Gestión Pública


Alex Casarrubias García.-

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: Por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”. Miguel de Cervantes Saavedra.

En últimas fechas hemos visto cómo el presidente Enrique Peña Nieto ha venido cambiando la estrategia de comunicación en los diferentes eventos de su complicada agenda.

Muy seguramente, habrá analistas que han recomendado al primer mandatario que lea sus discursos y que improvise menos. Incluso, ha sido notorio cómo en eventos públicos toma el micrófono directamente y busca que su mensaje sea mejor transmitido sin podio de por medio.

El presidente Peña Nieto ha ganado confianza en el uso de la voz: Pasó de ser el gobernador de una entidad federativa sumamente complicada, al candidato de un partido que tenía sed y hambre por ganar las elecciones y ahora, a presidente de la República. Que diferencia tan grande en responsabilidades. Habrá que ser claro también que se gobierna con hechos que se traducen directamente en beneficios directos a la población, no con marcos ideológicos que son buenos para vestir discursos de campaña, pero nada recomendables para un programa de gobierno.

Ya pasó la Reforma Política, faltan las de Telecomunicaciones y Energética. Muy seguramente, los discursos del presidente Peña Nieto en el fondo piden otro voto de confianza para avanzar en los cimientos estructurales de este país, mucho más allá del Pacto por México.

Hace bien el primer mandatario de México al enviar sus mensajes de forma directa, porque sólo así se convence. En este sentido, también en últimas fechas hemos visto cómo el titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público ha insistido con mensajes en los que más que explicar que un ajuste en el pronóstico de crecimiento del país no significaría mayor revés para nuestra economía, lo que en el fondo trataría de insistir es que a nadie nos conviene un esquema generalizado de desconfianza. Aquí lo recomendable es decir claramente lo que se puede y lo que no se puede hacer, para que tanto empresariado como trabajadores tengan la confianza del camino y la respalden.

Lo que no se debe hacer es camuflar la verdad con medias verdades que en el camino de la política significan grandes mentiras y que la sociedad más que castigar a algún partido político -lo que sería lo más lógico- lo hace a través de su ausencia de voto, con lo que el sistema político de nuestro país pierde espacios de legitimidad.

Un buen orador no sólo es voz y presencia, sino un mensaje claro que transmitir. Los discursos leídos son muy buenos porque permiten una mayor objetividad en el mensaje. Los discursos improvisados conllevan la gran responsabilidad de responder en el momento y significan el ejercicio mismo de la expresión personal más un sentimiento.

Posiblemente, para los Jefes de Estado, lo más común sea apegarse a leer los discursos. El momento que vive nuestro país, requiere el compromiso de un presidente de la República con mensajes congruentes con la situación y que aporten el grano de solidaridad que requiere la nación. Por ello, me atrevería a decir, en este ejercicio de libertad de expresión, que se requiere más el mensaje a través de discursos generados en el mismo momento del acto y que conlleven la responsabilidad de la acción, a apegarse a un discurso escrito, es decir, que nuestro presidente de la República tenga una estrategia de comunicación más como jefe de Gobierno que como jefe de Estado, que motive la confianza nacional que todos requerimos, independientemente del partido político en el que militemos.

casarrubias.alex@gmail.com