Hablando de reformas


Cuquita de Anda.-

Segunda parte

El Congreso dispuso que la carta empezara a regir el 16 de septiembre, aniversario de la Independencia, fecha señalada también para la reunión del nuevo Congreso Nacional. Este finalmente se integró hasta el 8 de octubre.

Con fecha de 12 de febrero, el presidente Ignacio Comonfort firmó el decreto, dando a conocer la Constitución; el 11 de marzo fue promulgada por Bando Solemne. El 17 se decretó que fuera jurada por todos los funcionarios y empleados, advirtiéndose que perderían sus puestos quienes no lo hicieran, lo cual hizo al clero redoblar su lucha contra el Código, alentado por el mismo Papa Pio IX, quien dos meses antes de que terminara el Congreso sus labores, ya se había pronunciado acremente contra él.

La Constitución de 1857 puso los cimientos de nuestra verdadera nacionalidad y con algunos cambios de importancia se ha mantenido hasta hoy. Su promulgación, pues, fue un hecho de enorme trascendencia para los mexicanos, que poco después la convertirían en su bandera, en uno de los periodos más trágicos, pero más gloriosos y fructíferos de nuestra historia, como proféticamente lo expresó el periodista Francisco Vaca en un artículo publicado en “La Luz de la Libertad”, de Colima, y que “El Siglo XIX” reprodujo el 12 de marzo, equivocándose sólo en pequeñas apreciaciones, afirmó:

“La carta de 1857 será enérgicamente combatida por los amigos de los fueros y de los privilegios, por los que anhelan los oropeles y relumbrones, por los que desean un gobierno fuerte apoyado en el sable y las bayonetas; pero en cambio los defensores de la libertad y los derechos del pueblo, le prestarán todo su apoyo y la multitud se alzará imponente y terrible para defenderla.

“Sujeta la República a tantos cambios políticos, no será remoto que la nueva Constitución Federal quede en los armarios de los misterios y el despacho de las imprentas, sin tener su complemento. De aquí al 16 de septiembre hay un espacio de tiempo suficiente para entronizar el despotismo. Pero estamos seguros que si tal desgracia sucede, volverá el día de la libertad y entonces la carta de 1857 recobrará el lugar que le corresponde como la ley soberana del pueblo.

“Esto quiere decir que la Nueva Constitución Federal es una nueva bandera, bajo cuya sombra protectora irán a colocarse los amigos del principio democrático”.

Ninguna Constitución mexicana ha resistido la prueba de fuego a que fue sometida la de 1857. La Guerra de Tres Años o de Reforma y la Intervención Francesa trataron de destruirla, pero en ambas, el pueblo se impuso, llevando a la cabeza a don Benito Juárez.

El y los liberales cumplieron con dignidad y grandeza, la misión de salvar el Código y con este, salvar y despejar, libremente, el destino de la Patria.