Homilía


EL GUADALUPANISMO

 Antonio Flores Galicia

Como estamos en “Tiempo de Adviento”, los evangelios no hablan de la venida de Cristo a la Tierra, porque estamos celebrando ya la Navidad. Adviento y la Navidad son para recordar y celebrar la venida del Redentor, Cristo Jesús, pero los mexicanos tenemos el recuerdo de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, el 12 de diciembre de 1531. Y como Cristo tomó cuerpo en el vientre virginal de María, la llamamos la madre de Dios.

Como los mexicanos somos muy fiesteros, unimos las fiestas de María de Guadalupe y de Navidad. No hay nada de malo, pero tengamos presente que primero está Dios y luego la Virgen. También la Virgen es una y los nombres y devociones es otra cosa. Cuidado con las devociones que se tienen.

En México, el guadalupanismo alcanza niveles muy elevados. Para algunos, es el momento de olvidar angustiantes recuerdos, para otros son momentos importantes para implantar sus ideologías o rechazar teorías que nos les simpatiza, aparecen charlatanes del conocimientos y los que de verdad buscan la protección de la Virgen de Guadalupe. Aparecen escritos contarios a los conocimientos verdaderos de muchos se olvida que, las personas que son sinceras, comprueben sus aseveraciones.

Cuando se vivía la conquista, en 1511, se pensaba de manera diferente a ahora. Hemos progresado científicamente pero es atinado ver hacia atrás, pero que las impresiones y gustos no nos dominen.

Recordemos que Europa vivió cambios del Renacimiento, cuando se apareció la Virgen de Guadalupe en México, la doctrina cristiana que venía de Europa tenía muchas angustias existenciales. Eran grandes el sueño del oro y la fama, aparecían repúblicas mercantiles, el arte y la vida fácil estaban en momento álgido en las ciudades de Venecia y Génova, Pisa y Milán, Roma y Florencia, Madrid y Sevilla.

El resplandor de Italia se iba pasando a la península Ibérica, agotaron los recursos de Occidente, nacían el sueño de Oriente, se buscan rutas más rápidas a China, Japón e India, con mitos que presentaban ciudades y montañas de oro y pedrería.

Lo anterior explica los sueños y ambiciones de los conquistadores y descubridores de los que tenía América. Eran hombres de su tiempo. Sus principios y creencias religiosas eran anteriores al concilio del Trento y con diferente vida de su credo, necesitaba que se les pusiera una Inquisición sobre la Inquisición, un gobierno sobre su gobierno, una jerarquía sobre su jerarquía. Por eso tengamos presente la historia sobre su hecho. Actuemos con equilibro.

Fundamentemos nuestras creencias sobre la historia, purifiquemos lo que empolva la verdad. Que los festejos guadalupanos, purifique y aumenten, mejoren y hagan un México mejor. Hagamos a un lado desviaciones que aunque parezcan dignas, nos han ido apartado de la verdad: Cristo Dios, la Virgen madre, que no es dueña de lo que le pedimos, sino pide a Dios que atienda a nuestras súplicas. Recordemos: “Hijo, no tiene vino”.

En México es la Virgen de Guadalupe, la misma de México, del Tepeyac, de los templos y de la casa. Es la misma y te oye igualmente si le rezas en tu casa o en su Basílica nacional mexicana. Lo que aumenta el valor de tu precisión es el gasto o esfuerzo para estar ante su imagen, el pago de tus promesas cuando prometiste.

No está mal lo que haces, pero que haya equilibrio, que actúes con la verdad. Al llegar los festejos guadalupanos, seamos verdaderos amantes de la Virgen María, quitando lo que sean gustos y pietismo, realizando un verdadero encuentro con la Virgen María. No olvidemos lo que nos dijo: “¿No estoy yo aquí que soy tu madre. No estás bajo mi cuidado y corres por mi cuenta. Qué más has de merecer?”; adelante, sigamos guadalupanistas, pero con equilibrio.

Se el primero en comentar en "Homilía"

Deja un comentario

Tu correo electronico no sera publicado.