secretos de la herbolaria. Tiene cinco hijos, sigue sorteando ciclones y terremotos. También se encuentra la alegre Mariana, una dama que ríe y goza la vida para ocultar los tristes recuerdos ante la pérdida de su verdadero amor.

Encontramos un retrato vivo del Manzanillo de antaño y el Manzanillo actual. La prosopografía está nítidamente plasmada en sus páginas, como lo vemos en tantos personajes ya señalados; Celia, Mariana, Miguel Sandoval Santana, Julia, Cayetana, Don Miguel Berra y los pelícanos que habitan la Peña Blanca. La personificación de El faro de Campos es conmovedora, porque esa construcción emblemática era el referente para la entrada y salida de los barcos, señalaba su ubicación y su partida. Con la mecanización o nuevas tecnologías de los navíos, parece que lo han mandado al olvido y ahora es un excelente refugio para las parejas de enamorados. Donde el embrujo parece estar entretejido con su follaje. El libro también narra asuntos de las profundidades del amor, el deseo, del corazón y las parejas.

“Las diferencias que encuentras entre Colima y Manzanillo las describes acertadamente, pero lejos de separarnos nos complementan, nos fortalecen en el espíritu, el intelecto y nos llenan de colorido. Como se aprecia en la crónica “Me gusta la vida”, donde indicas que esperas dejar un poco de sal en la dulzura de tus amigos. Y te lo agradecemos, claro está, porque la sal que has dejado no es poca y la dulzura que nos has brindado desde que te conocimos acrecentó en mucho el motorcito de la existencia que teníamos un poco olvidado. Gracias Martha por toda esa sal que repartes y gracias por compartir tu Bitácora del puerto”.

Martha Gutiérrez Núñez cursó el Diplomado de la SOGEM, fue presidenta de la Agrupación Ciudadana Manzanillense (Aciman) y es colaboradora de la sección cultural “Escapistas”, que aparece todos los domingos en las páginas del periódico El Noticiero. Ella agradeció la presencia del poeta Avelino Gómez Guzmán, director del Instituto Manzanillense de Cultura y organizador del evento. Al final del programa hicieron uso de la voz los amigos de la autora. El Director Honorario y Fundador de El Noticiero, Don Carlos Valdez Ramírez, la felicitó por su trabajo intelectual en bien de los porteños, además de ser una distinguida colaboradora de este matutino. El profesor y escritor, Hebert Sánchez Polanco, comentó que su obra narrativa es de una gran valía para las nuevas generaciones. La actriz y maestra de teatro, Cuquita de Anda, señaló sus virtudes como defensora de las causas más nobles en beneficio de la ciudad y puerto de Manzanillo, donde también fue gestora del centro cultural Casa Salagua.