Juventud en riesgo

TAREA PÚBLICA | Foto: Especial

La pandemia actual ha impactado la vida moderna y causado estragos aún en los países con gran potencial económico como Estados Unidos, China, Francia, Italia, España y Alemania, cuyos mandatarios están todavía sorprendidos porque no esperaban lo dañino del Covid 19, cuya presencia minimizaron al igualarlo con una tos o una gripe. Hay una imagen del exmandatario Donald Trump que, en la semana de más muertes en Nueva York, jugaba golf en una de sus propiedades muy quitado de la pena; ya vimos cómo su apatía le costó perder la reelección de noviembre próximo. Los estadunidenses no le perdonaron muchas cosas, entre ellas su apatía frente a la pandemia.

A todo mundo ha afectado el Covid. La economía, actividad fundamental que apuntala la generación de riqueza, está hoy sumamente desequilibrada. En el terreno educativo, el desfase que habrá será enorme. Solo los más pudientes accederán a una educación mejor. Más desigualdad e injusticia será el impacto notorio de la crisis por venir. Un Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo confirmó a El Universal que 800 mil estudiantes dejarán las aulas en el tránsito de Secundaria a Prepa, 593 mil abandonará la Universidad y 38,567 dejarán el nivel de postgrado. En total, 1.4 millones. Catástrofe.

Precisamente, con base en la emergencia educativa tras la pandemia de covid-19, el rector de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Eduardo Peñalosa Castro, reconoció que los jóvenes son el “eslabón más débil” de toda la problemática: desposeídos en términos económicos y vulnerables emocionalmente.

En ese centro de estudio, se atiende a un sector de población en la que hay algunos jóvenes que están en la clase media, pero muchos en la clase más baja. La situación que hoy afecta muchísimo la capacidad económica que tienen los alumnos. La otra es la realidad emocional, el alumno generalmente va a tener problemas de ansiedad, de depresión, porque no sabe cuál pueda ser el futuro. De ello se deriva la posibilidad de que crezca la deserción en esos grupos sociales que tienen economía exigua y que ante las difcultades tendrán que salir de la escuela para dedicarse a la subsistencia y acaso al apoyo de sus familias.

En la expresión de ese académico está expuesto el deterioro social que viene. La educación se verá más como mercancía que como motor del desarrollo humano. Se formarán mejor los más pudientes y los hijos de las clases adineradas se irán de México a estudiar con mejores condiciones.

Si hay deserción escolar, que es el efecto más crudo y esperado, se multiplicarán los fenómenos perjudiciales para todos: desde el desempleo que impactará a las familias en general, hasta el reclutamiento de jóvenes por el crimen organizado que ofrece dinero fácil y rápido y sin estudiar pero a la vez una vida de violencia y corta duración.

Menuda tarea tiene el gobierno frente a este problema que, sin embargo, interesa a todos. Nuestros jóvenes tienen que estar en las escuelas, en el deporte, en actividades útiles que moldean a la persona, no en las calles sin tener que hacer, esperando cómo pueden hacerse de recursos sin trabajar decentemente.

Ese problema merece la atención máxima. Parte de él es el programa presidencial de “jóvenes construyendo el futuro”, pero no es suficiente. Hay datos que muestran su inefectividad en algunas regiones y sectores. No todos los beneficiados están donde deben estar ni están recibiendo la capacitación debida ni todos los empresarios actúan con responsabilidad. La realidad supera cualquier tipo de planeación cuando hay otras maneras de ver la vida por parte de personas poco acostumbradas a pensar en el país antes que en ellos mismos.

Lo peor que puede ocurrir es que el daño educativo nos haga retroceder a épocas superadas. México requiere las mejores inteligencias para generar riqueza, más cohesión, más orden jurídico. Hace algunos meses, caso insólito, hubo un acuerdo de participación de ricos concesionarios de medios a favor de la educación vía televisión y radio, comprobándose que es posible avanzar aunque haya ideologías o intereses diversos encontrados entre sí; cuando se tiene una compresión superior acerca de la necesidad de impulsar el crecimiento y el desarrollo económico buscando establecer el factor de la justicia y la igualdad, sí es posible la armonización de intereses opuestos.