La civilización es obra de todos


Antonio Flores Galicia.-

Es urgente tener ante nosotros lo referente a la civilización, porque la civilización somos nosotros y nuestro actuar. Nos gusta opinar, criticar, pedir, lamentarnos, etc., pero olvidamos que la sociedad es como la hagamos. Es responsabilidad de todos. Urge el concepto de civilización, la cuestión de la existencia o no de una civilización universal; la relación entre el poder y la cultura; el cambiante equilibrio del poder entre las civilizaciones; la indigenización cultural en las sociedades; la estructura política de las civilizaciones; los conflictos generados por el universalismo occidental en los últimos años; las causas y dinámicas de las guerras; el futuro que se quiere para las naciones.

Esto es más urgente ahora que los medios de comunicación se han perfeccionado. Primero, todo se medía por milenios, luego mitad de ellos, después llegó el tiempo los siglos y, actualmente, año tras año lo que se tiene y la actuación que se necesita en lo universal.

Urge recordar, para mejorar, los choques de civilizaciones que han sido necesarios para la defensa de oponentes para la paz del mundo; interpretar la evolución de la política en el campo internacional; ver lo necesario para que haya un orden internacional, basado en las civilizaciones, como garantía segura para la paz mundial. Entendamos la política global desde el siglo pasado. No es cuestión de gustos.

La política global es a la vez multipolar y multicivilizacional. La modernización económica y social no está produciendo ni una civilización universal en sentido significativo ni la occidentalización de las sociedades no occidentales. Estamos mal en el equilibrio de poder entre civilizaciones, se está perdiendo influencia, al buscar aumento y fuerza de la economía, militarizar la economía y la política.

La política global se ha vuelto multipolar y multicivilizacional. La gente se defiende desde el punto de vista de la genealogía, la religión, la lengua, la historia, los valores, las costumbres y las instituciones. Qué bueno tener y defender lo propio, pero qué mal olvidar y rechazar los valores de los otros.

Hay identificación de grupos políticos para definir su identidad. Urge saber quiénes somos y ante quiénes estamos. Cuidado con la política de etnicidad y política de civilizaciones. Otra vez: La sociedad es el conjunto, no las partes, menos la conveniencia de una de las partes. Recordemos cuánto mal han traídos a los reinos, los países y los pueblos con imposición o desprecio por razones ideológicas o parentesco cultural. Cuántos conflictos se han generado por aspectos culturales, más que económicos e ideológicos. Siempre urge tener ante nosotros el “qué” y el “cómo”, para progresar. Mucho estorban el orgullo y la conveniencia y, detrás de todo está el desequilibrio de la persona.

La cultura es a la vez una fuerza divisiva y unificadora. Los países con afinidades culturales colaboran económica y políticamente y, los países que tienen como centro la religión, se oponen. Se pierden los valores de los países que tienen diferentes creencias religiosas. Jamás se ayudarán los pueblos musulmanes, los ortodoxos, los budistas, los cristianos, los protestantes, etc.

Actualmente hasta grupos están contra los otros por ser de diferente religión, en un una pequeña ciudad. Igualmente en la política. Cómo luchan por derribar a los partidos diferentes al propio, olvidando que primero está el país. En el aspecto de religiones, no importa Dios, sino lo que le conviene a su religión; en la política, no preocupa la nación, sino que gane el propio partido político y, lo peor, también dentro del partido se combaten los miembros olvidando el bien del partido; en la familia, olvidan la urgencia de la unidad buscando el bien; las parroquias quieren el dinero de las otras: Denme a mí, yo pido por ustedes. Así estamos.

Recordemos, cosmovisiones y teorías causales que son guía indispensable para la política internacional. Si queremos progreso, urge ordenar la realidad y hacer generalizaciones acerca de ella; entender las relaciones causales entre fenómenos; prever y predecir acontecimientos futuros; distinguir lo que es importante de lo que no lo es; indicarnos qué pasos se deben dar para lograr los objetivos.

Por eso me río de programas que aparecen actualmente, son un verdadero “cochinero” y entregados como gran programación de intelectuales y conocedores de lo que hacen. Así las cosas.