Homilía


JESUS DABA DE

COMER A LA GENTE

Antonio Flores Galicia

Muchas veces y en distintas partes se aparecía Jesús a sus discípulos y a la gente en diferentes lugares: En las montañas y los valles, en las aldeas y en las orillas del mar y los lagos. Y en todos esos momentos trataba de que supieran que era el Mesías que esperaban, Dios y Hombre verdadero, el Redentor que venía a salvarnos. Daba ejemplo de cómo nos debíamos comportar ante los que sufren y tienen hambre. Estaba preparando a los que debían predicar su doctrina en todos los pueblos, cuando subiera al cielo.
En el evangelio de hoy se nos da el encuentro del resucitado, con un grupo de siete discípulos, en la ribera del lago de Tiberíades, donde se realizó una pesca milagrosa, con lo que les mostraba que era Dios; en la segunda parte se nos describe la designación del primado de Pedro, en el “rebaño” de Cristo. En medio de estos dos puntos, está la preocupación de Cristo por dar, alimentar, consolar, estar con el que sufre: La caridad.
Comprendamos estas tres lecciones. Los siete discípulos desde la tarde salieron a pescar, se fatigaron porque en toda la noche no pescaron nada: Cuántas veces nos quiere ayudar Jesús y, para que entendamos y hagamos lo que debemos hacer, que Él está con nosotros y dispuesto a ayudarnos, aparece claramente que le necesitamos y que está dispuesto a ayudarnos; pero quiere que le pidamos y estemos con Él. Es importante la expresión: “No tienen porque no piden”. Cada lector reconozca que necesita de Él, pero que hay desviaciones según la personalidad; hace sus gustos, vienen fuertes desviaciones y hasta dicen muchos: “El Demonio la trae conmigo”. No se dan cuenta de que es su conducta la causa de las maldades que le rodean. Cuánto urge el control de nuestra personalidad.
Otra lección es la actitud de Pedro y los otros cinco discípulos: Le hicieron caso a Jesús. Y tenemos varias enseñanzas: No traían ropa. Esto es señal de la actuación que tuvieron, que si quitamos defectos que tenemos, grandes o pequeños y hacemos lo que Jesús nos dice, tendremos éxito. Necesitamos vestirnos, echar las redes para pescar, hacer lo que Jesús nos dice, y tendremos gran pesca. Nos dice: Ayuden a los más que sea posible, perdonen, consuelen, quiten malos tratos; de ustedes no se preocupen. Hay que actuar. Cuántos solamente cantan y rezan, tienen muchas peregrinaciones, cuidan adornos y limosnas, pero descuidan su conducta y el trato a los demás.
Si hacemos lo que Jesús nos dice, tendremos gran pesca, alegría, progreso. Nos prepararemos para lo que se nos dice: Los elegidos serán puestos a la derecha en el día del juicio final (Mt 25. 33). Es importante la conducta, la actuación. Dejemos de tanto hablar.
Pero se tiene, entre tanto, una gran lección: La caridad. Jesús alimentó a todo el pueblo, antes de decirle a Pedro que sería el responsable de que los apóstoles actuaran conforme a la doctrina que les daba: Apacentar los corderos, pastorear las ovejas y apacentarlas. Nadie diga que eso les toca a los sacerdotes. Es lo que Jesús nos pide a todos sus seguidores que, aunque uno sea despreciado de los demás, no se asuste, pues Él estará ayudando. Por eso, digámosle: “Seños, tú sabes que te amo”. Qué hermoso si después de este domingo crece el número de los auténticos seguidores de Jesús. Ojalá que muchos le digan: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”.