Jorge Luis Preciado: Conocí el triunfo, también el hambre


Carlos Valdez Ramírez.-

Jorge Luis Preciado, precandidato a la gubernatura del PAN nos reveló aspectos inéditos de su vida, su lado humano y sus sueños, “de joven, ni siquiera soñé con llegar a donde estoy ahora, hubo días en que me levantaba y no tenía qué comer en todo el día, sólo comía un pedazo de bolillo con queso, chile jalapeño y un refresco y mi preocupación consistía en cómo obtener unos pesos para sacar adelante a mi familia”, dijo.

Lo anterior a pregunta expresa de si soñaba con un día llegar a ser coordinador de la bancada panista del Senado de la República y agregó: “cuando se tiene hambre y se trabaja como yo lo hice, no se tiene tiempo para pensar que un día se podrá llegar a ser senador o candidato a gobernador;  en ese tiempo aspiraba a otras cosas, vendí muebles casa por casa, que llegaban a pesar 35 kilos y al medio día buscaba la sombra de un árbol, me quitaba la camisa y me recostaba en la banqueta fría y entonces pensaba, que cuando algún día llegara a tener dinero me iría a todos los arbolitos para protegerme de los inclementes rayos solares y disfrutar bajo sus sombras”, refirió el Senador con licencia.

Hizo un relato de una vida complicada, particularmente de su niñez y juventud, aduciendo que desde los 9 años trabajaba vendiendo pan, burritos, ceviche, pasteles y todo lo que su mamá preparaba, “tenía mis clientes en el jardín y en el río a donde la gente acostumbraba ir los fines de semana, mi vida siempre fue de trabajo, por eso nada me asusta porque sé hacer de todo”, explicó.

Recordó con nostalgia el tiempo en que vendió pan, “trabajaba  con un señor que se llamaba Juan, esposo de Concha, en la colonia ejidal, surtía en las tienditas, me pagaban con ocho piezas de pan y un peso con diez centavos por semana, por lo menos con eso ya desayunábamos  mi madre y mi hermana.

Como sus recursos no eran suficientes para mantener a la familia, tenía que trabajar el resto del día en el campo, donde obtenía un dinero extra que le permitía cubrir apenas sus necesidades.

Abundó en el tema, diciendo que trabajó sembrando, desahijando, encamando, fertilizando, cortando calabaza, pepino, jitomate, melón y sandía con un ayate, que todavía usan los campesinos, “se trata de un costal dividido en cuatro que se encuentra unido en las esquinas, para hacer la pisca se lo cruzaban al pecho y de esa forma cortaba el melón y cuando era lo bastante pesado, lo llevábamos con los encargados de recibir la fruta”.

También nos comentó, que una de las actividades del campo que más se le dificultaba era cortar limón, lo hacíamos con las manos y las espinas le rasgaban la piel y era muy doloroso, pero era la única forma de reunir la mayor cantidad posible, pues les pagaban por caja.

Indicó que también fue cobrador y trabajó dos años en un taller mecánico, siempre alentando por las ganas de superarse decidió estudiar la secundaria y bachillerato en el horario nocturno, posteriormente ingresó a la Facultad de Derecho, pero sólo llegó a tercer semestre porque se le acabó el dinero para pagar sus estudios.

Abundó que en esa época ya tenía dos hijos qué mantener, producto de una relación de noviazgo,  “nos fuimos a vivir juntos cuando ella tenía 19 años y yo 17, habitamos una vecindad de la colonia Fátima, en Juan de Dios Peza número 12, interior 4, todavía lo recuerdo, eso fue hace 25 años, a veces llego a la vecindad, donde por cierto nadie de los que yo conocí viven allí, pero conservo fotos porque son parte de mi vida”.