La feria de Zapotlán… en “La feria” de Arreola


Fernando G. Castolo*

Tercera parte

Para nosotros, la fiesta de San José es, pues, la culminación del proceso del esencial alimento que tendremos durante los siguientes 12 meses.

Año con año la narración del origen de la fiesta de San José es repetida en las iglesias y remozada en los cuentos que los viejos relatan a los niños. En todas las versiones el origen refiere a una especie de mito de fundación de la sociedad zapotlense.

Estrictamente, deberíamos hablar de una leyenda y no de un mito, puesto que las narraciones sobre la invención de la imagen de San José se sitúan en el tiempo histórico, es decir, en algo tangible y real; sin embargo, esta narración sólo tiene sentido en el contexto de un conjunto de categorías cosmológicas que trascienden la historia. Esta versión coincidente se aborda en La feria.

“Señor San José llegó a Zapotlán de un modo muy humilde y misterioso…” [6], con este texto (fragmento 20) inicia Arreola el acontecer histórico del Santo Patrono en la vida del pueblo. Obviamente, él se adhiere y es fiel a la postura costumbrista que se tiene en torno al origen de la enigmática escultura, tanto por ser la línea de la obra como por prolongar una creencia que hoy es el resultado de un desbordamiento fanático y frenético de la población local y flotante que invaden las calles de la ciudad.

Arreola señala la fecha del acontecimiento en 1745*, un año que nada tiene que ver con el que siempre se ha manejado: 1747, fecha en que, según se cree, se realiza el primer acto protocolario al patriarca josefino. A pesar de ello, es sorprendente, cuando menos para aquellos que manejamos la historia a partir de una investigación científica, el conocimiento de Arreola sobre los documentos que dan fe del origen de la fiesta, al citar el preámbulo de la jura efectuada a Señor San José por el pueblo de Zapotlán el 14 de diciembre de 1749[7].

Enseguida, narra el penoso incidente que sufriera la escultura al caer, a consecuencia de fuerte viento, de su altar, y quedarle roto el cráneo de donde se sustrajo un papel que testificaba la hechura de la hermosa talla de madera en Guatemala… Hecho que, según don Esteban Cibrián, fue en 1909, siendo inmediatamente reparada por el Pbro. Enrique Gómez Villalobos, aquel que construyó el gótico templo de San Antonio.

Entre las narraciones históricas locales que Arreola dibuja en “La feria”, intercala cuadros bíblicos, no necesariamente pertenecientes al Antiguo Testamento (se apoya mucho en las versiones apócrifas), sobre la edificante vida del Santo Varón… Y, cómo es que, según ya lo hemos señalado en repetidas ocasiones, su culto se incorpora de manera tardía al santoral que establece la Iglesia Católica; y de qué manera (habla San José):

“… Fíjense ustedes. En 1869 algunos obispos y fieles pidieron que se incluyera mi nombre en el Ordo Missae, y que yo figurara antes que San Juan Bautista en las Litaniae Sanctorum. Esta curiosa demanda se repitió en el Primer Concilio Vaticano, y Pío IX decidió sin más proclamarme patrono de la iglesia universal por encima de los apóstoles Pedro y Pablo, cosa que a mí me parece exagerada…” [8]

[6] ARREOLA, Juan José: La feria, Joaquín Mortiz, México, D. F., 1963, pp. 17.

*Sabemos por la misma Poot y por Vicente Preciado el exquisito manejo de la compleja narración de la obra que evita en todo momento los obvismos, manejándose situaciones, datos y datas de manera certera pero velada.

[7] Este documento fue publicado inicialmente, de forma fragmentada, en LÓPEZ, Ramón: Reseña de la Gran Fiesta Religiosa de Zapotlán el Grande a su venerado y excelso Patrono el castísimo y gloriosísimo Patriarca Sr. San José, verificada en octubre de 1890, Tip. de la “Torre Eiffel”, de Francisco Torres y Cia., Guadalajara, Jal., 1891, pp. 7-9; y, posteriormente, de forma íntegra en ARREOLA, José María: “Texto del Juramento de 1749”, en El Faro, tomo 1, número 24, Ciudad Guzmán, Jal., octubre 27 de 1895, pp. 2-3.

[8] ARREOLA, Op. Cit., pp. 20.

Cronista de Ciudad Guzmán*