Explotación infantil


Ramón González Pérez.-

Las noticias alarmantes de lo sucedido en Zamora, Michoacán, referentes al descubrimiento de un sitio en el cual tenían hacinados, entre basura, mugre, piojos y restos de comida putrefacta, a cerca de 500 menores de edad y algunos adultos, que eran sometidos a castigos crueles, así como abusos sexuales, puso al descubierto la existencia de una casa de explotación infantil llamada “La Gran Familia”, en donde una persona de la tercera edad, desde hace casi 20 años, explotaba a los infantes, enviándolos a pedir limosna, además de que engañaba a personalidades de la política, las artes y de toda clase de niveles sociales, quienes le proporcionaban recursos para su dizque “noble” misión.

El mismo Vicente Fox, como siempre, aparece en escena para según él, desmentir todo lo que se ha comprobado que sucedía al interior de esa pocilga, señalando, incluso, que había contribuido con la señora que regenteaba la misma, demostrando que a él no le interesó jamás investigar a fondo lo que se sabía ya por toda la sociedad michoacana.

Esto nos debe hacer analizar situaciones que se dan en nuestro propio estado, en donde, por las principales calles de Colima y Manzanillo, se ven deambular niños demandando un peso o en el último de los casos, ofertando paletas de dulce a cambio de unas monedas, lo mismo que toda clase de menesterosos que afean el centro de Colima.

Precisa que, en el tema de los infantes, las instancias responsables, supuestamente, de su protección se aboquen al estudio de cada uno de los casos, pues los hay en que los pequeños van acompañados de sus supuestas madres, quienes los vigilan a distancia, no se acercan al momento en que éstos piden limosna, pero sí los reúnen al término de su trabajo, lo que da a sospechar que los explotan.

Hay otros que hacen piruetas o cantan y declaman para luego pedir limosna. Esos casos y los de los varios limosneros, de todas las edades, deben ser objeto de análisis por lo que fuera en sus inicios el Inpi, o sea, el Instituto Nacional para la Protección de la Infancia, en sus gloriosos años en que lo presidió la ameritada maestra Eva Sámano de López, dama a la que Colima siempre le vivirá agradecido por su magnífica intervención en el caso del ciclón que azotó nuestra tierra allá por los años del 50 y 60.

Ahora el Programa para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), tal vez tenga entre sus múltiples programas, no fotográficos y de relumbrón, sino de realidades, destinar recursos a estos y otros problemas que afectan, y mucho, la imagen que se pretende dar de los principales polos de desarrollo turísticos del estado, como son la misma capital Colima y el puerto de Manzanillo, pues la que se da a los turistas, nacionales y extranjeros, es de sitios donde pululan al por mayor los niños que piden limosna y adultos, algunos privados de sus facultades mentales y otros no tanto, pero sí dan un aspecto nada favorable, si lo dudan bastaría que los titulares de los DIF Estatal y Municipales, se den una vuelta por los portales del centro de Colima y la calle Madero, después de las ocho de la noche y ahí encontrarán la realidad en comento.

Ahora bien, si los recursos y la voluntad les alcanzan, deberían darles seguimientos a uno o dos casos para detectar el origen de su situación y observarán que algunos son falsos y poseen recursos hasta para prestar y demuestran ser pobres para aparentar sus riquezas. Otros, son foráneos, esto es que los trasladan a Colima de entidades vecinas y aquí los ponen a limosnear y periódicamente vienen por ellos y los resultados de su indigencia.

Lo cierto es que urge que se haga algo, no vaya ser que al rato nos demos cuenta de la existencia en Colima o alguno de los municipios aledaños de una o dos casas como la de “La Gran Familia” de Zamora, Michoacán.

Es cuanto.