La simplificación del terrorismo


Francisco Zea

 

Hemos entrado de forma abrupta a la época más oscura del terror. Más que por el número de muertos, por su espeluznante simplificación. Los atentados anteriores, desde el 11 de septiembre hasta los recientes en Bélgica, han requerido de un cierto nivel de sofisticación, de la participación de un grupo de personas y la coordinación entre los mismos. A veces han requerido la fabricación de explosivos, lo que lleva desde el aprendizaje en materia química hasta cómo conseguir los implementos, algunos de los cuales están restringidos y la sola búsqueda de los mismos pone en alerta a los servicios de inteligencia. Otras ocasiones una planeación sofisticada y cara como los pilotos suicidas del 11-9.

Lo que congela la sangre es la sencillez de este acto atroz y asqueroso, que dejó 84 muertos, entre ellos 10 niños que sólo querían presenciar los fuegos artificiales en Niza, con motivo de la conmemoración de la toma de La Bastilla, el corazón de la Costa Azul francesa. El centro neurálgico del turismo de esa parte de Francia, a escasos 15 minutos de Montecarlo, a 40 de Cannes y a dos horas cuando más de Saint-Tropez. Todas las ciudades mencionadas, los refugios favoritos de los ricos entre los ricos del mundo.

Este enfermo que fue abatido por la Policía rentó un camión, tomó clases de manejo una semana antes y enfrente del mítico Hotel Negresco, un monumento histórico del calibre del Hotel París de Mónaco, situado en el Paseo de los Ingleses y que data de 1912, recorrió dos kilómetro destazando gente, sintiendo los cuerpos por los que pasaban las llantas del vehículo, escuchando los gritos de dolor y pánico que la gente que iba quedando en un charco de sangre emitía.

Coincido con uno de los televidentes, musulmán, de Excélsior TV, en el sentido de que esto no es un acto de extremismo religioso, éste es el acto de un loco enfermo. De un verdadero asesino sediento de venganza, de dolor. Un acto criminal de la peor calaña y con todas las agravantes.

No puedo entender por el otro lado por qué nos conmiseramos de los franceses y su desgracia tanto en París como en Niza, de los belgas, y ante carnicerías equivalentes en Irak o Siria el mundo no se duele tanto, no manda condolencias con tanta rapidez. Hasta donde entiendo, las muertes duelen igual, la sangre que se derrama en una y otra latitud tiene la misma composición química. Es una doble moral difícil de entender.

Es evidente que los servicios de inteligencia francesa están pasando por un complejo momento. Por más que sea muy difícil prever la acción mortal de un lobo solitario, creo que el perfil del autor del atentado era suficientemente perturbador como para que algún cuerpo de seguridad tomara precauciones con su comportamiento.

Otro efecto perturbador es el conocido en inglés como “copycat”, es decir, un imitador. Cuántas personas con niveles equivalentes de estupidez y desadaptación encontrarán en esta simpleza de acto inspiración para matar al contado y velozmente a inocentes alejados totalmente de sus reivindicaciones y odios.

En estas épocas tan revueltas, en las que la confrontación está empezando a ser cosa de todos los días, resulta aún más peligroso. En este año se han asesinado a 36 policías en la Unión Americana, algunos de ellos como resultado directo de acciones, en las cuales los guardianes de la ley se convierten en auténticos pistoleros de dedos nerviosos en el gatillo. ¿Cuánto de todo este odio con un tufo evidente de racismo será responsabilidad del caudillo de cuello rojo de Trump? Es una pregunta que espero el electorado estadounidense explore antes de ir a las urnas.

Lejos de cualquier ánimo amarillista, me preocupa, de verdad, la posibilidad de que un acto de estas características y simpleza como el de Niza pueda ocurrir en México, dañando a inocentes. Sin dejar de lado lo ignominioso que resulta que se quemaron 49 bebés, mataron a 43 estudiantes, a adultos en un casino, a adultos mayores en un asilo y no hay un culpable.