Homilía


CRISTO ENVIO PREDICADORES

 

Antonio Flores Galicia

 

Cristo andaba predicando pueblo por pueblo, persona por persona, pero tenía muy ante sí la necesidad de preparar a los que al terminar su obra redentora, se dedicaran a predicar pueblo tras pueblo: Vayan y anuncien la doctrina de salvación, ayuden, instruyan, yo estaré con ustedes. Actuó como maestro, preparando a los que en su nombre llevarían la doctrina a todos los pueblos. También les prometió estar siempre con ellos, para que no tuvieran miedo de ser sus predicadores.

Los actos de Cristo se volvieron mandamientos cuando, silenciosamente, con sus actos, les iba diciendo lo que tenían que hacer y enseñar. Cuando se nos indica en los evangelios que los envió “de dos en dos”, no se está refiriendo a dos personas, les está indicando que existen los preceptos en honor de Dios y los que son en provecho del prójimo; porque para que haya amor se necesitan por lo menos dos personas.

Cristo pide caridad hacia Dios y caridad hacia el prójimo. También, no quiere ese error al que se ha llegado, predicadores que se sienten dueños de la doctrina y búsqueda de honores personales. Se nos olvida que quien hace el bien a los demás no necesita preocuparse por él: “Yo estaré con ustedes”. Es bueno un examen personal para ver cómo estamos con Dios y con los demás. Al que está con Dios, nada le falta.

El amor debe estar dirigido al otro, para que haya caridad. Cristo mandó, en parejas, a sus discípulos, para que entendamos que si uno no tiene amor por los otros, no debe entrar de predicador. Por eso vienen tantos errores entre católicos: Se busca provecho personal, cuando están dando caridad. Hasta oímos muchas veces: Ni las gracias me dio. Cuántas desviaciones se ven en muchas parroquias. Los diversos centros de evangelización terminan siendo negocios económicos.

Brevemente les entrego algo que descubrí sin haberlo buscado: En mi parroquia se daba la preparación el último domingo de cada mes para los que se casarían en su parroquia el siguiente mes, de 8:00 de la mañana a 6:00 de la tarde, sin pagar nada, llevaban su comida y se les daba comprobante que presentarían en la parroquia que les correspondía. Mi predicación en la misa era extensa y con tema matrimonial. Como ocurrencia, un domingo les dije: Pónganse de pie los ricos. Nadie se levantó, eran 30 parejas de 10 parroquias. Sin malas intenciones lo repetí el siguiente mes y ya con malicia el tercer mes. Sin que supiera nadie, investigué y descubrí que los predicadores responsables, en secreto, daban comprobante de asistencia a los que pagaban 500 pesos. El provecho personal que saqué fue que cambiaron de parroquia la preparación y la misa. Así estamos. Y esto es sólo un caso.

Pretendiendo ayudar al catolicismo, entrego lo anterior. Sólo un caso de cuánta desviación viene a las parroquias y las diócesis en el campo de la economía y la fama. Escuchemos ahora qué nos dice Cristo: “La cosecha es mucha y los trabajadores son pocos”.

Cuidado, son muchos los que están dispuestos a escuchar y pocos los que quieren predicar. El mundo está lleno de sacerdotes y laicos que quieren ser predicadores. Cuidado, somos responsables de desviaciones a la doctrina de Cristo.

Estemos con Cristo. Si hasta para decir desviaciones se necesita valentía, cuánto no se necesita para ser caritativos, predicadores, ayudar a los más que sea posible. Actuemos. Cristo nos dice: “Vayan de casa en casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario… Curen a los enfermos que haya… Si no los reciben, váyanse a otro lugar”. Ustedes podrán decir: “Señor, hasta los demonios se nos someten”. Y Cristo les dirá: “Sus nombres están escritos en el cielo”.