La Tertulia


Mayahuel Hurtado.-

El teatro, donde el drama y la ficción hacen política

El teatro es el mejor escenario, ahí existen diversas perspectivas para apreciar el trabajo de los actores. Si trasladamos esta realidad a la política, nos encontraremos un escenario ideal para apreciar una puesta en escena, la cual titularemos “La guerra por la corona”, así es lo que se vive, lo que se percibe, las butacas están llenas, luneta, palcos primeros y segundos a tope, el taquillero, en este caso es Instituto Electoral del Estado de Colima (IEE), recibe las entradas para que todos puedan apreciar y definir quién dio la mejor actuación, a quién le otorgarán el mejor aplauso.

Todos toman sus asientos, “Juan Pueblo” se apremia a buscar entre gradas generales y luneta la manera más cómoda para apreciar el espectáculo; a la élite política y empresarial se le ve cómoda en los palcos, en los pasillos se escuchan los murmullos de lo que será esta historia y tras bambalinas, quienes dirigen la política en el estado, se apremian a ultimar detalles, nada puede quedar sin supervisión.

Se anuncia la tercera llamada, se abre el telón y se ve una silla de caoba, con un tallado en madera muy fino así como los detalles de las telas, solo una luz blanca forma un círculo alrededor de ella, se comienzan a ver manos en torno a ella, por lo menos son cinco pares de manos que la asedian, la recorren por todas partes, desde las patas, los brazos y el respaldo, de manera intempestiva hojas de periódicos comienzan a caer en el escenario, se oscurece todo, se escuchan las hojas al caer una carcajada malévola invade los muros donde se difracta el sonido.

Un círculo de luces azules permiten que en la parte derecha del escenario se ve un pez vela, en la parte central se ve una palma amarilla, los reflectores hacen que brille más su color, un poco más atrás se ve de color verde una panga. Las luces hacen un juego en el que pareciera que la panga verde flota en el escenario; acto seguido de esto imponente en la parte frontal izquierda del escenario se ve un pino majestuoso, nutrido y frondoso que llama la atención por los elementos anteriores y un poco detrás, con luces blancas se ve un pupitre con las siglas UdeC, tiene libros y cuadernos, un birrete y un globo terráqueo que gira de manera constante… todo es silencio, todo comienza a oscurecerse.

De pronto, al centro del escenario llega una corona enorme, con una joya preciosa al centro de ella, alrededor los símbolos de la escena anterior, arriban personajes diversos, comienzan a gritar varios nombres y apellidos: ¡Peralta! ¡Virgilio! …Otros gritan ¡Rangel! ¡Ochoa! ¡Arnoldo! Hacen círculos y los gritos de los nombres son diversos y comienzan a mezclarse, giros intermitentes, nombres constantes, el público fija sus pupilas y de pronto impera el silencio, diciendo ¿Quién lucha por esta corona? ¡Yo! Se escucha ensordecedor, “Juan Pueblo” apacible analiza los vestuarios y movimientos en el escenario, la clase política y empresarial concentrada en los palcos se inquieta ante el movimiento, todo se torna oscuro, todo es silencio, reflectores rojos invaden el escenario y al alumbrar el escenario permiten que se vean a los grupos diversos de personas empujar cada símbolo contra la corona, es una guerra por penetrar en ella, por poseerla, pues la corona solo es un muro falso que es parte de la escenografía, lo que hay dentro de ella es lo que se persiguen.

“La silla” está esperando por aquel grupo que esta demostración de fuerza y poder, sea capaz de poseerla, todos gritan los nombres de nuevo, todos empujan desesperados y ante la mirada del público, se cierra paulatinamente el telón mientras se escucha: “Esta es la lucha por la corona, donde el verdadero premio, es una silla, que logísticamente es parte muy preciada del tesoro nacional”…

Se termina de cerrar el telón, entre aplausos y júbilo, los asistentes esperan ansiosos a que se abra de nuevo. ¿Quiénes son y que harán para ganar? ¿Cuál será el monólogo, el diálogo directo o el soliloquio que logrará comprar el alma del espectador?, tras bambalinas se escucha mucho trabajo, el primer acto de cinco, acaba de concluir, esperemos el que sigue, amable lector, como le reitero, todo este trabajo es sin la intención de ofender a nadie, pero con la esperanza de que todos apreciemos las escenas, los actores y me permita, junto a usted, formular una opinión. Lo veo, querido lector, en el segundo acto.