La Panga


 

NO A LA VENTA DE COHETES EN EL ESTADO

Mayahuel Hurtado Ortiz

Debemos aprender de las desgracias, no esperar a que nos ocurran. Y es que basta ver el saldo demoledor de un descuido en el mercado de San Pablito, en el municipio de Tultepec en el Estado de México, catedral de la venta de cohetes, el cual propiciara una tragedia que ha empañado los festejos decembrinos en nuestro país.

¿Pero usted dimensiona cómo está diseñado el mercado de Tultepec? En algunos casos, los puestos son de material, como ladrillo, algunos otros son estructuras metálicas y la gran mayoría son puestos improvisados con palos, cajas y mantones para cubrirse del Sol, algo que alimenta, definitivamente, a un fuego que se aviva y que por una negligencia, o complicidad de las autoridades de Protección Civil de ese estado.

Nunca se activó un protocolo de seguridad en el que se garantizaran las mínimas normas de seguridad, tanto para los comerciantes como para los consumidores.

Voy a transcribirle textualmente una crónica que me cimbró sobre manera pues soy madre y es la referente a un niño de apenas tres meses de edad, quien podría ser, desde el martes pasado, un símbolo de la irresponsabilidad, porque si se hubiera actuado con la ley en la mano, la tragedia nunca habría ocurrido, pues en San Pablito no se cumplía las condiciones de seguridad elementales para la venta de cohetes.

“A tres meses de haber nacido, un pequeño murió a consecuencia de las heridas provocadas por las explosiones ocurridas el pasado martes en el tianguis de San Pablito, en Tultepec, donde su madre vendía pirotecnia.

“Eithan Farid Reyes Mancera, nacido el 21 de septiembre, se encontraba con su madre cuando se presentaron los trágicos sucesos en el mercado de San Pablito, donde más de 30 personas murieron y decenas se encuentran heridas y desaparecidas.

“Farid estaba en brazos de su madre cuando comenzó el siniestro en el famoso tianguis de pirotecnia, pero una piedra golpeó la cabeza de la mujer, perdiendo el conocimiento; cuando despertó ya no tenía al niño.

“La madre difundió en redes sociales la foto de su bebé, con la esperanza de encontrarlo con vida, misma que fue compartida miles de veces, sin éxito. Fue por la noche cuando el niño fue hallado en el hospital Vicente Villada, de Cuautitlán, hasta donde fue trasladado por paramédicos que lo rescataron; sin embargo ya había fallecido.

“El niño Reyes nació el 21 de septiembre, fecha en la que le daban pocas esperanza de vida debido a una condición médica con la que nació, la cual obligó a practicarle una operación al nacer, la cual le dejó una cicatriz de cerca de 7 centímetros en el vientre, la cual ayudó a los rescatistas a su identificación.

“El bebé fue la víctima mortal más pequeña y se suma a las más de 30 que hasta el momento se reportan por la explosión en Tultepec, una de las tragedias más grandes en la historia del Estado de México”.

Hasta ahí el texto, querido lector. Y aunque muchas personas amantes de la pirotecnia cada año se aglutinan en los diferentes puestos del estado de Colima, para adquirir bombas humo, buscapiés, chifladores, cebollitas, cañoncitos, marcianos, barrenos, cohetes, palomitas y atuneros, entre una gran variedad de artefactos explosivos, hoy les pido que antes de comprar un cohete recuerden que una tragedia le arrebató en un segundo la vida a un bebé de apenas tres meses, pero en esa tragedia, de acuerdo con los datos oficiales de las autoridades, murieron otros nueve niños y esto nos debe dejar una enseñanza muy dura de que la pirotecnia no debe ser parte de los festejos de nuestro México, debido a que no es la primera vez que una explosión así se registra, tampoco es la primera vez que alguien acude al servicio médico de urgencias con un niño en brazos a quien le detonó cerca un artefacto de estos.

Son muchos los casos de niños y adolescentes que han quedado sordos, e incluso han perdido la vista y algunos otros han quedado con quemaduras en todo su cuerpo como resultado de la quema de cohetitos. Nunca he sabido que alguien haya pisado la cárcel como presunto responsable de haber venido o detonado estos artefactos.

Creo que se debe poner a trabajar muy seriamente el Poder Legislativo para regular la venta de cohetes y limitarla exclusivamente a las autoridades municipales y estatales para sus festejos, de igual forma, a las empresas que ofrecen servicios turísticos para sus eventos.

Sólo las personas que saben manejar explosivos deben estar detonando cohetes y no son tortillas señores, como para que se vendan libremente y sin regulación alguna en un tianguis que se convirtió en una bomba de tiempo que arrancó la vida a 10 niños y a 23 adultos.

No es nada agradable festejar la Navidad con el coheterío a sabiendas de que en esas acciones estamos arriesgando a nuestros niños. Esperemos de nuestras autoridades un análisis serio del tema para la prohibición definitiva de la venta de cohetes. Y elevo un réquiem para los acaecidos en la trágica tarde de la explosión de San Pablito, que si yo hubiese pasado 24 horas después por ese lugar, quizás sería parte de las estadísticas de muertos.

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