Homilía: Vengan a mí todos


Antonio Flores Galicia.-

Estamos en la Cuaresma, tiempo en el que la iglesia nos invita a dos cosas: A que estemos con  Cristo y a que invitemos a los más que sea posible a que estén con Él. Desde el Miércoles de Ceniza se nos está insistiendo en eso: Yo, con Cristo e invitar a los más.

Lo primero que se ocupa es examinarnos, ser sinceros y decir cómo estamos, por qué perdemos el tiempo buscando culpables. Cuando somos jóvenes, decimos que los culpables son nuestros padres, los maestros y las personas que nos rodean. Ya de grandes, siendo hasta profesionistas o jefes, la culpa, decimos, es  de todo lo que hace la sociedad, sin ver lo que debe hacer: La patria, el ejército, la iglesia, la pareja matrimonial, etc. Pero, nosotros decimos que estamos bien y no nos queda más que defendernos. Qué cosas. Por eso nuestra sociedad y cada uno de nosotros, no avanzamos y  nacen grandes defectos en nuestra personalidad y sociedad que formamos.

Qué importante lo que leemos en el libro, Joel (2,13): “Desgarren su corazón y no sus vestiduras”.

Allí está la clave del éxito: Quién soy, cómo es mi entorno, qué debo hacer. Cuántas personas, en los pueblos y calles de ciudades, lo único que hacen es conocer y comentar las maldades de los otros. En una parroquia, como en todas a las que llegué, el gran problema que debí vencer fue el quitar de enfrente a las personas acostumbradas a juzgar y exigir que se hiciera lo que “santamente” hacían ellas. Allí está la clave, desgarrar el corazón. Seamos valientes, decididos: “Nada ganas con llorar”. Hemos degenerado nuestro entorno, estamos llenos de desviaciones en nuestra personalidad y por eso hicimos un entorno degenerado: Que el gobierno, que la iglesia, que mi comadre. Cuidado.

 Cuánto importa oír a Cristo. Aunque no creas en Él, ten en cuenta lo que hoy te dice: “Ten cuidado de no practicar tus obras de piedad delante de los hombres para que te vean”. Cuántos creen que están alabando a Dios con actos que realizan, porque les gustan, se sienten contentos y santos, les da buena economía, pero a Cristo nada le están dando: “Cuando ayunes, perfúmate la cabeza, lávate la cara, para que no sepa la gente que estás ayunando, sino tu Padre (Dios) que está en lo secreto”. ¿Y qué acciones debemos practicar?:  La justicia, pero no para que nos vean; ayudar a los necesitados, pero no para que voten por nosotros; dar limosna, pero no para que te tengan como santo; orar a Dios, pero no para que diga la gente que eres una persona de gran fe o para que te pongan de jefe en tu grupo parroquial; ayudar y realizar sacrificios, pero no para que te imagines que eres bueno, sino para que aumente tu fe y tu amor a Dios.

   Cuánta desviación. En una reunión de sacerdotes, preparando la Semana Santa, cuánto alabaron e imitaron el consejo de un sacerdote: “El Sábado Santo, compren unas mil pequeñas botellitas y las venden a cincuenta pesos, con agua bendita, en la entrada de su parroquia, les irá bien”. Lo felicitaron. En secreto investigué y aceptaron muchos su consejo. Bien, ¿eso es estar con Cristo?

   Recuerda lo que se te dijo cuando te impusieron la ceniza el miércoles pasado: “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”. Responde si después de la ceniza ya te confesaste, ya comulgaste, ya resolviste los problemas familiares, ya se tiene una vida auténticamente cristiana en tu hogar. Si tienes necesidad de perdón, si ocupas aclaración para resolver tus problemas, realiza todo, sin disculpas que te lleven a seguir siendo el mismo que antes eras. No olvides, nada ganas con culpar a otros. Eres tú el responsables de ti mismo. Dios que ve lo secreto, te recompensará. No digas “enseguida” ni “al año que viene”, a lo mejor en pocos días te llama el Señor. Y, diariamente preocúpate por ver a cuántos has acercado al Señor. Ve cuántas personas están desviadas en su conducta y necesitan corregirse, para que las ayudes.