Homilía: Confía en Cristo


Antonio Flores Galicia

 

Todos tenemos oponentes en la vida: Enfermedades y carencias económicas; enemigos y pervertidos; creídos y ambiciosos; amantes de lo ajeno y soberbios, etc. Cada uno en su persona también debe dominar sus pasiones. Esto lleva al desaliento de muchos y hasta algunos prefieren mejor quitarse la vida. Lo importante es vencer los oponentes en nuestra persona y la sociedad. El problema está en cómo superarlos. Muchas veces nos sentimos derrotados.

Nadie debe sentirse derrotado por los problemas que se le presenten. Todos podemos dominarnos y gobernar nuestro entorno social. Hay muchas personas buenas, no todo es negativo. Si nos dominan los oponentes, es porque no utilizamos los valores de nuestra persona y la sociedad. Debemos vivir poniendo y quitando: “Crezcan, multiplíquense, dominen la tierra, sométanla”. Todos somos responsables de nuestro destino. Cuántos hasta fueron tirados por sus padres, siendo pequeños,  aceptaron el dominar oponentes y cuando llegaron a adultos fueron grandes. Lean la historia universal y se darán cuenta de cuántos de esclavos llegaron a emperadores. Cuántos limosneros que andan por las calles, no tienen porque cometieron maldades que nunca quitaron, hoy quieren que las gentes les resuelvan sus problemas sin arrepentirse ni ir a Cristo.

Hoy es urgente que los lectores de esta homilía tomen en serio la vos de Cristo: “No tienen porque no piden” y de tantos poetas y escritores. Lo importante es tu vida. Muchas gentes se entretienen con hermosas narraciones de los evangelistas y allí se quedan. Por eso Cristo a muchas preguntas de los apóstoles no les respondía, para que no se entretuvieran con frases y narraciones hermosas, sino que vivieran la verdad. Cuántas cosas hermosas de Cristo se te dan en la Cuaresma: La Pasión de Cristo, el Viacrucis, la Semana Santa, la Eucaristía, el Sacerdocio. Pasa la ceremonia hermosa y te vas a la cantina donde te esperan tus amigos.

Urge el cambio. Esa expresión de Pedro: “Maestro, ¡qué a gusto estamos aquí! Hagamos tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. El evangelio dice, “en realidad no sabía lo que decía”. Así nos pasa a nosotros. Dicen en el pueblo: “Qué bonito es lo bonito”. Por eso no progresamos. Torcemos los ojos con las hermosas narraciones de los evangelios y aplaudimos, pero en realidad no sabemos lo que hacemos ni decimos. Urge la expresión: “Arrepiéntanse y crean en el Evangelio”, y la expresión: “Escúchenlo”. Necesitamos luchar para una “transfiguración”, quitando tantas maldades que muchos tenemos. Que cambien los hogares, las calles, la vida social; que sean diferentes nuestras familias y nuestras instituciones. Qué hermosa la “transfiguración  del Señor”, ¿y la nuestra?

No habrá prosperidad  con torcer los ojos en los templos y sin destorcer tanta maldad personal y social que hemos hecho. Se necesita que Cristo “resucite de entre los muertos”, o sea, que actúe en nosotros quitando tantas conductas muertas que ya apestan. Está bien que alabemos a Cristo y que admiremos su actuación como Redentor hasta su muerte de cruz, pero es urgente que sepamos por qué lo hizo y qué debemos hacer. Adelante. Si Cristo está a nuestro favor, no tengamos miedo. Tengamos presente la expresión de Pedro: “Qué a gusto estamos aquí” y el evangelio dice: “No sabía lo que decía, porque estaban asustados”. Nosotros no estamos asustados, pero actuamos “atontados”.