Homilía: La Navidad


 

Antonio Flores Galicia

En diciembre, celebramos las fiestas navideñas. Pero, todo lo centramos en música, fiestas y cantos en los pueblos católicos. Pasadas las fiestas navideñas, quitan sus adornos, pagan tanto gasto que tuvieron y siguen las cosas como antes. Se olvida la necesidad de avanzar. Seguimos peor que antes. Olvidamos la canción: “Nada ganas con llorar”. Mejor: “Caminante, no hay camino. Se hace camino al andar”.

En la navidad, se recuerda al Jesucristo, hijo de Dios, que tomó cuerpo humano para realizar la redención prometida a la humanidad. Recordamos la maternidad de la Virgen María, la paternidad de José, los anuncios y aclaraciones respecto a la redención y la actuación de Cristo en la tierra; que los ángeles, los pastores, los judíos. La encarnación designa el hecho fundamental de la fe cristiana, de que el Dios trino, en la persona del Verbo eterno, como autoexpresión eterna del Padre, que asumió directamente una realidad humana con el fin de llegar, a través de ella, a la creación para la salvación del hombre. En los escritos de san Pablo, se nos manifiesta en Cristo Jesús al hijo eterno de Dios, que fue enviado por Dios Padre al mundo, y que, como hombre , nació de una mujer y está sujeto a la ley. Y, aunque sin pecado, sufrió la maldición del pecado. Tomo nuestra pobreza a través de su humillación para llevar a cabo su misión en obediencia. Fue exaltado y nos ha hecho participes de su riqueza. Para ello Él, que en forma era igual que Dios, tomo en la carne la forma de criatura y la posibilidad de ser tentado. Así nos introdujo en las relaciones filiales con el Padre en el Espíritu Santo. La iglesia ha tenido que defender el misterio de la encarnación en muchos grupos que han surgido con ideas erróneas respecto a la encarnación de Jesús. Los arrianos y los apolinaristas, afirmaban que Cristo sólo había asumido la “carne”(el cuerpo) de hombre sin un alma racional. En la liturgia, de la fiesta de navidad alcanzó una relevancia equiparable a la de la pascua. En la Edad Media, se discutió si Dios se hizo hombre como nosotros sólo por motivo de la redención o si se encarnó sin tener en cuenta los pecados de los hombres; posteriormente, todo fue presentado como un mito; luego se aplicaron ideas de las religiones orientales. Pero la iglesia ha definido y aclarado todo:

* El Hijo se encarnó por obra del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María.

* La Encarnación es obra de toda la Trinidad, lo que no contradice una especial atribución al Espíritu Santo.

* Por su libre voluntad el hijo de Dios asumió la naturaleza humana, para nuestra salvación.

* Para redimir a todos los hombres de sus pecados, mediante su pasión, que aceptó libremente y   sin imposiciones de nadie.

* De ese modo si iniciaron la relaciones nupciales de Dios con el género humano.

Es bueno que durante la navidad nos demos cuenta de los bienes espirituales que nos han venido con la encarnación del Hijo de Dios. Es un buen tiempo para que descubramos nuestra grandeza de ser hijos de Dios, por la redención de Jesucristo. Que en esta navidad, además de felicitarnos y desearnos dicha y felicidad, aumenten, en todos, las ganas de preocuparnos más por tantos hermanos que no conocen a Cristo y tantos que siendo ya bautizados, viven en la maldad y el vicio.

Adelante: “Dale, dale, dale. No pierdas el tino. Mide la distancia que hay en tu camino”. Pero, no a la piñata, sino a tu actuación de seguidor de Cristo. Cuidado con tanta desviación. Somos católicos, seguidores de Cristo.

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