Gestión Pública


Alex Casarrubias García.-

En días pasados, el escritor y periodista americano Francisco Goldman (Boston, 1954) lanzó una crítica sobre la vida de nuestro país y quien habría de sacarlo de la crisis en que se encuentra.

“¿Quién salvará a México? No los políticos, los policías, los funcionarios corruptos o las élites codiciosas. Se ha hablado mucho últimamente en que el estilo de los equipos de futbol manifiesta los caracteres nacionales. No sé si es cierto. Pero cuando veo el equipo mexicano que, después de que casi ni clasifica para la Copa Mundial, ha estado jugando muy bien, veo un equipo sin estrellas: Un grupo de aparentes amigos, trabajadores valientes, bastante humildes, ingeniosos, creativos, disciplinados y alegres que parecen estar aprendiendo a jugar el juego como debe jugarse” (www.informador.com.mx “El NYT critica corrupción en México”, 22 de junio de 2014).

Esta reflexión que hace Francisco Goldman conlleva una gran responsabilidad para los mexicanos. Es común que la opinión pública sobre políticos, policías, funcionarios corruptos y empresarios codiciosos no sea positiva. Aquí un primer aspecto a analizar. Tal parece que no hemos –así, en plural- aceptado que nuestra sociedad es el crisol en donde nos formamos. Esta influye en las élites gobernantes y empresariales, recibiendo a la vez en su formación, en un círculo interminable.

En los últimos 34 años, la vida de nuestro país ha estado en recurrente crisis económica, que se agrava ante una globalización que permite la llegada de más tecnología, con lo que nuestras aspiraciones, necesidades y deseos cada vez mayores se ven diezmadas ante un menor poder adquisitivo de los salarios, con lo que el descontento es generalizado.

Goldman, en su artículo, recordó cómo en 1998 el Congreso Mexicano aprobó el rescate de los bancos por 67 mil millones de dólares, convertidos de la noche a la mañana de deuda privada a deuda pública, aprovechando el fervor religioso del 12 de diciembre de ese año.

Debemos aceptar para superar lo que está detrás de las palabras del escritor americano. Si queremos realmente prosperar, no serán los políticos ni los policías ni los funcionarios corruptos o élites codiciosas las que generarán el cambio, sino el esfuerzo tesonero y limpio de cada uno de nosotros.

¿Quiere usted que realmente prospere nuestro país? No espere a que el presidente municipal resuelva todos y cada uno de los problemas de la ciudad cuando la población se mantiene en la apatía. No espere que el gobernador del estado o el presidente de la República generen lo que sólo a cada ciudadano le corresponde: Involucrarse en la vida pública.

Un buen inicio pare recomponer el camino y superar no solo la crisis económica, sino los niveles de violencia en nuestro país, está en recuperar lo que una vez fue la familia mexicana, la que más que valores se regía por principios universales: respeto a los padres, a la vida, solidaridad con el vecino, cuidado y preservación del ambiente en la ciudad y el estado, entre otros.

En este México de modernidad tenemos muchos medios para comunicarnos y es momento para aprovecharlos a fin de impulsar una sinergia de cambio, de creer en nosotros mismos y de responsabilizarnos por las decisiones de los servidores públicos.

Vislumbro un futuro cercano con mayores observadores ciudadanos, críticos de lo que se hace para reconocer lo que está bien y rechazar oportunamente lo que está mal.

El escritor Francisco Goldman conoció en 2003 a la joven universitaria mexicana Aura Estrada, mientras ella realizaba estudios de doctorado en Estados Unidos de América. Había 23 años de diferencia en sus edades, pero ello no fue impedimento para que tuvieran un apasionado romance que los llevó a la boda en 2005. Estando de vacaciones en Mazunte, Oaxaca, una violenta ola le partió el cuello a Aura, quien murió al día siguiente.

La muerte de su joven amada fue un durísimo golpe para el escritor. Tras un largo y penoso peregrinar, Goldman escribe sobre el gran amor de su vida, que fue Aura, y crea una obra para perpetuarle la vida: “Di su nombre”, editorial Sexto Piso, Barcelona, 2012.

Me queda claro que en la brevedad del tiempo, Aura Estrada supo transmitir a Goldman un México limpio, transparente, activo, con confianza en sí mismo, con gran amor y respeto por la familia. Desde su dolor, Goldman nos recuerda que todos los días tenemos que construir este país y nos señala el camino para jugar bien la vida y realmente salvar a México. Yo también estoy convencido de que no son los políticos ni los policías ni los funcionarios corruptos o los empresarios codiciosos los que salvarán a México. Todos los ciudadanos somos los únicos responsables de salvar a esta nación.

casarrubias.alex@gmail.com