Gestión Pública


El Zarco

Alex Casarrubias García*.-

SIN duda alguna, don Ignacio Manuel Altamirano fue el gran maestro que sentó las bases de la moderna novela mexicana, al legarnos una formidable obra. En este sentido, su novela El Zarco, escrita entre 1886 y 1888, publicada póstumamente en 1901, muestra cómo la población de Yautepec, entre 1861 y 1982 sufrió los terribles crímenes de “Los Plateados”, con El Zarco a la cabeza.

Una breve descripción de esta novela, indica que Manuela era amante del Zarco, bandido jefe de “Los Plateados”, quien había sido empleado en una hacienda. Es descrito como joven, de ojos azules (de ahí el sobrenombre de Zarco) y muy agresivo. A su vez, Nicolás, indígena honrado que era herrero en la Hacienda de Atlihuayán, cortejaba a Manuela. El drama da inicio cuando Manuela se fuga con El Zarco y Doña Antonia (madre de Manuela) recurre a la fuerza pública que nada puede hacer. Al llegar el Ejército al pueblo, se le pide apoyo, pero lejos de ayudar a rescatar a Manuela, el jefe de la partida militar polemiza con Nicolás y lo toma preso.

Manuela tardíamente se da cuenta del error en el que había incurrido, toda vez que en Xochimancas, donde los plateados con El Zarco tenían su guarida, conoce la gravedad de los crímenes, toda vez que en ese lugar tenían muchos secuestrados cuyos familiares infructuosamente pagaban rescates.

El gran héroe de la novela es Martín Sánchez Chagollán, mestizo honrado a quien los bandidos asesinaron a su padre y a uno de sus hijos. Reunió fuerzas con lo poco que tenía y empezó a perseguir a los criminales.

En el punto central de la novela, Martín Sánchez Chagollán se entrevista con el presidente Benito Juárez cuyo gobierno enfrentaba serias dificultades:

“En el partido liberal surgían para el presidente rivalidades poderosas, aunque, a decir verdad, ellas no constituían el mayor peligro.

Juárez, pues, se hallaba en los días de mayor conflicto y hemos dicho que, a merced de estas circunstancias, los bandidos se habían enseñoreado en tierra caliente”.

Por ello, la novela El Zarco cobra especial relevancia, toda vez que el maestro Altamirano describe el drama poniéndolo en el punto en el que todavía no se erigía Morelos como entidad federativa, sino que ese territorio pertenecía al Estado de México. Habrá que recordar que el Estado de México aportó en 1849 la mayor parte del territorio que ahora pertenece a Guerrero y en 1869 el Congreso de la Unión determinó otras fracciones de territorio para la creación de Morelos e Hidalgo.

Tixtla, pueblo de la montaña de Guerrero, en el pasado perteneció al Estado de México, al igual que Chilpancingo, Acapulco e Iguala. Ignacio Manuel Altamirano, tixtleco, nació mexiquense y murió guerrerense. En este punto, resulta insalvable poner en el relieve del análisis que El Zarco, es una novela que rompió con la especificidad del tiempo, porque está claro, que independientemente de los límites políticos de las entidades federativas, el gran problema de nuestro país son los grupos delincuenciales que incluso mantienen vínculos en el ejercicio del poder, como sabiamente describe Altamirano en esta novela: por más que cambien los límites de una entidad federativa, si no se combate a fondo la pobreza y el gobierno hace alianzas con criminales, con toda seguridad continuará la ola de crímenes. Esta es la crítica de Altamirano al gobierno frágil del gran Juárez que recién salía de una guerra contra los franceses.

El Zarco, es una obra que nos recuerda la eterna lucha del bien contra el mal. Genialidad de Altamirano que describe los terribles peligros de la república. Tixtla, pueblo guerrerense, cuya normal rural de Ayotzinapa, sigue impulsando esa lucha y en la que pronto, la voz de otro Martín Sánchez Chagollán habrá de señalar el paradero de los normalistas desaparecidos y los responsables de estos crímenes de lesa humanidad, que sinceramente laceran profundamente la dignidad de nuestro pueblo y despiertan la más sentida y honesta crítica mundial sobre México.

*casarrubias.alex@gmail.com