Homilía: “Cristo es misericordioso”


Antonio Flores Galicia.-

Eué impresionante la expresión de Cristo: “Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados por la carga y yo les daré alivio”. Imagínate que una persona amanece muy preocupada, por fuertes problemas económicos; le habla por teléfono a su padre, para comentarle su situación. El papá es un señor supermillonario, el hijo necesita solamente tres mil pesos. El papá le contesta: “Yo te doy los tres mil pesos, ven por ellos”. La solución del problema, ya depende del hijo. Sabe bien que su papá puede y siempre le cumple, que ahora solamente necesita ir por el dinero. Comprenderás, con este ejemplo, por qué Cristo dijo: “No tienes, porque no pides… busca y encontrarás, pide y recibirás, llama y se te abrirá”. Hasta secretos del pasado podremos conocer, si estamos con Él. Se nos han revelado los secretos del Reino. Invita a todos: “Vengan a mí todos los que estén fatigado”. Los distintos grupos judíos que mandaban en el Templo, hacían pesada la carga para los que querían cumplir la Ley de Moisés. Cristo alivianó esa carga: “Mi yugo es suave y mi carga ligera”. Este rey es justo y poderoso. La persona que quiera vivir sin Dios, tarde o temprano descubrirá que lo de su cuerpo y entorno se acaba. Si Cristo demostró y lo sigue demostrando, que lo que dice se cumple; que conoce el pasado, el presente y el futuro; que todo lo puede; que no tiene en cuenta los valores o defectos de las personas que a él se acercan; si lo que dijo en el pasado y lo está diciendo ahora, se cumple; si se ha estudiado lo que es y dice, sin encontrar error ni por grandes intelectuales, ¿por qué existirá esa actitud de rechazo e incomprensión? ¿Puedes más, tú? Qué fuerte es la egolatría. Eso de que “es verdad nomás lo que yo digo”. Seguidores y enemigos de Cristo lo han estudiado; se ha cotejado su doctrina con todas las corrientes ideológicas que se han tenido, y se ve que no miente. ¿A qué se deberá que la mentira y lo que dicen ambiciosos y tontos, rápido se acepta? Hay los que dicen buscar almas para Cristo y solamente les preocupa encontrar pecadores y publicar sus maldades. Allí le dejamos. Sólo te repito: “No tienes, porque no pides”. ¿Qué dices del hijo del millonario, del que escribí al principio, si habiéndole prometido su padre, no va por el dinero y se muere de hambre? Lástima de tanta palabrería que nos rodea, hasta tontas expresiones.