Homilía: ¿Eres hijo bueno o malo?


Antonio Flores Galicia.-

Hoy se nos revela que la salvación sólo puede ser acogida por quien está dispuesto a regresar con Dios, arrepintiéndose del mal hecho y abandonando sus caminos de pecado.

Cristo sabía perfectamente que todos los hombres pueden ser pecadores, que cada persona debe dominare ante el mal y buscar el bien: “Dominen la tierra, sométanla”. No creamos que con rezar se tiene todo y querer que Dios nos dé todo sin actuación con El de parte nuestra. Quien peca a escondidas, nunca es motivado a la conversión a través de una llamada que le venga por parte de los otros, porque continúa siendo estimado por aquello que de su persona aparece al externo. Esta es una “enfermedad” muy extendida.

En el evangelio de hoy, nos damos cuenta de dos actitudes. Veamos a cuál pertenecemos: El papá le dijo a uno de sus hijos: Hijo, ve a trabajar hoy. Contestó: Ya voy, pero no fue. Aquí debemos examinarnos. Sabemos que somos católicos, muchos conocen la doctrina de Cristo, hasta son misioneros, predicadores  y de grupos de iglesia, recibieron los sacramentos, llaman Padre a Dios y Madre a la Virgen, pero no viven la doctrina; tienen una conducta externa de santidad y otra secreta de maldad: “Ya voy, señor, pero no fue”. Cuidado antes de presentarse ante Dios.

Cuánta apariencia de perfección cristiana se tienen: Con el tiempo, van degenerando la religión. Estudiando la historia, desde Cristo, nos damos cuenta de grandísimos errores.

El padre se dirigió a otro de sus hijos, igualmente le mandó que fuera a trabajar: “No quiero ir, pero se arrepintió y fue”. Veamos la importancia del arrepentimiento cuando hemos descubierto que está mal nuestra conducta, prometemos y cambiamos de vida hacia el bien. Si no se arrepiente una persona que anda mal, la doctrina y su conciencia le están diciendo que anda mal, merece la expresión de Cristo contra los sacerdotes y ancianos del pueblo: “Los publicanos y prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios”. Es importante nuestra conducta: No decir no a lo que debemos hacer, arrepentirnos y decir sí, aunque hayamos dicho “no”.

Es importante el arrepentimiento. Muchas veces nos hemos equivocado. Aquella expresión de Cristo: “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”. Cuántos fueron grandes pecadores, se arrepintieron y llegaron a ser grandes santos. Cuántos se la pasan criticando y comentando las maldades de los otros, se mueren sintiéndose santos y luego inician los comentarios de verdades conductuales. Seamos como el hijo que respondió: “No quiero ir, pero se arrepintió y fue”. Cuidado. No vaya a decirnos Cristo: “Te hice mi hijo desde el bautismo; te di a María mi madre como madre tuya; te prometí darte todo y ayuda en los demás sacramentos que recibías y nunca me hiciste caso, hasta te fuiste a otras religiones, te burlabas y te preocupabas por tener más dinero, robabas y te sentías inteligente porque te sabías ocultar, apartarte de mí”. Muchos nos equivocamos, pero vamos regresando al Señor. “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”, nos dice hoy Cristo.