Homilía: El Bautismo


Antonio Flores Galicia

La liturgia que actualmente se tiene, cada domingo va recordando los mayores acontecimientos de la vida y obra de Cristo en la tierra, que realizó para la redención. Porque hay un vacío de Cristo, en la Biblia, en la tierra durante 30 años. El científico e investigador Andrés Faber-Kaiser, por el hallazgo de Nikolai Notovich, habla de un viaje de Jesús a la India. Cuánta cosa. Que Jesús vivió en Cachemira. Cuánto se debe estudiar. Hoy veamos lo referente al bautismo. Eso importa, luego estudien los científicos.

San Juan Bautista, bautizaba a la orilla del Jordán. Cristo estaba esperando su turno junto con los pecadores que llegaron para ser bautizados. Durante treinta años de silencio Jesús actuó semejante a todos haciéndose en todo,  en todo, menos en el pecado. Se nos dice: “En todo igual a los hombres, menos en el pecado”.  Imita en todo a los hombres. En Nazaret, con José y María, vivió las penas y alegrías de toda familia humana.

El bautismo de Jesús, es uno de los actos más reales de su vida, una epifanía (revelación) de Jesús como Hijo de Dios, pero manifiesta otro gran poder: “Este que viene es más poderoso que yo, no bautizará con agua, sino con el Espíritu Santo”. Queda claro su origen humano: viene de Nazaret y su origen divino; no bautizará con agua sino con el Espíritu Santo. Dios va demostrando poco a poco la grandeza de su actuación en la humanidad: “Vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en figura de paloma, descendía sobre él; se oyó entonces una voz  del cielo que decía: “Tú eres mi Hijo amado; yo tengo en ti mis complacencias”.

En el Bautismo de Jesús, están presentes muchas realidades que constituyen el bautismo cristiano: El perdón de los pecados, el don del Espíritu Santo, la filiación divina y la llamada a ser instrumento de salvación. Con el Bautismo, el cristiano entra a formar parte de la misión profética de Jesús y del pueblo mesiánico fundado por Él. El nombre mismo de “cristiano” con el que desde el día que fuimos bautizados tenemos, nos da derecho a llamarnos “ungidos” o sea, consagrados juntamente con Cristo. Estamos consagrados al servicio de salvación para otros, sobre todo para los pobres y afligidos, para los enfermos y prisioneros.

Por ese bautismo, somos otra cosa. No es bueno que nos quedemos con fiestas y estampitas. Urge nuestra conducta, nuestra actuación. Hasta apareció un grupo religioso con el nombre de “Cristianos”, sin importarles lo que significa la palabra. Iniciemos nuestra actuación como lo que somos: Apóstoles, evangelizadores, hermanos que buscan ayudar a los más. Vamos avanzando de una vida de palabras y palabras, por otra de actuación. Seamos auténticos cristianos.