Homilía: “Señor, ten compasión de mí”.


Antonio Flores Galicia.-

La mujer de la que nos habla el evangelio, demuestra que está segura de que Jesús puede curar a su hija. Cristo no le hizo caso, le dio una expresión mala y casi ofensiva. Pero, ella siguió gritando. Los discípulos intercedieron por ella, pero Jesús continuó hasta con palabras ofensivas, la llamó perra. Cuánta enseñanza tenemos hoy: Que tengamos  fe firme, actuar con firmeza y sin dudar, no nos vaya a decir: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”. Dominar tanto que existe para que dudemos y hasta para que perdamos nuestra fe y cambiemos de religión. Nos conviene estar con Cristo. Te aconsejo, progresarás.

La mujer, no se retiró, hasta se arrodilló y renovó su petición: “Señor, ayúdame”. Esa  actuación de Cristo. Le dijeron los apóstoles: “Atiéndela, viene gritando”.  Cristo continuó su camino. Allí está clara la responsabilidad personal. Está bien pedir por los otros, pero debe buscarse que la persona se acerque a Cristo, pues es responsable de sí. Por eso, es urgente que se arreglen los problemas matrimoniales, las desviaciones sexuales de los hijos, las necesidades personales, no estar esperando que se mueran para llevarles coronas, llorar mucho y hasta llevarles mariachi. Cuánta  desviación se tiene en esto de no tener presente que somos juzgados al morir, que es importante la actuación en vida: “Nada ganas con llorar”.

Cristo pide ahora una actuación personal, porque cada uno es responsable de su destino: “Mi hija está atormentada por un demonio” y Cristo no gritó contra él; “viene gritando”, dijeron los apóstoles y Cristo, “yo no he sido enviado sino a las ovejas”. Cristo sabía que la mujer necesitaba su ayuda y que podía darla, pero urgía la actuación de la mujer, que de “descarriada”, fuera  persona de “gran fe”. Le dijo “perra” y ella insistió, “ayúdame”. Aceptó que era perra, descarriada, pero creía, aceptaba a Cristo, sabía que todo lo tendría de él, que ocupaba su ayuda. Eso es ser responsables de nosotros mismos.

Se ocupa  decir: “Todo lo puedo en aquél que me conforta”. Aunque sea el Demonio quien la traiga contra ti, sigue gritando: “Señor, ayúdame”; aunque te digan que a los perros se les da  el pan que sobra, tú di que te dé siquiera las migajas que caigan de la mesa. Que no haya desesperación, duda,  desconfianza. Todo lo tendrás: “No tienes, porque no pides”. Cristo te va a decir: “Qué grande es tu fe”. Ya no te va a decir perro, ni te va a negar nada: “Que se cumpla lo que deseas”. Entonces, ¿por qué dudas? Te puede resolver los problemas de tu hogar y trabajo, de la calle y la escuela. Deja de estar contra tus enemigos, no te burles de nadie. Aunque te digan perro o inútil, aunque te desprecien, pronto verás la diferencia de vida de los que están con Cristo. Si te contara qué bien me ha ido cuando me desprecian y me tratan como basura, le he entregado todo a Cristo y pronto me va bien y a los enemigos les va mal. Te voy a contar, hasta milagros he hecho, a nadie he dicho,  y el primer gran regalo ha sido estar convencido de que no fui yo, sino Cristo. Ojalá muchos lectores se llenen de fe, de confianza. Pero, es asunto personal.