Homilía


Vino a quitar el pecado del mundo

Antonio Flores Galicia

Cristo, poco a poco fue demostrando que era el Masías prometido y que redimiría al mundo en el pueblo que preparó, el pueblo judío. Supieron que Cristo era el Mesías esperado María y José, los pastores y los magos; lo demostró desde niño ante los fariseos y los rabinos; Juan Bautista lo declaró; voz del Padre y figura del Espíritu Santo lo afirmaron; muchos se fueron dando cuenta de su divinidad, cuando les hacía milagros. Pero seguía la ignorancia en el pueblo de los pobres y eso lo utilizaban los poderosos,  que utilizaban a Dios como servidor de ellos.. Seguían los grandes que gobernaban al pueblo judío esperando un Mesías que les diera valores terrenos: Grandeza, dinero, pensando que este mundo era para gozar y lo de después un amor divino.

Qué difícil es dominar la materia, y solamente los humanos podemos hacerlo: “Dominen la tierra, sométanla”. Son muy fuertes la conveniencia y el orgullo, la ambición y la soberbia. Desde niños nos vamos desviando poco a poco, ocupándonos en placeres y glorias de este mundo. Qué difícil es aceptar que todo lo vamos a dejar al morir, la ventaja de ayudar a los demás, el perdonar y buscar el mejoramiento de nuestro entorno. El mundo que tenemos, es el mundo que hacemos.

Cristo vino a decirnos eso. Demostró que era Dios y Hombre. Conoce bien a la humanidad, poco a poco van tomando fuerza las cosas que debemos dominar y van apareciendo las conveniencias personales y sociales. Dios ha realizado grandes pruebas de que debemos estar con Él y estará con nosotros. Lo vemos cuando estudiamos la historia antes de Moisés y antes del nacimiento de Cristo. Poco a poco el hombre se va sintiendo dueño y busca la manera de ser el mayor en su sociedad. Qué diferente pueblo se hizo por los judíos, siendo que Dios les dijo cómo se comportaran y les fue dando ayuda.

Cristo es el “Cordero de Dios, que vino a quitar el pecado del mundo”. Pero, esa fragilidad humana, pronto aparecería, por lo que era urgente preparar a los que buscaran aceptadores de su doctrina, primero prepararlos a ellos y comprometerles. Llamó a Andrés y a su hermano Simón Pedro. Andrés, un pescador que temporáneamente había abandonado las redes, junto con su hermano Simón y Juan. Esa era la tierra para la nueva siembra, pronto fueron doce. Siguieron a Jesús, al principio, temerosos y preocupados. “¿Dónde habitas?” “Vengan y verán”, les respondió. Qué gusto les dio haber encontrado al Maestro. Encontraron a Jesús, la Palabra. El Cristo que se nos predica, la Palabra hecha carne. Encontraron al que nos va a juzgar al morir, al que nos da poder espiritual, el Redentor, el Mesías. Es el Cristo que seguimos los católicos, del que tenemos las gracias que se nos dan al recibir los sacramentos. Vamos siguiendo a Cristo. Busquemos a los más posibles como lo hicieron los primeros apóstoles: Andrés, Pedro y Juan. Sigue a Cristo y búscale seguidores. Actualmente, nuestra actuación es más urgente que cuando Cristo envió a sus apóstoles, porque ahora los peores enemigos están en los que se creen seguidores auténticos, igual que los judíos.