Hablando de barrios…


Cuquita de Anda.-

Mercado de la Medellín y una pandilla suelta

Primera parte

Por el año de 1954, en ese bello tiempo del mercado grande, del rico atole blanco con piloncillo, gorditas fritas en manteca y tuba con bolillo, ese tiempo imborrable en mi memoria y en la de mis compañeros y amigos de una infancia feliz, sobre todo en la mente de mi hermano “Pancho” Moreno, personaje protagónico de esta historia.

Por el barrio de la calle Medellín, a la altura del número 242, vivía “La Güereja” y un grupo de chiquillos alegres, contentos con la vida y con los amigos del barrio. “Pancho” vivía en el número 238, al lado los Araiza, enseguida de Ana, hija de don Pantaleón, los Moctezuma, enfrente una vecindad en donde todos los escuincles eran de la palomilla. En la esquina: los Guzmán, Rosa Elena, “La Beba” y casi llegando al mercado, un general de apellido Gámez, al cual hacíamos renegar mucho y me acabo de enterar que era abuelo de la esposa del doctor Alfredo Juárez Albarrán, compañero de la Acpe.

En la calle Abasolo, casi topando con Medellín, vivían los Moreno Díaz. Ahí residía Fernando Moreno, “Toño”, Gloria, “Pepe”, las cuatas, en fin, toda una familia de trabajo y bienestar.

La mamá de los Moreno, una señora rubia, de ojos muy bonitos, con un verde intenso, bella entre las bellas; su esposo, moreno claro, sabía que tenía por esposa una bella mujer y llena de cualidades. Actualmente sólo queda ella, porque el padre peñitas, como le decíamos de cariño, se fue al encuentro con Dios y ella, a pesar de los años, continúa siendo muy bella.

En la casa Ruiz vivía Carlos de la Madrid Virgen, quien en ese tiempo era un chiquillo más del barrio, en igualdad de travesuras. Cómo olvidar ese mercado grande, barrio cuna de gobernadores.

La Central Vieja, como le llaman la mayoría, fue uno de los barrios más alegres del estado, en donde se jugaba con los juguetes de antaño, los trompos, las canicas; en donde ni siquiera se sabía de la existencia de las drogas.

Cómo olvidar aquellas mañanas con un sorbo rico y calientito d atole al empezar el día, y también esas tardes donde jugábamos canicas y acusaban a “La Güera” de hacer trampa, ella era china y sus bucles se adornaban con destellos dorados. Sí, era cierto, “La Güera” siempre hacía trampa, por esa razón siempre era la que traía más canicas.

“Pancho” Moreno era muy delgado, con unos enormes ojos, como su papá don Ramón; vestía unos trajes muy bonitos, con pechera y siempre traía un dibujo con punto de cruz, ya fuera un tren o un carro, era el amigo consentido de “La Güera”, porque se veían como hermanos. El ocho de septiembre del 2010, de forma muy dolorosa, dejó este mundo.

La palomilla continúa reuniéndose, entre ellos se encuentran: Manuel Michel, “El Flaco” Córdoba, Roberto, “El Careto” Ortega, Efrén Guzmán se nos adelantó, Silvia, Lilia y las primas de ellos, Armida, Carmen y Amparo, sin faltar Ana, la hija de don Pantaleón, éramos una pandilla muy padre, benditos tiempos dorados del mercado grande.

“Chela” Alvarez tenía una docena de hermanos y hasta que durmiera al último tenía permiso de salir a jugar, qué tiempos y qué felices éramos. “Chela” y “La Güereja” sí disfrutaban el estreno de sus vestidos nuevos para asistir a la matiné primero y pasado un tiempo al cine.