Iguala y lo inexplicable


Yuriria Sierra.-

Es histórico, en Guerrero ha habido, desde hace años, todo tipo de violencia. Toda añeja. Desde los antiguos cacicazgos, desde la guerrilla de Lucio Cabañas (egresado, por cierto, de la Normal de Ayotzinapa) hasta la más reciente con el EPR y el Erpi. Y, por supuesto, tampoco es nuevo que al interior del estado habitan varias células del narco. Y, mucho menos, que éstas hayan infiltrado a los cuerpos policiacos o, incluso, las estructuras mismas de los gobiernos locales.

Recordemos el caso de Rogaciano Alba, ex edil de Petatlán, asociado lo mismo a “El Chapo” Guzmán que a La Familia Michoacana. Y ahora, tras la caída de varios de los cabecillas de los cárteles más importantes del país (el mismo “Chapo”, y antes de él los Beltrán Leyva, Los Zetas, etcétera) y la estrategia para cerrar todas las rutas michoacanas, son varios grupos de narcotraficantes (al menos nueve, identificados por la PGR) los que se disputan el control del estado. Y en Iguala particularmente dos: Guerreros Unidos y Los Rojos…

Y en la pesadilla que se vive en ese municipio desde la semana pasada, son más las preguntas que las respuestas. Han sido días tristísimos y angustiantes no sólo para las familias de los estudiantes de Ayotzinapa, sino para el país entero.

La coyuntura nos vacía el estómago cuando vemos que son civiles, jóvenes civiles, estudiantes, las víctimas de un ataque que, a sangre fría y con la mayor saña posible, les segó la vida (se destroza el alma de ver la fotografía, por ejemplo, del joven Julio César Mondragón, con el rostro desollado, el cráneo a la vista).

Es inexplicable el silencio de Angel Aguirre los primeros tres días. Es absurdo que, hoy, el alcalde de Iguala tenga licencia de su cargo: Permiso también inexplicable que le permitió darse a la fuga. De manera tersa, sin contratiempo alguno. Es inconcebible y profundamente doloroso el salvajismo de las ejecuciones. Inexplicable todo.

El porqué del hecho sigue siendo una pregunta que no ha sido contestada. El móvil. Las posibles respuestas dan para una larga lista de indagatorias que hoy ya fueron atraídas por la Procuraduría de Jesús Murillo Karam. Aunque, para todos, es evidente que todas aquellas posibilidades que se investigan se dirigen a la enorme maraña de nexos que han salido a la luz de personajes políticos conocidos en la región y que ya planeaban los siguientes pasos en su carrera hacia el poder.

Desde hace varios años se señaló que José Luis Abarca, el alcalde prófugo, estaba vinculado a células del crimen organizado. Antes de los hechos recientes en Iguala, cuando sucedió el asesinato contra Arturo Hernández Cardona en mayo de 2013, Dolores Padierna instó a las autoridades federales y a su dirigencia partidista para que comenzaran una investigación sobre la figura de Abarca, pero este tema sólo tuvo un acuse de recibo y no pasó nada.

A Carlos Navarrete le toca un complicado inicio de su periodo como líder nacional del PRD. Aunque ya con los primeros movimientos, como el de la expulsión de sus filas del alcalde prófugo, es ya una obligación del partido que desmenuce todo lo que corresponda para sacar de sus filas a cualquier personaje con señalamientos como los que tiene éste. Y sí, tal como lo dijo Navarrete, debería ser obligación de todos los partidos. ¿O hay que esperar un caso tan terrible como el que hoy se vive en Guerrero?

Ya los diputados proponen una comisión especial para que siga el caso de Ayotzinapa. Ya Enrique Peña Nieto hizo otro llamado para que las autoridades del estado se pongan a hacer su trabajo. Ya la PGR atrajo también el caso. Será que esperan la confirmación de la investigación que genere la identidad de los cuerpos encontrados en las fosas descubiertas el fin de semana.

Lo cierto es que lo de Ayotzinapa es una tragedia mayúscula que pone de manifiesto que la guerra contra el narco no se gana cortando las cabezas de sus liderazgos. Por realidades como las de Guerrero y Michoacán… y Tamaulipas… y Chihuahua y… y… es que urge que se pongan sobre la mesa nuevas posibilidades de ataque al crimen organizado. Tal vez la legalización como probable única vía para la paz. O tal vez no. O quién sabe. Pero que se discutan. Que las autoridades agreguen nuevas fórmulas a sus estrategias, porque éstas, tal y como han operado hasta hoy, resultan no sólo insuficientes, sino inevitablemente polarizantes en la opinión pública.

El poder del narco, no por su atomización tras las grandes capturas y caídas, ha dejado de tener el efecto corruptor que ha tenido desde hace décadas. Pero sí, por el contrario, ha recrudecido su brutalidad y su insolencia. Las redes corruptoras del narco simplemente se han diversificado: No han desaparecido, no se han atemperado. Hace unos años las narcofosas de San Fernando, hoy, otro alcalde prófugo y varios jóvenes normalistas muertos, y otros desaparecidos (muy probablemente muertos).

El gobierno de Peña Nieto sabía que con bajarle de volumen en el discurso oficial no bastaría ni bajaría la intensidad de la violencia. Ya es hora de dar un golpe de timón y poner nuevos debates y estrategias sobre la mesa: Porque, al final, todos, perredistas, panistas y priístas tendrían que desear no verse más en la necesidad de arrodillarse ante el crimen organizado… Que no lo desearan así, y con urgencia, me es completamente inexplicable.