Hablando de reformas


Cuquita de Anda.-

Primera parte

Nos pusimos a investigar, porque me parece una triste aberración que el PAN y el PRD unifiquen esfuerzos para impedir las reformas. El pueblo ya no puede soportar más que los recursos estén únicamente del lado de los dictadores, es necesaria una nueva mentalidad para el bien del país, no pueden actuar únicamente en el monopolio que ha existido desde hace muchos años.

Es necesario cambiar la mentalidad por el bien de la economía nacional, no podemos ni debemos continuar como hasta ahora, por lo tanto, pongo a su consideración esta investigación, los tiempos cambian y el hoy es apremiante, no hay vuelta atrás.

 

LOS CIMIENTOS DE

LA VERDADERA

NACIONALIDAD

La Carta que votó el congreso constituyente fue -lo cual era lógico y natural- un producto claro de su época. Con la pesadilla tremenda de la tiranía derrocada martillando aún la conciencia de los hombres, con el avance de las ideas liberales en algunas partes del mundo, pero también bajo el fardo terrible, el temor pavoroso de los anatemas y las excomuniones, bajo la presión enorme de la iglesia que a toda costa pugnaba por conservar la caduca estructura social de la Colonia; los constituyentes aprobaron una lluvia feliz de derechos individuales, pero ignoraron las Reformas que el Estado necesitaba para funcionar independientemente, sin la injerencia eclesiástica en varias de sus funciones -logradas poco después en la Guerra de Tres Años- y desecharon la inclusión de la libertad de cultos.

Además, se quedaron callados cuando don Ponciano Arriaga luchó con pasión por dar a los campesinos el derecho a un pedazo de tierra que cultivar para sí.

De todos modos, el Código era un gran paso, extraordinario, en la lucha por transformar a México en un país moderno y progresista. “Los tabúes principales quedaron intactos -afirmo Ralph Roeder-; pero, si bien las bases sociales fueron defectuosas o fragmentarias, se había creado y puesto al alcance del pueblo, de la parte consiente del pueblo, la maquinaria política para terminar lo inacabado.

“La Carta Magna de 1857 garantizaba los elementos estructurales de la democracia: Las libertades técnicas de pensamiento, de enseñanza, de pensar, de trabajo, de reunión de petición; y una réplica fiel de los Derechos del Hombre inculcaba por primera vez a una nación crónicamente inorgánica los derechos conculcados en su cuna”.

Ante los atropellos y el omnímodo poder de Santa Anna, surgió una lista larga y amplia de derechos civiles -catálogo que por su inmersa índole y extensión, recapitulaba y acusaba los abusos comunes de la edad menor nación- que vino a garantizar los derechos de la apelación judicial, de fianza legal de confrontación con el demandante en casos criminales; de acceso al material de defensa, de inviolabilidad de domicilio y correspondencia; prohibía la prisión previa por todo delito que no implicara el castigo corporal y las aprehensiones inmotivadas por más de tres días, más de un juicio por el mismo delito, y las penas insólitas y excesivas flagelación, suplicio o confiscación de bienes y a la prisión por deudas, y las leyes retroactivas y dio cima a la hora con el amparo constitucional, la abolición de la justicia de clases por la Ley Juárez y la derogación de la pena capital por delitos políticos, tres garantías dictadas por la conciencia común que tenían los legisladores sobre la fiabilidad humana”.

Fue, pues, una constitución por excelencia, de derechos y garantías individuales los derechos del hombre son la base y el objeto de las instituciones sociales, decía el artículo 1°, amparo al máximo de los ciudadanos, contra los desmanes de los gobernantes irresponsables y resto inclusive fuerza y Poder Ejecutivo de la República creando una sola -Cámara la de Diputados- con atribuciones que antes correspondían a aquel. Respetó la forma de propiedad y decretó la igualdad de las personas ante la ley.

Desde luego estableció una República “representativa, democrática y federal, compuesta de estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior, pero unidos en un la Federación (Art 44). Independizó plenamente los tres poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), cuyos integrantes deberían ser escogidos en elecciones indirectas en primer grado.

Se componía de 128 artículos -y uno transitorio- repartidos en ocho capítulos titulados así: Derechos del Hombre, Soberanía Nacional y Forma de Gobierno, División de Poderes, Responsabilidad de los funcionarios públicos, Estados de la Federación, Prevenciones Generales, Reforma de la Constitución e Inviolabilidad de la Constitución.

Investigaciones diversas Angel J. Hermida Ruiz el tratado Maclane-Ocampo Juárez y Las Reformas.