Homilía: Te conviene oír a Cristo


 

Antonio Flores Galicia

En la Navidad celebramos la venida de Dios al mundo. Nos alegramos, comentamos y festejamos grandemente el nacimiento del Hijo de Dios hecho hombre para redimirnos; su entrada en la historia, su encuentro con los hombres; la palabra que se hizo carne y estuvo en nuestro mundo físicamente. Pero mucho olvidamos que es el cordero de Dios hecho hombre para quitar el pecado del mundo; el cordero que tiró su sangre para liberarnos; representa el paso de la vida a la muerte, de las tinieblas a la luz de la humanidad reconocida y redimida, el enviado del Padre que representa con su vida, la Pascua de la Nueva Alianza y de la nueva libertad de los hijos de Dios. Cuánta realidad existe detrás de nuestros festejos.

Cristo vino para salvarnos, para sacarnos de tantos errores que año con año y lugar con lugar fueron apareciendo y aumentando en todo el orbe. Pero Cristo “fue herido por nuestras faltas, molido por nuestras culpas. Soportó el castigo que nos regenera y fuimos curados por sus heridas” (Is.53, 15). Ya no es el rescate de un pueblo de la esclavitud cargando en sus espaldas todos sus pecados, representa y paga por todos. Fue sacrificado por nuestros pecados. Pero cuidado, muchos saben todo esto y buscan el perdón, pero continúan en una vida de maldades.

Hoy se nos ofrece una síntesis de nuestra fe, en donde el pasado confirma el futuro. Las profecías que se tienen en la Biblia son parte de las promesas de Dios a la humanidad. Debemos reconocer que muchas veces fallamos. Que esté delante de nuestra actuación el vivir lo que se nos dice. Nada de solamente prometer, pero continuar una vida llena de erros y maldades. “Al que está con Dios, nada le falta”. Que esté con nosotros “la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre”. Escucha nuestras plegarias y nos dice: “Aquí estoy”. Que su ley esté en nuestro corazón; anunciemos su justicia; no cerremos nuestros ojos. Cristo se hizo hombre y habitó entre nosotros, y a todos los que lo reciben, les concede llegar a ser hijos de Dios.

Cristo no escapó a las críticas, fue blanco constante de los comentarios adversos que solían hacer los escribas y los fariseos, muchos de los cuales se la pasaban espiándolo y poniendo mucha atención en la que enseñaba, no para asimilar la doctrina del Maestro, sino para encontrar motivos para criticarlo. Les incomodaba sobremanera que Jesús no le diese importancia a ritos y tradiciones secundarias y que ellos promovían con rigorismo, por ejemplo, ciertas normas relativas al descanso sabatino: “El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado”. Cuidado con el gusto por el dinero que poco a poco va hasta haciendo leyes. En una parte del mundo, tres copias de actas de bautismo, me costaron mil pesos. Así estamos actualmente.

En una ocasión, los fariseos criticaron a Cristo porque no les obligó a sus discípulos la ley del ayuno y Jesús les invitó a que tuvieran una mente más abierta y una actitud receptiva de su testimonio: “A vino nuevo, odres nuevos”, dándoles a entender que nada captarían de la novedad de su mensaje si mantenían actitudes envejecidas y cerradas. Cristo reclama actitudes nuevas, abiertas, independientes de la edad; urge hacer lo que se debe cualquiera que sean el tiempo o la edad. Ténganse actitudes necesarias, no convenencieras. Si hace 50 años se hacía en la parroquia algo que ahora sólo trae conveniencias, hay que quitarlo. Imaginemos lo que vendrá si se quitan normas que fueron necesarias cuando hicieron la Constitución.

Se el primero en comentar en "Homilía: Te conviene oír a Cristo"

Deja un comentario

Tu correo electronico no sera publicado.