Gestión Pública


Alex Casarrubias García.-

El jueves pasado, el presidente Enrique Peña Nieto anunció las 10 acciones que en el corto plazo representan la estrategia del Estado mexicano para recuperar la seguridad pública nacional.

En los dos años que han trascurrido de su gobierno, el presidente Peña se orientó a concretar las reformas estructurales, conforme los compromisos de un pacto político firmado con las principales fuerzas partidistas de nuestro país. Sin embargo, la lucha que en el pasado reciente el presidente Calderón había iniciado y que muchos llegamos a criticar por la cantidad de daños colaterales, entre los que señalamos la sensible baja en la afluencia turística (aunado al hecho de una contracción económica en Estados Unidos de América), poco a poco fue quedando relegada por el presidente Peña.

Por ello, una rápida revisión de la opinión expresada en los diferentes medios de comunicación nacionales, queda abierta la duda de si las medidas anunciadas por el presidente Peña serán suficientes para recuperar el sentir de la ciudadanía referente a los compromisos básicos e ineludibles de cualquier estado.

Una de las debilidades más evidentes de estas medidas está en el hecho de que las autoridades mexicanas hacen lo que estrictamente la ley les indica. En este sentido, es previsible que estas medidas generen análisis y discusiones en el seno del Congreso de la Unión y por tanto, estas medidas que requieren rapidez, conlleve meses para su aprobación y otro tanto para su aplicación.

Muy posiblemente, esta crisis que estamos viviendo refleja la necesidad de que en un futuro cercano pongamos límites al régimen presidencialista o bien, que pasemos, a un régimen semipresidencialista, a fin que las responsabilidades del estado y del gobierno no recaigan en una sola persona.

Las medidas generarán reacciones, positivas o negativas, pero la realidad que enfrentamos es sumamente delicada y complicada. Es necesario visualizar escenarios en los que la sociedad, que en muchas ocasiones se asume ajena al Estado, retome el camino de la responsabilidad por la conducción del Estado y el ejercicio del gobierno.

Muy posiblemente los argumentos estén llegando a un callejón sin salida para aceptar que independientemente del color del partido político que ejerza la Presidencia de la República, los problemas esenciales de nuestro pueblo continuarán si de forma individual y colectiva no generamos los marcos de organización que nos permitan superar esta crisis.

El mejor ejemplo de este cambio lo tenemos en Singapur, que en la década de los 50’s del siglo pasado, era un país con grandes problemas estructurales y arranca en agosto de 1965 su vida independiente forjando un glorioso destino como nación basándose en un modelo de organización que potencializó la confianza ciudadana y la capacidad para el desarrollo.

Actualmente, Singapur es una de las naciones con mayores niveles de transparencia, honestidad y calidad de vida de los habitantes.

En este sentido, llegó el momento de asumir otro modelo de organización social que impacte positivamente la vida colectiva de los mexicanos y por tanto, se genere otra estructura en la conducción del Estado. Ya aprendimos que el problema no está en el color con que se reviste la ideología partidista, sino en que aún enfrentamos el déficit de conciencia colectiva para unificar criterios sobre las ventajas sociales.

Por lo pronto, habrá que estar atento en el seguimiento de las propuestas  planteadas por el presidente Peña Nieto y esperemos que su fin sea precisamente el de rescatar el sentimiento de seguridad pública, como premisa fundamental e ineludible de un Estado-nación frente a los ciudadanos.