Homilía: TIEMPO LITURGICO DE ADVIENTO


Antonio Flores Galicia

Estamos en el tiempo litúrgico de Adviento. Es el tiempo en el que se nos invita a conocer más y a prepararnos para celebrar la Navidad. El tiempo en el que Cristo estuvo en la Tierra realizando la redención de la humanidad. El Hijo de Dios se hizo hombre, tomó cuerpo humano, predicó, curó, nos dijo cómo debíamos vivir, sanó a muchos y a muchos resucitó, murió en la cruz, resucitó al tercer día para demostrar a la humanidad que todo estaba sucediendo, planeado por Dios y no eran cosas al gusto de la gente; todo era previsto y controlado por el Redentor para bien de la humanidad, que no eran coincidencias.

Cuántos errores se tienen de esto del Adviento y la Navidad. Hemos hecho un tiempo en el que se gasta tiempo y dinero, hay gustos y conveniencias, pero tiramos la verdad.

Cuánto aumentaron cantos, rezos, hasta lloros y risas. Creemos que todo se resuelve con flores y globos, con piñatas y regalos. La verdad se ha tirado. Cristo no vino a pedir ni les dijo a las personas que le dieran monedas y los iba a ayudar. Los sacramentos son para hacernos hijos de Dios, para darnos ayuda, para ser de El. Lo importante será cómo vivamos, igual que los enfermos, los ciegos y paralíticos que llegaban ante él. No cobraba por dar la vida material ni espiritual. Mucho cuidado, seguidores de Cristo. Cuántas desviaciones podría escribir.

Hoy se nos dice que cuando venga el hijo del hombre ya hubo muchos llamados a la humanidad, buscando una conducta digna de las personas aquí en la tierra, pero no han hecho caso. Hubo un diluvio, ayudó a la humanidad con encomiendas y ayudas a Noé, se resolvieron problemas, pero la gente sigue sintiéndose dueña de la Tierra. Cristo dijo a los que lo seguían, cómo se comportaran: “Velen, pues, y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor. Tengan por cierto que si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se metiera por un boquete a su casa. También ustedes estén preparados, porque a la hora que menos piensen, vendrá el hijo del hombre”. O sea, es importante nuestra actuación, lo que hagamos mientras tengamos vida.

Cuánto tiempo, dinero y esfuerzo utilizamos para convivencias, caprichos, represalias, venganzas. Se nos olvida que vamos a morir y lo dejaremos todo. También los emperadores, los Papas y los obispos, los representantes municipales y los sacerdotes mueren y nadie se lleva nada que utilizó en vida. Debemos tener ante nosotros: Cómo hicimos a nuestra patria, a nuestra ciudad, a nuestra familia, a nuestros alumnos, a nuestra sociedad, a nuestra comunidad cristiana. En lugar de contar cuánto dinero se gastó, examina a cuántos ayudaste, predicaste, diste sacramentos. Qué diste. Te vas a llevar cómo actuaste, no la materia que diste.

Hoy nos dice Cristo: “Estén preparados, porque a la hora que menos lo piensen, vendrá el hijo del hombre”. Examina cómo están tus gobernados, tu familia, los de tu parroquia, los de tu escuela, tu negocio. No pierdas tus días en lo que dejarás. Qué hermosa expresión: “¿Qué le daré al Señor por todo el bien que me ha hecho?”.

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